martes, 10 de octubre de 2017

Proclama y suspensión


Con una hora de retraso con respecto al programa previsto, Carles Puigdemont se situaba esta tarde en la tribuna del Parlament iniciando un discurso, que desde el principio ha resultado sorpresivamente impecable y en un tono respetuoso, comedido y ciertamente moderado, ha ido enumerando las circunstancias que desde el punto de vista de un buen número de catalanes, nos han traído hasta aquí, culpabilizando al Estado español, aunque debió simplemente  referirse al PP que lo lidera, del gravísimo desencuentro que se ha producido entre la sociedades catalana y española y muy fundamentalmente de la reiterada negativa a negociar una vía para la celebración de un Referendum pactado, que se ha pedido insistentemente.
En clara discrepancia con la CUP, que hasta esta misma tarde le ha estado acompañando en todas las acciones emprendidas y quizá desprendiéndose conscientemente de la mochila de radicalidad que representaba su pertinaz empeño en que hoy se declarase la DUI, Puigdemont ha optado por una fórmula mucho más contenida, declarando primero la intención de proclamar la independencia y suspendiéndola inmediatamente después, sine die,  ofreciendo la mano abierta a la mediación y el diálogo con el Gobierno español, al que por cierto, no ha dado motivos para la aplicación del 155.
Contando, al menos en apariencia con la aquiescencia de Oriol Junqueras, la vía elegida por Puigdemont ha conseguido efectivamente poner un punto y aparte en la tensión que se ha estado viviendo durante los últimos días  y vuelve a poner la pelota, sin aspavientos y con tintes de buena voluntad, en el tejado de Mariano Rajoy, al que deja ahora la responsabilidad de la resolución de un problema, que de hecho, siempre fue responsabilidad exclusivamente suya.
El mensaje de Ada Colau, llamando a la sensatez y la cordura y la huida apresurada de las grandes empresas catalanes, hacia otros destinos más estables, unidos a la  clara división de la sociedad catalana que se ha podido ver estos días, parecen haber dado estos frutos y hemos de decir que se agradece este paréntesis sugerido por el President esta tarde y que esperamos una respuesta acorde, desde el Gobierno de Madrid.
Desatascar la situación, propiciar la recuperación de la convivencia pacífica entre los ciudadanos, perdida por causa de extremos y fanatismos, resulta ser indispensable para arbitrar una pronta solución del problema catalán, que muchos de los que no vivimos allí, consideramos también como nuestro.
No era  momento, como decía Colau, ni de venganzas, ni de reproches, sino de propiciar el entendimiento. A través de la mediación, ya lo hemos dicho y poniendo buena voluntad, todo es posible y en este sentido, la salida por la que ha optado Puigdemont, no merece ningún reproche.

Habrá que analizar sus propuestas con más profundidad, pero de momento, hemos recuperado el aliento.

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