martes, 24 de octubre de 2017

La intervención de los medios


En este compás de espera trepidante, que nos tiene a todos enganchados a la radio, la televisión o la prensa, con el aliento contenido cada minuto, por si nos encontramos de pronto con alguna noticia novedosa que arroje un poco de luz sobre el panorama desolador que se nos presenta, a uno le queda tiempo para analizar las propuestas que unos y otros vienen poniendo encima de la mesa y hasta  a decidir, en conciencia, si está de acuerdo o no con los pasos que se van dando desde los frentes de batalla, en los que probablemente, como en todos, se están cometiendo una serie de errores imperdonables, que ya veremos si se pagan o no, cuando termine la tormenta.
Verdad es que nos tiene muy preocupados la más que posible aplicación del artículo 155 en Catalunya, ya que siempre nos declaramos favorables al diálogo y la negociación para haber alcanzado un acuerdo, pero si hubiera que denunciar la que nos parece la peor de cuántas medidas fueron anunciadas por Rajoy, hace unos días en rueda de prensa, sin duda nos decantaríamos por la posible intervención de los medios públicos catalanes, quizá porque defendemos con uñas  y dientes, el derecho a una libertad de expresión, que quedaría cuestionada si el hecho llegara a producirse, pues ya tenemos en el ámbito español, ejemplos más que palpables de la presunta manipulación ejercida desde los ambientes políticos, en los organismos dedicados a ofrecer una información, que aparece en multitud de ocasiones, sesgada o claramente favorable, al Partido que nos gobierna.
Para los informadores, el poder expresarse con total libertad, en relación con cualquiera de los temas que  trate cuando elabora una noticia, no sólo resulta absolutamente imprescindible, sino que marca la diferencia entre ofrecer una credibilidad reclamada en todo momento por los receptores de las noticias, que encuentran en la diversidad, una vía por la que poder decidir  por sí mismos dónde se encuentra la verdad, sin ser influidos por el vasallaje que  están dispuestos a  pagar algunos , a determinados Partidos políticos.
Es fundamental que todas las opiniones puedan ser emitidas con objetividad por los encargados de difundir la información con la que todos convivimos y que se pueda confiar en que lo que uno está leyendo, oyendo o viendo en la televisión, no sigue un camino marcado de antemano por personas o Entes, para ser favorecidos por el calado de las noticias.
Así que cualquier intento de intervención, conlleva en sí, un alto riesgo de tergiversación de una realidad que en este caso, concierne a lo que pueda estar ocurriendo en el corazón de Catalunya y que mermaría de manera considerable la posibilidad de que la  sociedad en general, pudiera analizar el problema, desde todos los ángulos posibles.
Ya sabemos que desde hace bastante tiempo, suele decirse con frecuencia que los medios públicos catalanes se hallan claramente  posicionados a favor del separatismo y que una parte de la población, denuncia una manipulación de los contenidos que no les permite analizar el panorama político al completo. Pero esto, que también ocurre en el caso de TVE y de varias televisiones de Autonomías gobernadas por Partidos de distinto signo, no es óbice para poder admitir que una de las primeras medidas que se tomen, si se aplica finalmente el 155, sea la de arrebatar por asalto radios y televisiones catalanas, como si se estuviera dando un golpe de estado militar y se considerara fundamental silenciar a los medios.
Estos hechos, que no garantizarían en absoluto la libertad de expresión en los medios intervenidos, sino que posiblemente potenciarían un cambio diametralmente opuesto en los contenidos que se ofrecieran a partir de entonces, más parecen propios de una república bananera, que de una Democracia occidental y resultan ser, por sí mismos, vergonzosos para cualquiera que se precie de formar parte de este país en que vivimos.
Esperando que nada así llegue a ocurrir y que los contendientes de esta batalla sean capaces de suavizar y mucho, el tono con el que se enfrentan últimamente, no nos queda otro remedio que continuar en alerta permanente, por si se produjera uno de esos milagros que tanto nos gustaría contar, pero que casi nunca suceden.
Nos encantaría poder gozar de unos días de tranquilidad en los que  abordar otros temas menos espinosos y hasta tener tiempo para pararnos a leer otra cosa que nos sea algo relacionado con el asunto que nos mueve.


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