Cuando parece que los Partidos nacionalistas catalanes
empiezan a aceptar como un hecho la posibilidad de presentarse a las elecciones
convocadas por Mariano Rajoy, para el 21 de Diciembre, aún negándose a
reconocer como fallido su intento de proclamación de la República, nos
enteramos de que Carles Puigdemont, que había invitado a la resistencia civil,
a través de un improvisado discurso, ha viajado con cinco de sus Consellers, a
Bruselas, con la intención de solicitar asilo político allí, justo mientras la
Fiscalía presentaba contra él y sus más estrechos colaboradores, una querella
por delitos de sedición, rebelión y malversación, que seguramente prosperará,
si se tiene en cuenta todo lo acontecido, en los últimos días.
La noticia, que ha saltado a los medios aproximadamente sobre
las doce de la mañana, cogía por sorpresa a una buena parte de incondicionales
de las tesis secesionistas, que tras celebrar la llegada de su recién
proclamada República, se preguntaban con insistencia dónde se encontraba el que
siguen considerando como su Presidente, esperando con emoción, que haciendo
caso omiso de la aplicación del 155, ocupara su despacho, como un lunes
cualquiera, esta misma mañana.
Lejos de ser así, nadie sabía ofrecer noticias del paradero
de Puigdemont, desde que ayer a medio día se diera un baño de multitudes en un
restaurante de Girona y ni él, ni la mayoría de sus fieles seguidores, han
podido ser localizados en sus lugares de trabajo, a excepción de Carme
Forcadell, que acudía al Parlament , para desconvocar una messa que estaba
previsto celebrar mañana, alegando que la institución había sido disuelta.
El viaje de Puigdemont, que ha corrido como la pólvora por
las redacciones de los diarios y que responde al ofrecimiento del Ministro de
inmigración belga, que se prestaba a dar asilo al President y los suyos, sin la
aquiescencia de su Gobierno, ha debido sin embargo, dejar de una pieza a los
más de dos millones de ciudadanos que confiaban plenamente en su perseverancia
para afianzar el proyecto por el que han venido luchando durante tanto tiempo y
que ahora se han quedado, en cierto modo, huérfanos de su principal progenitor,
que les abandona con alevosía y nocturnidad,
a su propia suerte.
Qué puede haber movido a Puigdemont y sus Consellers a
decidir el abandono del país con tal precipitación y sin previo aviso, es una incógnita en estos momentos, pero si
la decisión tiene que ver con las medidas judiciales que se les vienen encima
como consecuencia directa de sus acciones, no cabe mayor deshonor, sobre cuando se ha estado empujando a la gente a
resistir valerosamente a la llamada represión española y muy fundamentalmente,
cuando dejan en la cárcel a dos de sus más estrechos colaboradores, Sánchez y
Cruxat, a los que tanto parecían defender, en sus acalorados discursos, ante
sus fieles.
Ya intuimos el otro día, cuando se propuso la votación secreta
en el Parlament, que existía una clara intencionalidad de eludir las acciones
de la justicia, propósito que de confirmarse la noticia que se baraja hoy, no
sólo queda confirmado, sino que cae como una losa sobre los mismos que decían
defender con tanto ahínco el nacimiento de una nueva Nación, que han tardado dos días
en abandonar, en cuanto las cosas se han puesto difíciles, para su propia
seguridad, huyendo en desbandada.
Menuda desilusión se habrán llevado todos aquellos que envueltos
en la estelada salvaguardaban la firmeza unos líderes, dispuestos a sacrificarlo
todo por el triunfo de la causa y que han sufrido en carne propia, la represión
policial del primero de octubre, sin dar un paso atrás, convencidos de que
había que llegar hasta las últimas consecuencias, asumiendo con valentía y pundonor, todos y cada uno de los
riesgos.
Deben sentirse hoy, abandonados por los que les trajeron, con
su perseverancia hasta aquí y que ahora,
en cuanto han olido el perjuicio que podría arrearles tener que asumir las
consecuencias de sus acciones, parecen desear convertirse en una especie de
mártires políticos ausentes, que dirijan,
desde una distancia protectora de su propia integridad, cualquier efecto
negativo que sobre la sociedad civil catalana pudiera traer la intervención,
olvidando que existieron otros caminos por los que circular, que desdeñaron con
altanería, desde una posición de intolerancia y desprecio.
Los que hemos sido desde el principio partidarios de la negociación,
acabamos de confirmar con esta noticia, la ineptitud de estos interlocutores y
sobre todo, que conservar la dignidad y el honor, se encuentra sólo reservado a
personas muy concretas que por su personal talante, permanecen firmes en sus
convicciones, sobre todo cuando los caminos se tuercen y está en riesgo la
integridad de los que les siguieron por el camino que marcaron, fuera o no, el
correcto.
El artículo 155 se está aplicando en Catalunya con total
normalidad y hasta duele tener que decir que los primeros que se han retirado
de este cruento campo de batalla, han sido precisamente, aquellos que iniciaron
la aventura, arengando a las masas hasta convertirlas en una especie de
guerreros pacíficos dispuestos a dedicar la vida, a unas creencias.
Solos hoy, frente a la victoria que ya proclama Rajoy a bombo
y platillo, no pueden, sino causar en todos nosotros, una profunda tristeza.
Ojalá y Europa impida que esta cobardía de Puigdemont y sus Consellers,
pueda hacerse factible.

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