Empiezan a movilizarse los partidarios del NO en Catalunya,
tácitamente convocados por PP y Ciudadanos, arropando a las Fuerzas de
Seguridad del Estado que aún ayer permanecían allí y que incluso estaban siendo
avitualladas por material procedente del ejército, en previsión de que
finalmente hubiera que habilitar barracones para su alojamiento, tras ser
expulsados por los hoteleros de la zona,
que denunciaban fuertes presiones de grupos de separatistas, en este aspecto.
Envueltos en a bandera española, en contraposición a la
estelada que tanto hemos visto estos días, esa otra parte del pueblo catalán,
que más que reclamar un diálogo abierto se limitaba a vitorear a policías y
guardias civiles, gritándoles que no estaban solos, pedía a la vez, la
inmediata dimisión de Puigdemont y la convocatoria de nuevas elecciones al
Parlament, que clarificarían, según ellos, el panorama real que se vive en los
pueblos y ciudades de Catalunya, al no haber participado los unionistas, en el
Referendum.
Al mismo tiempo, el President de la Generalitat realizaba una
declaración institucional, en la que se reafirmaba en su idea de proclamar el
lunes la independencia y en la que se quejaba, muy especialmente de lo que
calificó como el discurso partidista del Rey, esta vez sí, apelando a la
neutralidad que exige la Constitución española al Monarca, aunque curiosamente,
hace sólo unos días, Puigdemont y los suyos, decidían libremente, no
obedecerla.
En esta tesitura y ante las escenas de pánico que se vivieron
ayer en la bolsa, los principales bancos catalanes estudian hoy la posibilidad
de un inminente traslado de sus sedes, pues, en palabras textuales, su obligación
no es otra que velar por los intereses de sus clientes, que podrían, según ellos,
verse seriamente dañados, si se proclama la Independencia.
Entretanto, Oriol Yunqueras, Rajoy y hasta el mismísimo Pablo
Iglesias, se reunían con sendos Arzobispos de la Iglesia católica, buscando una
vía de mediación, quizá porque la desesperación hace curiosos amigos y estos
interlocutores podrían ser los únicos que tal vez aceptase el PP, que al
contrario de los líderes de ER y Podemos, siempre declaró su ardoroso
catolicismo.
El contenido de las entrevistas, naturalmente no ha
trascendido, pero las especulaciones que han surgido después de estos
inquietantes encuentros, parece dar un soplo de esperanza a los que piensan que
el conflicto aún podría solucionarse de manera pacífica, rebajando la tensión
que se cuece a un lado y al otro de esta línea roja que nos han marcado los
fanatismos, las últimas semanas.
Mano en esto de templar gaitas, si que tiene la Iglesia, pues
a lo largo de su Historia, como todos sabemos, ha sabido siempre salir bien
parada de toda clase de situaciones extremas, eso sí, tradicionalmente, tomando
partido por el ganador, aunque igual nos sorprende realizando una buena gestión
ahora, cosa que agradeceríamos infinito.
No tengo yo muy claro qué se puede esperar de estos
contactos, ni de la intermediación de la que se habla, pues algo querrán estos
improvisados interlocutores, a cambio de su trabajo y no se me ocurre otra cosa
que pudiera ser realmente valiosa para ellos, más que la prolongación sine die
del Concordato que tienen firmado con el Estado español y que les otorga, como
de todos es conocido, jugosos privilegios que podrían perder de inmediato, si
Fuerzas como la CUP llegaran al poder, a través de la declaración de
Independencia.
Así que se abren nuevos frentes que reclaman toda nuestra
atención y aunque no vemos visos de que los principales contendientes de esta
batalla estén dispuestos a retroceder de sus posiciones iniciales, al menos
parece que la búsqueda de otros caminos no está definitivamente cerrada, sobre
todo, tras conocerse el giro que en asuntos económicos se está empezando a
producir en Catalunya y que no es precisamente favorable, para las aspiraciones
independentistas.
Al no haber existido históricamente hechos comparables a los
que estamos viviendo estos días, resulta difícil predecir qué ocurrirá
siquiera, en las horas que faltan hasta la publicación de este humilde
artículo.
Ya quisiera yo, tener el don de la premonición, al menos,
para adelantarles en primicia, la certeza de que todo tiene solución, aunque en
algunos casos sea peliaguda e incluso sorprendente.

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