A sólo dos horas de que termine la jornada electoral más larga
de cuántas se han celebrado nunca en Catalunya y con un balance de cerca de quinientos heridos,
que corroboran la violencia que se ha ejercido para tratar de parar a los ciudadanos
que acudían a votar libremente, fuera o no legal este Referendum que tanto ha
dado que hablar hasta ahora y que hoy se ha conocido, a través de desafortunadas imágenes, a lo largo y ancho del mundo, continúan cerrándose colegios electorales, por
parte de las fuerzas de seguridad del Estado, aunque una ingente multitud permanece
en la calle,como única respuesta a la
represión que sobre ellos se está ejerciendo, tratando de preservar que las
urnas sigan siendo utilizadas hasta las ocho de la tarde, hora en que se dará
por clausurada la celebración de este atípico Referendum.
Cerca de las dos de la tarde, Soraya Sainz de Santamaría, en
representación de Rajoy, que a esta hora aún no se ha dignado a dar la cara
ante el país, a pesar de la gravedad de lo que está ocurriendo, ofrecía una
rueda de prensa en la que proclamaba un engañoso triunfo de la posición del
Gobierno, mientras los espectadores contemplábamos imágenes, a tiempo real, que
desdecían absolutamente las afirmaciones que estaba vertiendo.
Entretanto, Televisión española, continuaba ofreciendo su
programación, sin hacer en toda la mañana una sola referencia a lo que sucedía
en las calles catalanas, como si su
deber de informar hubiera sido definitivamente secuestrado sin remisión y los “Españoles
por el Mundo” fueran mucho más importantes que los sucesos continuados que nos llegaban
desde Catalunya, a través de otras cadenas privadas, dispuestas a narrar los
sucesos.
Esta burda manipulación de la realidad no podía, sin embargo,
anular en modo alguno, las escenas que se iban sucediendo, ni la visión que
ofrecían cientos de miles de catalanes, de toda edad y condición, aguardando
pacientemente en las colas de aquellos colegios que permanecían abiertos, para
poder votar, ni las intempestivas entradas protagonizadas por unas fuerzas del orden, que
en muchos casos llegaban a empujar a los mossos que intentaban sin éxito,
impedir los enfrentamientos.
Parece haber olvidado el PP que la Historia, desde la
irrupción en el mundo de la comunicación de las redes sociales, ya no puede
contarse de manera particularmente sesgada, sin ser inmediatamente desmentida
por las grabaciones realizadas in situ y por tanto, que esta narración de
triunfo que han convertido hoy en el argumento principal de su discurso, allá donde
aparecen, ha encontrado una contraposición inmediata lanzada al mundo desde los
móviles de los ciudadanos, que han estado narrando, al minuto, los videos de
una realidad, tan innegable como evidente.
Verdad es, que ha habido irregularidades imperdonables en
este proceso, que podrían culminar con el recuento iniciado ya en algunos
centros de votación, por temor a que sean cerrados, antes de las ocho de la
tarde y otras muchos vaivenes que se han venido sucediendo desde esta
madrugada, como la universalización del voto y otras anomalías, pero negar taxativamente
que la gente ha continuado votando, a pesar de las dificultades que se han
sucedido durante todo el día,
enfrentándose pacíficamente al miedo, no puede, sino generar una
desconfianza generalizada en el mensaje que trata de emitir el Gobierno de
Mariano Rajoy, que ha fracasado estrepitosamente en la gestión de este proceso.
Puede que al señor Rajoy le reporte, esta nefasta gestión, algún
beneficio electoral de escasa contundencia, pero la imagen de ineptitud que está ofreciendo a Europa y al Mundo, al
refugiarse únicamente en medidas judiciales y policiales, en lugar de en las
negociaciones políticas, no puede ser más desoladora para los que tenemos que
depender de su manera diaria de gestionar un país, que ha perdido para siempre
la poca o mucha sensación de unidad que aún pudiera quedar, antes de estos
desastrosos incidentes.
Y no es que ganen los nacionalistas por goleada, precisamente
por su modo de plantear este Evento, es que Rajoy se ha dejado perder la gran
oportunidad de haber reconducido una situación enquistada con su reiterada cabezonería
y su inexplicable estrategia de dejar pasar el tiempo, quizá porque anteriormente
le había funcionado muy bien y pensaba, ya sabemos que erróneamente, que todo
el monte era orégano.

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