viernes, 20 de octubre de 2017

Todo sigue adelante


El Gobierno español parece finalmente decidido a la aplicación del 155 en Catalunya y cuenta para ello con el apoyo incondicional de Ciudadanos y una aquiescencia desganada del PSOE, ignorando absolutamente  la respuesta que ofreciera ayer Puigdemont, en la que a pesar de expresarse en términos parecidos a otras veces, apuntaba que se estaba viendo obligado, por falta del deseo de dialogar, a declarar abiertamente la independencia.
Entretanto, con Sánchez y Cruixat en prisión, la gente sigue en la calle y protagonizando ahora una serie de escraches a miembros del PP, en los que se reclama que Rajoy pare la maquinaria que ha empezado a poner en marcha y acceda a reunirse con  Puigdemont, para explorar nuevas vías de entendimiento.
Ya hay convocada para mañana una manifestación, que se prevé multitudinaria, a favor de la liberación de los que ya se consideran en Catalunya mártires de la causa independentista y las empresas siguen abandonando el territorio catalán, apoyadas ahora por la aprobación de un Decreto, que les permite hacerlo con carácter de urgencia.
Y como si no hubiera bastantes problemas con todo lo que está ocurriendo, sale a escena un José María Áznar, cada vez más identificado con el radicalismo de derechas, criticando, cómo no, duramente la actuación de sus correligionarios del Gobierno y asegurando que de haber sucedido todo esto cuando él ostentaba el poder, no hubiera tenido ningún tipo de contemplaciones con quiénes pretenden romper la unidad de su amada España, por la que tanto hizo.
Horrorizados con la intransigencia que rezuman ambas partes en este espantoso conflicto, un buen número de ciudadanos, quiero pensar que una amplia mayoría, miramos impotentes cómo se van complicando las cosas con cada paso que se da, en un lado y en otro, a través de este género epistolar que han inaugurado Puigdemont y  Rajoy, como si no existiera el teléfono, preguntándonos qué sería necesario para que alguno de estos dos combatientes echase el freno y se parase a reflexionar, qué sería de verdad lo mejor, para no dañar los intereses de esta sociedad que compartimos.
En lugar de eso, ambos continúan  poseídos por la idea imperturbable de querer imponer sus pensamientos sobre los del otro, procurando con todas sus fuerzas lograr una rendición incondicional que de seguro no va a producirse, puede que con un deseo irrefrenable de obtener un puesto en la Historia, como vencedores y mostrándose además, implacables con el contrincante, como si les fuera la vida en ello.
Me pregunto qué pensará cada uno, de todos aquellos que no coincidimos con las opiniones que defienden tan denodadamente y sin resuello, considerando por razones varias que no hay lugar a otro tipo de pensamientos y demostrando fehacientemente con ello que ambos albergan dentro de sí, un  sentimiento ciertamente tiránico que les impide ver más allá de sus propios deseos.
Y sin embargo, somos muchos los que no comulgamos con estos dos nacionalismos exacerbados que se enfrentan en un campo de batalla que resulta ser  el lugar en que todos vivimos y que ha sido repentinamente, como invadido, muy a nuestro pesar, por dos corrientes opuestas que tratan de anular indiscriminadamente nuestra voluntad, como si no formáramos parte de esta tierra, ni tuviéramos derecho a expresar libremente nuestra opinión y menos aún a que fuera tenida también, en cuenta.
Estamos, hastiados de que tensen la cuerda mientras intentamos inútilmente, desde el centro, que no se rompa por ninguna parte y que pueda intentarse una solución pacífica que nos devuelva a la mayor prontitud, un clima de convivencia que para nuestra desgracia y  por las iniciativas de ambas partes, estamos perdiendo irremediablemente.
Todo sigue adelante, como si hubiéramos dejado de existir y ya sólo quedaran en escena aquellos que se desafían, a garrotazos, negándose sistemáticamente a cualquier posibilidad de entendimiento.

Sobreponiéndonos a esta impresión y declarándonos absolutamente contrarios a todas las acciones que hasta ahora se han puesto en práctica, en este proceso, sólo nos queda apelar a que la inteligencia pueda finalmente triunfar por encima de la sinrazón que se nos pretende imponer por la fuerza y continuar reclamando esa tercera vía de entendimiento que pasa por hablar. Al fin y al cabo, es esa facultad la que nos diferencia de las bestias.

No hay comentarios:

Publicar un comentario