Espero, para empezar a escribir, a que transcurran unas horas
tras la apertura de los Colegios electorales en Cataluña, Colegios que han permanecido
custodiados durante toda la noche por miles de ciudadanos anónimos y cuyas
puertas han comenzado a llenarse de gente, prácticamente desde las cinco de la madrugada, para evitar,
en la medida de lo posible, que las fuerzas de seguridad pudieran cumplir con
el mandato judicial de impedir la votación, en este día tan esperado, del
Referendum.
También las fuerzas del
Gobierno central han permanecido en vigilia y a primerísima hora de la mañana,
la guardia civil se hacía con las instalaciones del Centro informático, desde
las que se iba a coordinar el desarrollo de los Comicios, lo que no ha impedido
que hasta estos momentos, se siga votando masivamente en los Colegios que aún
no han sido cerrados.
La particular idiosincrasia de esta celebración de hoy, se ha
complicado aún más, si cabe, al haberse declarado, desde la Generalitat, que
podría votarse de manera universal, es decir, en cualquiera de los lugares que permanecieran
abiertos e incluso que las papeletas podrían introducirse en las urnas sin
sobre, cuestiones que restan claramente credibilidad a los resultados que puedan
obtenerse, en esta jornada en la que la tensión corta el ambiente que se
respira en las calles.
El recrudecimiento de las acciones policiales, que han traspasado
con mucho, por lo que hemos visto, todos
los límites de la racionalidad, al cargar con extrema dureza contra ciudadanos indefensos,
parece sin embargo, haber fracasado en la misión que se les había encomendado,
pues las larguísimas colas que se han formado a las puertas de los centros de
votación, continúan aumentando por momentos.
Por otra parte, las imágenes de la policía retirando por la
fuerza, las urnas ubicadas en un Colegio de Barcelona, frente a un nutrido
grupo de gente que levantaba pacíficamente las manos, mientras entonaba “Els
segadors”, no contribuye, sino a aumentar la imagen de un Gobierno central que
hace de la represión más brutal, el único argumento para combatir el gravísimo
problema de Cataluña.
La aparición del Ministro de interior, negando la evidencia
que cientos de miles de personas estamos viendo a través de los medios, ha
resultado casi patética, emponzoñando un ambiente que ya estaba suficientemente
cargado y ahondando en unas heridas que se están convirtiendo en incurables,
como era de esperar, entre pueblos.
Esta consideración, que resulta ser lo más grave de cuánto
viene ocurriendo hasta la fecha y que convierte a españoles y catalanes en
improvisados enemigos irreconciliables, por petición expresa de sus políticos,
aleja de todos nosotros, no ya cualquier posibilidad de abrir una negociación,
sino además, la probabilidad de volver a mirarnos como seres humanos iguales, contrarios
a xenofobias y odios manifiestos.
Los profundos sentimientos alimentados desde los poderes
asentados en los dos frentes principales de esta absurda contienda, crean una
predisposición a pensar que los ciudadanos hemos de compartir forzosamente las
ideas de nuestros gobiernos y esto, que no es en absoluto así, fomenta la
tendencia a un enfrentamiento perdurable en el tiempo que será difícil zanjar,
después de este primero de Octubre.
Y sin embargo, una buena parte de los que no vivimos en
Cataluña, consideramos como principal responsable de estos sucesos, a un
Mariano Rajoy , flemático y sobre todo inepto y la poca o mucha cordura que aún
pueda quedarnos, nos aconseja que un primer paso para hallar la solución al
conflicto sería su dimisión, que además, no podría extrañar a nadie, dado el
evidente fracaso de las medidas que ha tomado su Gobierno en este asunto, pues
la gente sigue en las calles y votando, contra viento y marea.
Habría que rogar, en un quid pro quo, a los de allá, que
reconozcan del mismo modo, los gravísimos errores cometidos por sus dirigentes
en este proceso y evitar caer en el encantamiento general que está nublando la
razón, pues no sólo de ilusión vive el
hombre y habrá que volver a pisar el suelo, a partir de mañana.
Lo que está ocurriendo hoy, evidentemente, beneficia
notoriamente los intereses de los nacionalistas catalanes, pues la imagen que
está ofreciéndose, a nivel internacional, de las actuaciones del Gobierno
español, no son precisamente modélicas.
En este embarullado guión, ya no puede saberse quién tiene
netamente la razón, si los que defienden la legalidad establecida, con el apoyo
de miles de policías armados hasta los dientes, o quienes pretenden, a través
de una rebeldía utópica, borrar de un plumazo al Estado español, sin que se
sepa muy bien qué harán a partir de mañana, cuando la gente vuelva a su casa y
el embrujo desaparezca.
Seguimos aquí, tratando de convertirnos en observadores
imparciales de esta rabiosa actualidad, que no para de sorprendernos.
Mientras termino, un grupo de gente vota en unas urnas situadas
en la calle, tras el cierre de un Colegio. Si estos votos son válidos o no, júzguenlo
ustedes, pues parecen valer todos los argumentos.
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