Cuando todo el mundo esperaba una respuesta clara por parte
del gobierno español, a lo sucedido ayer por la tarde en el Parlament de Catalunya
y las voces de los agoreros reclamaban contundentemente la inmediata aplicación
del 155, por considerar que las palabras del President conllevaban la DUI en
diferido, Mariano Rajoy comparece ante los medios para informar que en el
Consejo de Ministros celebrado con carácter extraordinario esta mañana, su
Gobierno ha acordado hacer un requerimiento formal a Puigdemont, para que
aclare a la mayor brevedad posible, si declaró
o no la Independencia-
Esto de recurrir a los acertijos, de colocar a la gente en la
tesitura de tener que averiguar qué se esconde detrás de cada frase que se lanza
desde Catalunya o Madrid y que nos tiene a todos aplicando minuciosamente la
oreja, cada vez que alguno de estos políticos hace una declaración,
institucional o no, procurando defender sus propuestas, más que aportar un poco
de luz a la enrevesada situación que estamos viviendo, ofrece una imagen
desoladora de la ineptitud de ambas partes para conseguir una solución al
conflicto y daña seriamente la credibilidad que los unos y los otros tienen
para unos ciudadanos, atónitos ante las vueltas que se están dando, sin que se
atisbe siquiera, la posibilidad de un acuerdo.
Decíamos ayer, que la intervención de Puigdemont había sido
generosa e impecable y la impresión que nos quedó, después de oírle, fue que
había decidido renunciar a la proclamación de la Independencia, cosa que sin
embargo no ha debido quedarle clara al PP, que quizá esperaba una mayor dureza
en las palabras del President catalán, para poder aplicar de inmediato el 155,
con todas sus terribles consecuencias.
Así, que como en un duelo de aquellos del oeste, Rajoy exige
hoy a Puigdemont que muestre
abiertamente las armas que posee y tácitamente, que le dé un motivo real para
poder acallar su propia conciencia, si finalmente decide suspender la autonomía, empeorando aún más,
la situación que estamos viviendo.
En vez de preguntar a Pyuigdemont, quizá debiera haberse
dirigido a los cientos de miles de catalanes que ayer se sintieron
flagrantemente traicionados, por la tibieza de su Presidente y que se marcharon
a casa con la sensación de haber sido estafados, aunque sin comprender que la
prudencia de Puigdemont conseguía parar elegantemente el oscuro futuro
inmediato que se cernía sobre sus cabezas, si efectivamente hubiera declarado
formalmente la independencia.
La pregunta, que sin embargo está hecha con otras intenciones y que con toda probabilidad
ha sido fruto de la sorpresa producida por una intervención que no se ajustó en
absoluto al guión que se esperaba en el PP, constituye sin embargo, un arma
poderosa que coloca a Puigdemont en una posición aún más difícil ante los
suyos, proporcionándole un nuevo quebradero de cabeza, ahora que podía parecer
que había conseguido apartar los fantasmas que le acuciaban sin tregua.
De su sensatez y su aplomo, dependerá la contestación que
proponga a Madrid y que tendrá que ser milimétricamente estudiada, si no quiere
provocar una hecatombe aún mayor que la que se intuía si hubiera actuado de
otro modo, por lo que tiene por delante un reto de incalculables consecuencias.
A la espera de la comparecencia de Rajoy, esta tarde en el
Parlamento, la paciencia de los ciudadanos empieza a flaquear , cansada de este
galimatías en que han convertido el problema de Catalunya, por lo que nos
gustaría aclarar que cuando hablamos de dialogar, evidentemente no nos
referimos a este intercambio de palabras sin fundamento, que escondiendo
mensajes ocultos, emponzoñan un panorama político que por obligación, debía ser
para todos nosotros, transparente.
No son estos mensajes cifrados lo que se entendería por
negociar.
Esfuércense un poco más, por favor, o nos veremos obligados a
pensar que hace tiempo que perdieron su inteligencia.

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