Tras declarar Puigdemont su intención de convocar para el
próximo lunes, el que ya empieza a denominarse como Pleno de la independencia,
las reacciones en el plano económico no se han hecho esperar y los bancos catalanes, Caixabank y Sabadell,
experimentan hoy una fuerte caída en bolsa, a la vez que la prima de riesgo
comienza a subir, como siempre que se intuye un ambiente de crisis.
En cuanto al mundo empresarial, que no parece en principio
favorable a la secesión propuesta por la Generalitat catalana, pone de
manifiesto una honda preocupación, que se evidencia hoy en dos hechos
fundamentales y que no son otros que las declaraciones del Presidente de Mercadona, Juan Roig, que no ha dudado en
hablar con la prensa confesando que su grado de incertidumbre va creciendo
paulatinamente y la decisión de Orizón, que decide trasladar su sede en Barcelona, a Madrid, en vista del
cariz que están tomando los acontecimientos.
Si a esto añadimos que economistas muy destacados del país,
comienzan a considerar seriamente la posibilidad de que se produzca un
corralito que congele los ahorros de los clientes con residencia en Catalunya y
que el Ministro de Guindos haya tenido que aparecer haciendo un llamamiento a
la calma, se podría decir, sin temor a equivocarse, que se está produciendo una
escena de pánico financiero, que podría ir en aumento, si el lunes, el
Parlament catalán, declara unilateralmente la independencia.
Estas luces de alarma, que por separado no resultarían
demasiado inquietantes, dada la gravedad del conflicto que nos afecta, juntas,
debieran ser analizadas en profundidad por los líderes catalanes, no vaya a ser
que el sueño de libertad que defienden y que ha arrastrado a las calles a más
de dos millones de personas, empiece a flaquear cuando la cruda realidad que
impone la burda economía, convierta en un efecto búmeran, la ilusión de esa
gente que se ha movido porque se les ofrecía la certeza de que todo les iría
mucho mejor, si caminaban lejos de la
tutela del Estado español, como durante años hemos venido oyendo.
No ha ayudado en nada la intervención televisada del Rey
Felipe VI, que según marcan sus funciones, debiera haberse mantenido al margen
en este conflicto, pues no es suya la potestad para resolverlo y mucho más,
porque de sus palabras se ha podido intuir un clarísimo apoyo a las decisiones
del Gobierno Rajoy y hasta la tácita sugerencia de la necesidad de la
aplicación inmediata del artículo 155, como lleva proponiendo Rivera, desde
hace varios días.
Verdad es, que tuvo la cautela de no hacer referencia a las
cargas policiales del pasado Domingo, pero esa decisión parece haber molestado
y mucho, a todos aquellos catalanes que sufrieron en sus carnes la dureza de estas
actuaciones, aunque en el fondo ocultara la intención de no echar leña a un
fuego, que está adquiriendo dimensiones catastróficas.
Desgraciadamente, vivimos en un mundo globalizado en el que
los poderes económicos manejan sin remedio nuestras vidas e ignorar los
síntomas que están empezando a surgir tímidamente en los mercados y en el
corazón de los potenciales inversores que tienen ya o pensaban tener pronto, su
capital en Catalunya, sería cometer, en estos momentos de verdadera
incertidumbre, un gravísimo error, que como siempre, terminarían pagando los
ciudadanos de a pie, pues con toda seguridad, los poderosos ya se habrán curado
en salud, poniendo a buen recaudo sus abultados patrimonios personales, en
previsión de que algo salga mal y la añorada independencia traiga consigo
finalmente, un desastre monetario.
Bien harían en apaciguar los ánimos de esa gente que ha
puesto sinceramente toda su ilusión en el triunfo de este proceso y empezar a
contar la verdad de lo que podría ocurrir, pues en muchos casos, las
revoluciones suelen conllevar en su esencia, carencias y amargura, que sólo los
auténticos idealistas estarían dispuestos a afrontar, manteniendo una
integridad de principios, que no casa con el materialismo moderno.
Sin olvidar que las cosas podrían empeorar más aún, si se
continúa obviando el camino del diálogo y la negociación, a día de hoy, el
panorama se está poniendo, para los independentistas catalanes, oscuro y
borrascoso.
Las trabas que de seguro les pondrá el Gobierno Rajoy e
incluso la presunta aplicación del 155, por vía rápida, si se declara
finalmente la independencia, hace que el sentimiento de tristeza se vaya
haciendo mayor, a medida que va pasando el tiempo.
Ojalá y quede tiempo para cambiar la suerte de todos.

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