domingo, 1 de octubre de 2017

Crónica de la rebeldía


Espero, para empezar a escribir, a que transcurran unas horas tras la apertura de los Colegios electorales en Cataluña, Colegios que han permanecido custodiados durante toda la noche por miles de ciudadanos anónimos y cuyas puertas han comenzado a llenarse de gente, prácticamente  desde las cinco de la madrugada, para evitar, en la medida de lo posible, que las fuerzas de seguridad pudieran cumplir con el mandato judicial de impedir la votación, en este día tan esperado, del Referendum.
También  las fuerzas del Gobierno central han permanecido en vigilia y a primerísima hora de la mañana, la guardia civil se hacía con las instalaciones del Centro informático, desde las que se iba a coordinar el desarrollo de los Comicios, lo que no ha impedido que hasta estos momentos, se siga votando masivamente en los Colegios que aún no han sido cerrados.
La particular idiosincrasia de esta celebración de hoy, se ha complicado aún más, si cabe, al haberse declarado, desde la Generalitat, que podría votarse de manera universal, es decir, en cualquiera de los lugares que permanecieran abiertos e incluso que las papeletas podrían introducirse en las urnas sin sobre, cuestiones que restan claramente credibilidad a los resultados que puedan obtenerse, en esta jornada en la que la tensión corta el ambiente que se respira en las calles.
El recrudecimiento de las acciones policiales, que han traspasado con mucho,  por lo que hemos visto, todos los límites de la racionalidad, al cargar con extrema dureza contra ciudadanos indefensos, parece sin embargo, haber fracasado en la misión que se les había encomendado, pues las larguísimas colas que se han formado a las puertas de los centros de votación, continúan aumentando por momentos.
Por otra parte, las imágenes de la policía retirando por la fuerza, las urnas ubicadas en un Colegio de Barcelona, frente a un nutrido grupo de gente que levantaba pacíficamente las manos, mientras entonaba “Els segadors”, no contribuye, sino a aumentar la imagen de un Gobierno central que hace de la represión más brutal, el único argumento para combatir el gravísimo problema de Cataluña.
La aparición del Ministro de interior, negando la evidencia que cientos de miles de personas estamos viendo a través de los medios, ha resultado casi patética, emponzoñando un ambiente que ya estaba suficientemente cargado y ahondando en unas heridas que se están convirtiendo en incurables, como era de esperar, entre pueblos.
Esta consideración, que resulta ser lo más grave de cuánto viene ocurriendo hasta la fecha y que convierte a españoles y catalanes en improvisados enemigos irreconciliables, por petición expresa de sus políticos, aleja de todos nosotros, no ya cualquier posibilidad de abrir una negociación, sino además, la probabilidad de volver a mirarnos como seres humanos iguales, contrarios a xenofobias y odios manifiestos.
Los profundos sentimientos alimentados desde los poderes asentados en los dos frentes principales de esta absurda contienda, crean una predisposición a pensar que los ciudadanos hemos de compartir forzosamente las ideas de nuestros gobiernos y esto, que no es en absoluto así, fomenta la tendencia a un enfrentamiento perdurable en el tiempo que será difícil zanjar, después de este primero de Octubre.
Y sin embargo, una buena parte de los que no vivimos en Cataluña, consideramos como principal responsable de estos sucesos, a un Mariano Rajoy , flemático y sobre todo inepto y la poca o mucha cordura que aún pueda quedarnos, nos aconseja que un primer paso para hallar la solución al conflicto sería su dimisión, que además, no podría extrañar a nadie, dado el evidente fracaso de las medidas que ha tomado su Gobierno en este asunto, pues la gente sigue en las calles y votando, contra viento y marea.
Habría que rogar, en un quid pro quo, a los de allá, que reconozcan del mismo modo, los gravísimos errores cometidos por sus dirigentes en este proceso y evitar caer en el encantamiento general que está nublando la razón, pues no sólo de  ilusión vive el hombre y habrá que volver a pisar el suelo, a partir de mañana.
Lo que está ocurriendo hoy, evidentemente, beneficia notoriamente los intereses de los nacionalistas catalanes, pues la imagen que está ofreciéndose, a nivel internacional, de las actuaciones del Gobierno español, no son precisamente modélicas.
En este embarullado guión, ya no puede saberse quién tiene netamente la razón, si los que defienden la legalidad establecida, con el apoyo de miles de policías armados hasta los dientes, o quienes pretenden, a través de una rebeldía utópica, borrar de un plumazo al Estado español, sin que se sepa muy bien qué harán a partir de mañana, cuando la gente vuelva a su casa y el embrujo desaparezca.
Seguimos aquí, tratando de convertirnos en observadores imparciales de esta rabiosa actualidad, que no para de sorprendernos.
Mientras termino, un grupo de gente vota en unas urnas situadas en la calle, tras el cierre de un Colegio. Si estos votos son válidos o no, júzguenlo ustedes, pues parecen valer todos los argumentos.

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