No se debe, en este problema catalán que ha culminado con los
graves sucesos de ayer, mantener una postura de neutralidad, cuando se lidera
el principal Partido de la oposición, ni apoyar incondicionalmente al Gobierno,
mientras se critica con dureza la
represión que sobre los civiles catalanes se ha ejercido indiscriminadamente,
pues resulta del todo imprescindible, llegando dónde hemos llegado, pasar
necesariamente a la acción, si no se quiere traicionar, no sólo a los millones
de personas que votaron al PSOE, en las últimas elecciones generales, sino
también a la totalidad de una sociedad, que espera un compromiso serio y real
de sus principales políticos, con la realidad que estamos viviendo.
La inaceptable tibieza con que Sánchez se está comportando
estos días, llegando a permitir que Susana Díaz se posicione al lado de
Ciudadanos en el Parlamento andaluz, aún
sabiendo que Rivera exige la inmediata aplicación del 155 en Catalunya,
saltándose olímpicamente las directrices marcadas por su Partido , sin
protestar enérgicamente por la ausencia de medidas políticas tomadas por este
Gobierno, no puede, sino dar la terrible impresión de que el líder socialista
no se encuentra a sí mismo preparado para asumir la Presidencia del país, pues
los acontecimientos resultan ser lo suficientemente graves, como para presentar
una inmediata Moción de censura, que apee a Rajoy del poder y del escenario de
negociación que se impone en el ámbito catalán, con carácter de urgencia.
Ya perdió Sánchez, con anterioridad, dos ocasiones de oro
para Gobernar el país, una cuando se encontraba asediado por la traición de sus
propios compañeros y otra, cuando Iglesias presentó una Moción de Censura,
ofertándole de antemano la oportunidad de ocupar la Presidencia y mucho nos tememos, que está será la tercera
ocasión, en que existiendo motivos de sobra para reprobar legalmente las
actuaciones de Rajoy, el socialista preferirá continuar esperando un momento
favorable, que a lo mejor nunca llega, pues en política ni se puede dar nada
por sentado, ni nadie conserva el mismo grado de popularidad, eternamente.
Tomar partido, mancharse las manos en la defensa de los
principios que uno defiende y fundamentalmente estar seguro de hasta donde se
está dispuesto a llegar, cuando se
produce un conflicto de la envergadura del que estamos viviendo, qué se debe
consentir y qué no, ha de ser la primera obligación de todo político que se
precie, pues es eso, lo que los ciudadanos esperan de él y no la habilidad de moverse como un funambulista por una cuerda
floja, de la que más temprano que tarde terminará cayendo, sin el honor de
haber cumplido con el deber implícito que conlleva el cargo que se le otorgara
a través de las urnas.
Si Sánchez cree verdaderamente en el camino de la negociación
con los catalanes, en esa plurinacionalidad que
defiende habitualmente en sus mítines y en la posibilidad de encontrar
una solución al problema secesionista, mucho está tardando en atreverse a
liderar una iniciativa diferente a la que propone el Gobierno, ofreciendo,
también, una imagen de ineficacia casi idéntica a la que está mostrando Rajoy y que le ha reportado, como
hemos visto, un estrepitoso fracaso.
Ha de buscar apoyos, no puede demorarlo más, en Podemos y en
todos los Partidos que componen el arco parlamentario nacional, con excepción
de PP y Ciudadanos, que ya han demostrado sobradamente, la dureza implacable de
sus inútiles argumentos y ha de hacerlo
ya, si quiere formar parte de este cambio que ha dejado de ser una falacia para
convertirse en un hecho y que le viene pisando los talones en esta carrera de
fondo que ha emprendido, no se sabe con qué destino, pues no acaba de definir
su pensamiento.
Toda esa valentía que vimos en él, cuando fue capaz de
enfrentarse y ganar, al aparato obsoleto de su Partido, se echa en falta en
estos momentos.

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