lunes, 30 de octubre de 2017

Cuestión de honor


Cuando parece que los Partidos nacionalistas catalanes empiezan a aceptar como un hecho la posibilidad de presentarse a las elecciones convocadas por Mariano Rajoy, para el 21 de Diciembre, aún negándose a reconocer como fallido su intento de proclamación de la República, nos enteramos de que Carles Puigdemont, que había invitado a la resistencia civil, a través de un improvisado discurso, ha viajado con cinco de sus Consellers, a Bruselas, con la intención de solicitar asilo político allí, justo mientras la Fiscalía presentaba contra él y sus más estrechos colaboradores, una querella por delitos de sedición, rebelión y malversación, que seguramente prosperará, si se tiene en cuenta todo lo acontecido, en los últimos días.
La noticia, que ha saltado a los medios aproximadamente sobre las doce de la mañana, cogía por sorpresa a una buena parte de incondicionales de las tesis secesionistas, que tras celebrar la llegada de su recién proclamada República, se preguntaban con insistencia dónde se encontraba el que siguen considerando como su Presidente, esperando con emoción, que haciendo caso omiso de la aplicación del 155, ocupara su despacho, como un lunes cualquiera, esta misma mañana.
Lejos de ser así, nadie sabía ofrecer noticias del paradero de Puigdemont, desde que ayer a medio día se diera un baño de multitudes en un restaurante de Girona y ni él, ni la mayoría de sus fieles seguidores, han podido ser localizados en sus lugares de trabajo, a excepción de Carme Forcadell, que acudía al Parlament , para desconvocar una messa que estaba previsto celebrar mañana, alegando que la institución había sido disuelta.
El viaje de Puigdemont, que ha corrido como la pólvora por las redacciones de los diarios y que responde al ofrecimiento del Ministro de inmigración belga, que se prestaba a dar asilo al President y los suyos, sin la aquiescencia de su Gobierno, ha debido sin embargo, dejar de una pieza a los más de dos millones de ciudadanos que confiaban plenamente en su perseverancia para afianzar el proyecto por el que han venido luchando durante tanto tiempo y que ahora se han quedado, en cierto modo, huérfanos de su principal progenitor, que les abandona con alevosía  y nocturnidad, a su propia suerte.
Qué puede haber movido a Puigdemont y sus Consellers a decidir el abandono del país con tal precipitación y sin previo aviso,  es una incógnita en estos momentos, pero si la decisión tiene que ver con las medidas judiciales que se les vienen encima como consecuencia directa de sus acciones, no cabe mayor deshonor, sobre  cuando se ha estado empujando a la gente a resistir valerosamente a la llamada represión española y muy fundamentalmente, cuando dejan en la cárcel a dos de sus más estrechos colaboradores, Sánchez y Cruxat, a los que tanto parecían defender, en sus acalorados discursos, ante sus fieles.
Ya intuimos el otro día, cuando se propuso la votación secreta en el Parlament, que existía una clara intencionalidad de eludir las acciones de la justicia, propósito que de confirmarse la noticia que se baraja hoy, no sólo queda confirmado, sino que cae como una losa sobre los mismos que decían defender con tanto ahínco el nacimiento  de una nueva Nación, que han tardado dos días en abandonar, en cuanto las cosas se han puesto difíciles, para su propia seguridad, huyendo en desbandada.
Menuda desilusión se habrán llevado todos aquellos que envueltos en la estelada salvaguardaban la firmeza unos líderes, dispuestos a sacrificarlo todo por el triunfo de la causa y que han sufrido en carne propia, la represión policial del primero de octubre, sin dar un paso atrás, convencidos de que había que llegar hasta las últimas consecuencias, asumiendo con   valentía y pundonor, todos y cada uno de los riesgos.
Deben sentirse hoy, abandonados por los que les trajeron, con su perseverancia  hasta aquí y que ahora, en cuanto han olido el perjuicio que podría arrearles tener que asumir las consecuencias de sus acciones, parecen desear convertirse en una especie de mártires políticos ausentes, que dirijan,  desde una distancia protectora de su propia integridad, cualquier efecto negativo que sobre la sociedad civil catalana pudiera traer la intervención, olvidando que existieron otros caminos por los que circular, que desdeñaron con altanería, desde una posición de intolerancia y desprecio.
Los que hemos sido desde el  principio partidarios de la negociación, acabamos de confirmar con esta noticia, la ineptitud de estos interlocutores y sobre todo, que conservar la dignidad y el honor, se encuentra sólo reservado a personas muy concretas que por su personal talante, permanecen firmes en sus convicciones, sobre todo cuando los caminos se tuercen y está en riesgo la integridad de los que les siguieron por el camino que marcaron, fuera o no, el correcto.
El artículo 155 se está aplicando en Catalunya con total normalidad y hasta duele tener que decir que los primeros que se han retirado de este cruento campo de batalla, han sido precisamente, aquellos que iniciaron la aventura, arengando a las masas hasta convertirlas en una especie de guerreros pacíficos dispuestos a dedicar la vida, a unas creencias.
Solos hoy, frente a la victoria que ya proclama Rajoy a bombo y platillo, no pueden, sino causar en todos nosotros, una profunda tristeza.

Ojalá y Europa impida que esta cobardía de Puigdemont y sus Consellers, pueda hacerse factible.

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