martes, 31 de octubre de 2017

La estrategia del victimismo


En una rueda de prensa claramente dirigida a los medios internacionales reunidos hoy en Bruselas, Carles Puigdemont, hablando en cuatro  idiomas y rendido a la estrategia del victimismo, ha confesado hoy que la decisión de abandonar Catalunya ha sido fruto de un pacto entre Partidos separatistas, aunque sin mencionar a la CUP y que no entraba dentro de sus aspiraciones solicitar asilo político en Bélgica, sino abrir una ventana al mundo desde la capital europea, para dar a conocer lo que los suyos consideran como la realidad del conflicto catalán, denostada por los medios españoles.
En cuanto a si tiene o no intención de regresar, ahora que se conoce la querella que ha interpuesto la fiscalía sobre su persona, por delitos de sedición, rebelión y malversación, ha manifestado que no tiene intención de hacerlo hasta no estar seguro de que su caso será juzgado con garantías y que exista una separación de poderes real y efectiva, aludiendo de manera directa al intervencionismo del Estado español en los asuntos judiciales y dudando de la objetividad con que podría ser tratado su caso, por las connotaciones que tiene.
En un montaje minuciosamente preparado, Puigdemont  y seis de sus Consellers han admitido sin embargo, su intención de presentarse a las elecciones del 21 de Diciembre, provocando una especie de contradicción entre lo que dicen pensar y lo que se disponen a hacer, pues a pesar de no admitir, según propias palabras, la nulidad del pleno en que proclamaron la República, aceptan sin embargo la solución electoral propuesta por Mariano Rajoy, como una de las medidas de la aplicación  del 155, a la que se niegan tajantemente.
Asumiendo como una inmolación necesaria esta huida programada hacia el mismo corazón europeo y reivindicando un papel de mártires de la causa que contradice el propio calado de sus acciones, invitan sin embargo, a los funcionarios catalanes a una desobediencia casi imposible de practicar, aconsejándoles, desde lejos, astucia para llevar a cabo este boicot propuesto por el Govern destituido y dejan, al menos aparentemente, el bastón de mando en manos de Oriol Junqueras, que se queda en el territorio para afrontar la que se avecina, demostrando al menos, mayor coherencia.
Según algunas fuentes, las intenciones declaradas en esta singular rueda de prensa, en la que no se han admitido más que cinco preguntas, cuatro de medios extranjeros y una de TV3, han tenido que ser improvisadas, tras fracasar estrepitosamente todos los intentos de conseguir asilo político en Bélgica y  de lo expuesto, ni siquiera se puede concluir si Puigdemont y quiénes le acompañan tienen o no intención de presentarse a la citación judicial fijada para el Jueves, aunque todo hace pensar que no será así, por la precipitación con la que se ha planteado su viaje y las reticencias expresadas hacia la justicia española.
En honor a la verdad, habría que decir que la deriva que está tomando esta historia se está convirtiendo en una especie de esperpento, en el que la credibilidad de sus principales protagonistas está empezando a ser cuestionada, incluso por sus más fieles seguidores y que sólo el líder de Esquerra Republicana, que ha permanecido en Catalunya, aunque de manera absolutamente pasiva, confiere algo de seriedad a lo que ha venido ocurriendo allí, estos últimos días.
Entretanto, los populares se autoproclaman como auténticos vencedores del conflicto y comienzan a lanzar el mensaje de que Mariano Rajoy se ha convertido en el salvador de Catalunya, dando inicio a una Campaña electoral, que se espera movida y cruenta,  como principales representantes de los partidos constitucionalistas y defensores a ultranza de una unidad, que en estos momentos resulta ser ciertamente ficticia.
El triunfalismo y el ansia de gloria que tanto necesitaba el PP, se materializa en estos momentos como catapulta para aumentar sus votos en Catalunya, mientras esconde bajo la alfombra todos los problemas que han venido teniendo con los casos de corrupción, que parecen haber desaparecido tragados por el tsunami catalán, en un golpe de suerte.
No sabemos, si a nivel internacional le funcionará o no a Puigdemont esta victimización evidente, con la que está tratando de presentar el problema,  pero el hecho es que su falta de respeto hacia aquellos que le siguieron en su andadura hasta el último aliento, rompe todas las reglas de integridad que debe mantener un político y le convierten en una especie de aquellos guiñoles que solían aparecer en un viejo programa de televisión, en los que en clave de humor, se  retrataban todos los defectos.



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