El Gobierno español parece finalmente decidido a la
aplicación del 155 en Catalunya y cuenta para ello con el apoyo incondicional
de Ciudadanos y una aquiescencia desganada del PSOE, ignorando absolutamente la respuesta que ofreciera ayer Puigdemont,
en la que a pesar de expresarse en términos parecidos a otras veces, apuntaba
que se estaba viendo obligado, por falta del deseo de dialogar, a declarar
abiertamente la independencia.
Entretanto, con Sánchez y Cruixat en prisión, la gente sigue
en la calle y protagonizando ahora una serie de escraches a miembros del PP, en
los que se reclama que Rajoy pare la maquinaria que ha empezado a poner en
marcha y acceda a reunirse con Puigdemont, para explorar nuevas vías de
entendimiento.
Ya hay convocada para mañana una manifestación, que se prevé
multitudinaria, a favor de la liberación de los que ya se consideran en
Catalunya mártires de la causa independentista y las empresas siguen
abandonando el territorio catalán, apoyadas ahora por la aprobación de un
Decreto, que les permite hacerlo con carácter de urgencia.
Y como si no hubiera bastantes problemas con todo lo que está
ocurriendo, sale a escena un José María Áznar, cada vez más identificado con el
radicalismo de derechas, criticando, cómo no, duramente la actuación de sus
correligionarios del Gobierno y asegurando que de haber sucedido todo esto cuando
él ostentaba el poder, no hubiera tenido ningún tipo de contemplaciones con
quiénes pretenden romper la unidad de su amada España, por la que tanto hizo.
Horrorizados con la intransigencia que rezuman ambas partes
en este espantoso conflicto, un buen número de ciudadanos, quiero pensar que
una amplia mayoría, miramos impotentes cómo se van complicando las cosas con
cada paso que se da, en un lado y en otro, a través de este género epistolar
que han inaugurado Puigdemont y Rajoy,
como si no existiera el teléfono, preguntándonos qué sería necesario para que
alguno de estos dos combatientes echase el freno y se parase a reflexionar, qué
sería de verdad lo mejor, para no dañar los intereses de esta sociedad que compartimos.
En lugar de eso, ambos continúan poseídos por la idea imperturbable de querer
imponer sus pensamientos sobre los del otro, procurando con todas sus fuerzas
lograr una rendición incondicional que de seguro no va a producirse, puede que
con un deseo irrefrenable de obtener un puesto en la Historia, como vencedores
y mostrándose además, implacables con el contrincante, como si les fuera la
vida en ello.
Me pregunto qué pensará cada uno, de todos aquellos que no
coincidimos con las opiniones que defienden tan denodadamente y sin resuello,
considerando por razones varias que no hay lugar a otro tipo de pensamientos y
demostrando fehacientemente con ello que ambos albergan dentro de sí, un sentimiento ciertamente tiránico que les
impide ver más allá de sus propios deseos.
Y sin embargo, somos muchos los que no comulgamos con estos
dos nacionalismos exacerbados que se enfrentan en un campo de batalla que
resulta ser el lugar en que todos
vivimos y que ha sido repentinamente, como invadido, muy a nuestro pesar, por
dos corrientes opuestas que tratan de anular indiscriminadamente nuestra
voluntad, como si no formáramos parte de esta tierra, ni tuviéramos derecho a
expresar libremente nuestra opinión y menos aún a que fuera tenida también, en
cuenta.
Estamos, hastiados de que tensen la cuerda mientras
intentamos inútilmente, desde el centro, que no se rompa por ninguna parte y
que pueda intentarse una solución pacífica que nos devuelva a la mayor prontitud,
un clima de convivencia que para nuestra desgracia y por las iniciativas de ambas partes, estamos
perdiendo irremediablemente.
Todo sigue adelante, como si hubiéramos dejado de existir y
ya sólo quedaran en escena aquellos que se desafían, a garrotazos, negándose sistemáticamente
a cualquier posibilidad de entendimiento.
Sobreponiéndonos a esta impresión y declarándonos
absolutamente contrarios a todas las acciones que hasta ahora se han puesto en
práctica, en este proceso, sólo nos queda apelar a que la inteligencia pueda
finalmente triunfar por encima de la sinrazón que se nos pretende imponer por
la fuerza y continuar reclamando esa tercera vía de entendimiento que pasa por
hablar. Al fin y al cabo, es esa facultad la que nos diferencia de las bestias.

No hay comentarios:
Publicar un comentario