Asolada por más de un centenar de incendios, que están
convirtiendo el verdor del paisaje en un escenario dantesco de humo y tiniebla,
Galicia parece ir quedando reducida a un escenario ceniciento que hiela las
conciencias de la gente de bien, recordándonos a todos que se nos ha venido
encima un problema de mayor gravedad que
el que subsiste ahora en Catalunya, si se tiene en cuenta que esta violencia
incontrolada, que ya ha dejado tres víctimas mortales, ha sido provocada por la
mano del hombre.
Estos delitos de terrorismo medioambiental, no pueden ser
calificados de otra manera, suceden con nocturnidad y alevosía, precisamente en
el momento en que concurren una serie de circunstancias que potencian el avance
del fuego y sólo la esperanza de que las lluvias empiecen en esa parte del
país, consuela la desesperada situación que viven cientos de familias que lo
han perdido todo y el agotamiento de unos servicios de bomberos, cuyos efectivos
parecen ser del todo insuficientes, ante la magnitud de la tragedia.
A pesar del inconmensurable esfuerzo de los vecinos, por
contribuir en los operativos que procuran la extinción de los focos activos que
se sitúan en todas las provincias gallegas y ahora también en Asturias y Cantabria,
la escalofriante dimensión que están tomando los sucesos, hace presagiar que
harán falta muchos días, para que empiece a verse un poco de luz, entre las
nubes grises que recorren los pueblos y ciudades, inundándolo todo de una
espesa niebla.
Entretanto, también Portugal se suma a esta ola salvaje de vandalismo,
viviendo uno de los dramas más grandes de cuantos se han conocido en el país hermano
en los últimos tiempos, pues en su caso son más de treinta personas las que han
sucumbido a la virulencia de los fuegos, convirtiendo a toda la nación en una
zona catastrófica, a la que costará años recuperarse.
Habría que asumir que inmersos como estamos, en el conflicto
catalán, quizá no hayamos prestado la atención requerida por estos sucesos,
hasta que no se han hecho mayestáticamente evidentes y aunque es la actualidad
la que mueve en principio, el espíritu de los informadores, a veces conviene
entonar el mea culpa, cuando las circunstancias, como en este caso, superan,
con mucho, la otra realidad sobre la que están puestos todos los focos, en este
momento.
Las impresionantes imágenes que nos llegan desde tierras
gallegas, los incontables testimonios de pura desolación y las lágrimas de esa
buena gente que ve con absoluta impotencia, cómo las llamas arrasan los lugares
en los que habitan y que son, en buena medida, uno de los pulmones imprescindibles
para el ecosistema de todo el país, nos hacen hoy, dirigir la mirada única y
exclusivamente a esa tierra que tanto amamos y no nos permite otro sentimiento
que el de la pura solidaridad, en estos instantes funestos.
Y es precisamente ahora, cuando se advierte con claridad
meridiana que todos esos recortes que se han venido aplicando a los efectivos
de bomberos y todas esas leyes que se han derogado y que impedían la comercialización
de las zonas quemadas, han supuesto uno de los más grandes errores que ha
cometido este Gobierno y que los cantos de sirenas que hablan de una
recuperación económica, de una salida de la crisis y de vuelta a un estado de
bienestar, quedan sencillamente aplastados, por la dureza de los argumentos.
La innegable falta de liquidez, para solucionar problemas
como este, la constata la extenuación de las cuadrillas de bomberos que
sentados al borde de los caminos, con un paisaje de fuego al fondo, lloran la imposibilidad de poder
hacer más, para cumplir con lo que por norma se les ha encomendado, abrumados
por la escasez de medios con los que cuentan.
Nos hemos enterado hoy también, que la Juez ha dictado orden
de prisión para los líderes de ANC y Omnium, en Catalunya, pero la verdad, no quisiera entrar en estas disquisiciones, que
empiezan a aburrir hasta la saciedad, sino desear que Galicia se recupere, que
es ahora, lo verdaderamente importante.
Ojalá y llueva.

No hay comentarios:
Publicar un comentario