En este compás de espera trepidante, que nos tiene a todos
enganchados a la radio, la televisión o la prensa, con el aliento contenido
cada minuto, por si nos encontramos de pronto con alguna noticia novedosa que arroje
un poco de luz sobre el panorama desolador que se nos presenta, a uno le queda
tiempo para analizar las propuestas que unos y otros vienen poniendo encima de
la mesa y hasta a decidir, en
conciencia, si está de acuerdo o no con los pasos que se van dando desde los
frentes de batalla, en los que probablemente, como en todos, se están
cometiendo una serie de errores imperdonables, que ya veremos si se pagan o no,
cuando termine la tormenta.
Verdad es que nos tiene muy preocupados la más que posible
aplicación del artículo 155 en Catalunya, ya que siempre nos declaramos
favorables al diálogo y la negociación para haber alcanzado un acuerdo, pero si
hubiera que denunciar la que nos parece la peor de cuántas medidas fueron
anunciadas por Rajoy, hace unos días en rueda de prensa, sin duda nos
decantaríamos por la posible intervención de los medios públicos catalanes,
quizá porque defendemos con uñas y
dientes, el derecho a una libertad de expresión, que quedaría cuestionada si el
hecho llegara a producirse, pues ya tenemos en el ámbito español, ejemplos más
que palpables de la presunta manipulación ejercida desde los ambientes políticos,
en los organismos dedicados a ofrecer una información, que aparece en multitud
de ocasiones, sesgada o claramente favorable, al Partido que nos gobierna.
Para los informadores, el poder expresarse con total libertad,
en relación con cualquiera de los temas que trate cuando elabora una noticia, no sólo
resulta absolutamente imprescindible, sino que marca la diferencia entre
ofrecer una credibilidad reclamada en todo momento por los receptores de las
noticias, que encuentran en la diversidad, una vía por la que poder
decidir por sí mismos dónde se encuentra
la verdad, sin ser influidos por el vasallaje que están dispuestos a pagar algunos , a determinados Partidos
políticos.
Es fundamental que todas las opiniones puedan ser emitidas
con objetividad por los encargados de difundir la información con la que todos
convivimos y que se pueda confiar en que lo que uno está leyendo, oyendo o
viendo en la televisión, no sigue un camino marcado de antemano por personas o
Entes, para ser favorecidos por el calado de las noticias.
Así que cualquier intento de intervención, conlleva en sí, un
alto riesgo de tergiversación de una realidad que en este caso, concierne a lo
que pueda estar ocurriendo en el corazón de Catalunya y que mermaría de manera
considerable la posibilidad de que la sociedad en general, pudiera analizar el
problema, desde todos los ángulos posibles.
Ya sabemos que desde hace bastante tiempo, suele decirse con frecuencia
que los medios públicos catalanes se hallan claramente posicionados a favor del separatismo y que
una parte de la población, denuncia una manipulación de los contenidos que no
les permite analizar el panorama político al completo. Pero esto, que también
ocurre en el caso de TVE y de varias televisiones de Autonomías gobernadas por
Partidos de distinto signo, no es óbice para poder admitir que una de las
primeras medidas que se tomen, si se aplica finalmente el 155, sea la de arrebatar
por asalto radios y televisiones catalanas, como si se estuviera dando un golpe
de estado militar y se considerara fundamental silenciar a los medios.
Estos hechos, que no garantizarían en absoluto la libertad de
expresión en los medios intervenidos, sino que posiblemente potenciarían un
cambio diametralmente opuesto en los contenidos que se ofrecieran a partir de
entonces, más parecen propios de una república bananera, que de una Democracia
occidental y resultan ser, por sí mismos, vergonzosos para cualquiera que se
precie de formar parte de este país en que vivimos.
Esperando que nada así llegue a ocurrir y que los
contendientes de esta batalla sean capaces de suavizar y mucho, el tono con el
que se enfrentan últimamente, no nos queda otro remedio que continuar en alerta
permanente, por si se produjera uno de esos milagros que tanto nos gustaría
contar, pero que casi nunca suceden.
Nos encantaría poder gozar de unos días de tranquilidad en
los que abordar otros temas menos
espinosos y hasta tener tiempo para pararnos a leer otra cosa que nos sea algo
relacionado con el asunto que nos mueve.

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