lunes, 2 de octubre de 2017

La tibieza de Sánchez


No se debe, en este problema catalán que ha culminado con los graves sucesos de ayer, mantener una postura de neutralidad, cuando se lidera el principal Partido de la oposición, ni apoyar incondicionalmente al Gobierno, mientras se  critica con dureza la represión que sobre los civiles catalanes se ha ejercido indiscriminadamente, pues resulta del todo imprescindible, llegando dónde hemos llegado, pasar necesariamente a la acción, si no se quiere traicionar, no sólo a los millones de personas que votaron al PSOE, en las últimas elecciones generales, sino también a la totalidad de una sociedad, que espera un compromiso serio y real de sus principales políticos, con la realidad que estamos viviendo.
La inaceptable tibieza con que Sánchez se está comportando estos días, llegando a permitir que Susana Díaz se posicione al lado de Ciudadanos en  el Parlamento andaluz, aún sabiendo que Rivera exige la inmediata aplicación del 155 en Catalunya, saltándose olímpicamente las directrices marcadas por su Partido , sin protestar enérgicamente por la ausencia de medidas políticas tomadas por este Gobierno, no puede, sino dar la terrible impresión de que el líder socialista no se encuentra a sí mismo preparado para asumir la Presidencia del país, pues los acontecimientos resultan ser lo suficientemente graves, como para presentar una inmediata Moción de censura, que apee a Rajoy del poder y del escenario de negociación que se impone en el ámbito catalán, con carácter de urgencia.
Ya perdió Sánchez, con anterioridad, dos ocasiones de oro para Gobernar el país, una cuando se encontraba asediado por la traición de sus propios compañeros y otra, cuando Iglesias presentó una Moción de Censura, ofertándole de antemano la oportunidad de ocupar la Presidencia y  mucho nos tememos, que está será la tercera ocasión, en que existiendo motivos de sobra para reprobar legalmente las actuaciones de Rajoy, el socialista preferirá continuar esperando un momento favorable, que a lo mejor nunca llega, pues en política ni se puede dar nada por sentado, ni nadie conserva el mismo grado de popularidad, eternamente.
Tomar partido, mancharse las manos en la defensa de los principios que uno defiende y fundamentalmente estar seguro de hasta donde se está  dispuesto a llegar, cuando se produce un conflicto de la envergadura del que estamos viviendo, qué se debe consentir y qué no, ha de ser la primera obligación de todo político que se precie, pues es eso, lo que los ciudadanos esperan de él y no la habilidad  de moverse como un funambulista por una cuerda floja, de la que más temprano que tarde terminará cayendo, sin el honor de haber cumplido con el deber implícito que conlleva el cargo que se le otorgara a través de las urnas.
Si Sánchez cree verdaderamente en el camino de la negociación con los catalanes, en esa plurinacionalidad que  defiende habitualmente en sus mítines y en la posibilidad de encontrar una solución al problema secesionista, mucho está tardando en atreverse a liderar una iniciativa diferente a la que propone el Gobierno, ofreciendo, también, una imagen de ineficacia casi idéntica a la que está  mostrando Rajoy y que le ha reportado, como hemos visto, un estrepitoso fracaso.
Ha de buscar apoyos, no puede demorarlo más, en Podemos y en todos los Partidos que componen el arco parlamentario nacional, con excepción de PP y Ciudadanos, que ya han demostrado sobradamente, la dureza implacable de sus   inútiles argumentos y ha de hacerlo ya, si quiere formar parte de este cambio que ha dejado de ser una falacia para convertirse en un hecho y que le viene pisando los talones en esta carrera de fondo que ha emprendido, no se sabe con qué destino, pues no acaba de definir su pensamiento.
Toda esa valentía que vimos en él, cuando fue capaz de enfrentarse y ganar, al aparato obsoleto de su Partido, se echa en falta en estos momentos.


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