miércoles, 11 de octubre de 2017

Diálogo entre líneas


Cuando todo el mundo esperaba una respuesta clara por parte del gobierno español, a lo sucedido ayer por la tarde en el Parlament de Catalunya y las voces de los agoreros reclamaban contundentemente la inmediata aplicación del 155, por considerar que las palabras del President conllevaban la DUI en diferido, Mariano Rajoy comparece ante los medios para informar que en el Consejo de Ministros celebrado con carácter extraordinario esta mañana, su Gobierno ha acordado hacer un requerimiento formal a Puigdemont, para que aclare a la mayor brevedad posible, si  declaró o no la Independencia-
Esto de recurrir a los acertijos, de colocar a la gente en la tesitura de tener que averiguar qué se esconde detrás de cada frase que se lanza desde Catalunya o Madrid y que nos tiene a todos aplicando minuciosamente la oreja, cada vez que alguno de estos políticos hace una declaración, institucional o no, procurando defender sus propuestas, más que aportar un poco de luz a la enrevesada situación que estamos viviendo, ofrece una imagen desoladora de la ineptitud de ambas partes para conseguir una solución al conflicto y daña seriamente la credibilidad que los unos y los otros tienen para unos ciudadanos, atónitos ante las vueltas que se están dando, sin que se atisbe siquiera, la posibilidad de un acuerdo.
Decíamos ayer, que la intervención de Puigdemont había sido generosa e impecable y la impresión que nos quedó, después de oírle, fue que había decidido renunciar a la proclamación de la Independencia, cosa que sin embargo no ha debido quedarle clara al PP, que quizá esperaba una mayor dureza en las palabras del President catalán, para poder aplicar de inmediato el 155, con todas sus terribles consecuencias.
Así, que como en un duelo de aquellos del oeste, Rajoy exige hoy a Puigdemont  que muestre abiertamente las armas que posee y tácitamente, que le dé un motivo real para poder acallar su propia conciencia, si  finalmente decide  suspender la autonomía, empeorando aún más, la situación que estamos viviendo.
En vez de preguntar a Pyuigdemont, quizá debiera haberse dirigido a los cientos de miles de catalanes que ayer se sintieron flagrantemente traicionados, por la tibieza de su Presidente y que se marcharon a casa con la sensación de haber sido estafados, aunque sin comprender que la prudencia de Puigdemont conseguía parar elegantemente el oscuro futuro inmediato que se cernía sobre sus cabezas, si efectivamente hubiera declarado formalmente la independencia.
La pregunta, que sin embargo está hecha con  otras intenciones y que con toda probabilidad ha sido fruto de la sorpresa producida por una intervención que no se ajustó en absoluto al guión que se esperaba en el PP, constituye sin embargo, un arma poderosa que coloca a Puigdemont en una posición aún más difícil ante los suyos, proporcionándole un nuevo quebradero de cabeza, ahora que podía parecer que había conseguido apartar los fantasmas que le acuciaban sin tregua.
De su sensatez y su aplomo, dependerá la contestación que proponga a Madrid y que tendrá que ser milimétricamente estudiada, si no quiere provocar una hecatombe aún mayor que la que se intuía si hubiera actuado de otro modo, por lo que tiene por delante un reto de incalculables consecuencias.
A la espera de la comparecencia de Rajoy, esta tarde en el Parlamento, la paciencia de los ciudadanos empieza a flaquear , cansada de este galimatías en que han convertido el problema de Catalunya, por lo que nos gustaría aclarar que cuando hablamos de dialogar, evidentemente no nos referimos a este intercambio de palabras sin fundamento, que escondiendo mensajes ocultos, emponzoñan un panorama político que por obligación, debía ser para todos nosotros, transparente.
No son estos mensajes cifrados lo que se entendería por negociar.

Esfuércense un poco más, por favor, o nos veremos obligados a pensar que hace tiempo que perdieron su inteligencia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario