Ahora que hemos llegado hasta aquí y que los acontecimientos
se han desarrollado de tal suerte que
parece casi imposible encontrar una solución para Catalunya, quizá convendría
pararse a reflexionar sobre el tema de estos socios ocasionales que forman el
frente secesionista, constituido hasta el momento, por PdeCat, ER y CUP, que se
unieron, como todos sabemos, sólo con la
intención de convencer al pueblo catalán de la necesidad de proclamar una
independencia, que según ellos arreglaría de un modo casi mágico, los graves
problemas que viene sufriendo una población, afectada, como todas las demás,
por los efectos nefastos de esta crisis.
No vamos a entrar en el argumentario empleado desde que se
decidiera dar el primer paso para reclamar un referéndum, ni en todo lo que ha
venido aconteciendo después y que es sobradamente conocido por todos aquellos
que se preocupan de seguir a diario la actualidad, sino más bien, en lo que
podría suceder desde ahora, dado que los intereses de los Partidos que forman
esta coalición puntual, creada con un único fin, han de discrepar necesariamente,
si se atiende a la ideología que cada uno de ellos representa y que en nada
coincide con las de los otros, por lo que el debate está asegurado, al menos
hasta que Puigdemont tome la que será la decisión más importante de su vida y
que puede no coincidir con los planteamientos de sus socios, provocando la ruptura
de los acuerdos.
No olvidemos que la
antigua Convergencia procede directamente de los herederos de la alta burguesía catalana y que por tanto
su pensamiento se encontraría enmarcado claramente en una tendencia de
derechas, mientras que ER siempre fue considerada como la izquierda de un
nacionalismo catalán, al que la CUP, netamente contraria al sistema y
anticapitalista, robó una buena parte de votos, seguramente de todos aquellos
que provenían de familias antiguamente afiliadas a la CNT, que no habían
encontrado en el panorama político catalán, un sitio dónde ubicarse
ideológicamente.
Ya resulta bastante extraño que estas tres corrientes
diametralmente opuestas hayan encontrado una vía por la que ponerse de acuerdo
y mucho más aún, que esa unión interesada haya sido capaz de perdurar en el
tiempo, superando sus profundas diferencias, sin que se hayan producido en ella
fisuras de hondo calado, al menos hasta el momento en que Puigdemont no se
atrevió a proclamar abiertamente la Independencia, defraudando
considerablemente, sobre todo a la CUP, que según palabras textuales, se había
presentado a las elecciones, sólo para poder hacer realidad ese sueño.
Así que mirándolo bien, resulta casi lógico que se hayan decidido
a reclamar una desobediencia civil, para con la aplicación del artículo 155 y
hasta que empiecen a generar algaradas callejeras de cierta consideración, al haber sido frustradas todas
sus esperanzas de ver a Catalunya convertida en Nación y temer que finalmente
todo se resuelva con una convocatoria de elecciones, independientemente de
quién las convoque.
Dentro del sistema, PdeCat y ER, tampoco parecen coincidir en
lo que debiera hacerse a partir de estos trágicos momentos y mientras los
afiliados a la antigua Convergencia serían partidarios de una comparecencia de
Puigdemont en el Senado, para exponer sus argumentos, los de Esquerra quizá
prefieran ir a elecciones, sobre todo si se tienen en cuenta los resultados que
para ellos se auguran en las encuestas.
De manera que esa férrea unidad que ha sacado a las calles a
más de dos millones de personas empieza a correr un gravísimo riesgo de
fractura, que podría materializarse en los próximos días, si un milagro no lo
remedia y que esta división, si llegara finalmente a producirse, como se teme,
bien podría beneficiar grandemente a Rajoy, adjudicándole una victoria que realmente
no se ha ganado con sus actos, como todos sabemos.
Pero así son las guerras entre socios cuando no existen entre
ellos demasiadas coincidencias y así, créanme, han conseguido evitarse muchas
fricciones a lo largo de toda la Historia, por lo que no sería de extrañar que
al final la solución del conflicto catalán viniera por esta vía del desencuentro.
De momento, el Parlament se reunirá el Jueves, un día antes
de que el Senado apruebe la aplicación del 155, propuesta por el gobierno y
estos días, cruciales para todo lo que pueda suceder, son los que tiene
Puigdemont para decantarse por la postura que considere más coherente, dando
quizá en este caso, preferencia a lo que sugiera su Partido, al que tratará de
perjudicar lo menos posible, obviamente.
Mucho queda por recorrer en este escasísimo tiempo y las
opciones que se abren, según de dónde vengan, ni van a contentar al grueso de
la población catalana, ni a satisfacer las aspiraciones reales de ninguno de
los grupos que formaron esta coalición, en un primer momento.
La polémica, servida desde hace tiempo, puede concluir en
sólo un segundo, si el President no se decanta por declarar el jueves la
independencia.
Dicen las malas lenguas, que ha habido conversaciones secretas
con Moncloa. Lo que no aclaran es quiénes son los que han participado en ellas.

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