Con una hora de retraso con respecto al programa previsto,
Carles Puigdemont se situaba esta tarde en la tribuna del Parlament iniciando
un discurso, que desde el principio ha resultado sorpresivamente impecable y en
un tono respetuoso, comedido y ciertamente moderado, ha ido enumerando las
circunstancias que desde el punto de vista de un buen número de catalanes, nos
han traído hasta aquí, culpabilizando al Estado español, aunque debió
simplemente referirse al PP que lo
lidera, del gravísimo desencuentro que se ha producido entre la sociedades
catalana y española y muy fundamentalmente de la reiterada negativa a negociar
una vía para la celebración de un Referendum pactado, que se ha pedido
insistentemente.
En clara discrepancia con la CUP, que hasta esta misma tarde
le ha estado acompañando en todas las acciones emprendidas y quizá
desprendiéndose conscientemente de la mochila de radicalidad que representaba
su pertinaz empeño en que hoy se declarase la DUI, Puigdemont ha optado por una
fórmula mucho más contenida, declarando primero la intención de proclamar la
independencia y suspendiéndola inmediatamente después, sine die, ofreciendo la mano abierta a la mediación y el
diálogo con el Gobierno español, al que por cierto, no ha dado motivos para la
aplicación del 155.
Contando, al menos en apariencia con la aquiescencia de Oriol
Junqueras, la vía elegida por Puigdemont ha conseguido efectivamente poner un
punto y aparte en la tensión que se ha estado viviendo durante los últimos días
y vuelve a poner la pelota, sin
aspavientos y con tintes de buena voluntad, en el tejado de Mariano Rajoy, al
que deja ahora la responsabilidad de la resolución de un problema, que de
hecho, siempre fue responsabilidad exclusivamente suya.
El mensaje de Ada Colau, llamando a la sensatez y la cordura
y la huida apresurada de las grandes empresas catalanes, hacia otros destinos
más estables, unidos a la clara división
de la sociedad catalana que se ha podido ver estos días, parecen haber dado
estos frutos y hemos de decir que se agradece este paréntesis sugerido por el
President esta tarde y que esperamos una respuesta acorde, desde el Gobierno de
Madrid.
Desatascar la situación, propiciar la recuperación de la
convivencia pacífica entre los ciudadanos, perdida por causa de extremos y
fanatismos, resulta ser indispensable para arbitrar una pronta solución del
problema catalán, que muchos de los que no vivimos allí, consideramos también
como nuestro.
No era momento, como
decía Colau, ni de venganzas, ni de reproches, sino de propiciar el entendimiento.
A través de la mediación, ya lo hemos dicho y poniendo buena voluntad, todo es
posible y en este sentido, la salida por la que ha optado Puigdemont, no merece
ningún reproche.
Habrá que analizar sus propuestas con más profundidad, pero
de momento, hemos recuperado el aliento.

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