La proclamación de la República Catalana se consumó ayer a medio
día en un Parlament sólo ocupado por los
grupos secesionistas y Podemos, levantando una ola de entusiasmo entre los
miles de personas que aguardaban un momento de tal trascendencia ante el
Palacio de San Jaume y un sentimiento de
tristeza y preocupación en la población que presenciaba el acto sin poder creer
lo que sucedía ante sus ojos.
Se cerraba así, un periodo de incertidumbre que nos había tenido
a todos imaginando desenlaces distintos para un mismo acontecimiento y se
rompía toda esperanza de que el diálogo y la negociación, por la que habíamos
apostado hasta el último instante, acabaran por suavizar el encarnizado
enfrentamiento entre los protagonistas de un conflicto, que finalmente no
pudieron o no quisieron llegar a ningún tipo de acuerdo.
Sólo unas horas más tarde de que los nacionalistas catalanes
hicieran tangible sus sueños, el Presidente Mariano Rajoy celebraba un consejo
de ministros extraordinario, en el que daba curso a la aplicación del artículo
155, aprobada por el Senado y comenzaba a poner en marcha las primeras medidas
propuestas por su Gobierno, comenzando con la destitución al completo del Govern de la Generalitat y el
cierre de un Parlament, en el que continuaban los festejos, por la llegada de
la independencia.
Al mismo tiempo, convocaba sorpresivamente elecciones
autonómicas para el próximo 21 de Diciembre, destituía al director de los mosssos
de escuadra y a los delegados de la Generalitat catalána en Madrid y Bruselas y cerraba las llamadas
embajadas que el Govern había estado instalando durante años, como un anuncio
de su intención de independencia.
El día, que había comenzado con la incertidumbre de no saber
aún cuáles eran las intenciones de Puigdemont y la propagación de las ofertas
que aún le hacían los socialistas de Iceta para que reconsiderara la opción de
acudir al Senado para defender sus argumentos, fue despejando dudas en cuanto
se anunció el comienzo de un pleno, en el que de modo similar a lo que
ocurriera el pasado Septiembre, se fueron rechazando una a una las propuestas
que vinieron de parte de la oposición y aprobando las que provenían de los
integrantes de los Partidos secesionistas, hasta el punto de que al final, se
logró que la votación en la que se decidía la proclamación de la República
fuera en urna y secreta, por lo que nunca podremos saber quiénes fueron los que
propiciaron el triunfo del SI, cosa que complica enormemente la posible
actuación contra ellos de la justicia.
En el momento de la votación, los parlamentarios de PP,
Ciudadanos y PSC, abandonaron la sala y sólo los de Podemos permanecieron en
sus asientos, mostrando, salvo en tres excepciones, las papeletas del NO, antes
de introducirlas en la urna que se exponía en el centro del recinto.
Se consumaba así, algo
que una buena parte de la Sociedad catalana deseaba con todas sus fuerzas y
otra parte temía con igual vehemencia, quedando demostrado con un realismo casi
patético, la enorme fractura que se ha venido gestando en Catalunya durante los
últimos años y que con toda probabilidad, perdurará por encima de lo que pueda
ocurrir en el futuro, por mucho, mucho tiempo.
La noche, que transcurrió en las calles, en un ambiente
festivo, lleno de fuegos de artificio y miles de personas envueltas en
esteladas que reclamaban insistentemente que se retiraran las banderas
españolas de los edificios públicos, sirvió
también, para que se publicaran en el BOE las medidas aprobadas por el Gobierno
de Rajoy y para que se destituyera a Pere Soler y Trapero, cabezas visibles de
los mossos de esquadra, fulminantemente.
El relato de los hechos, que podría definirse como ciertamente
esperpéntico y en el que parecían convivir dos realidades diametralmente
opuestas, supone sin embargo, una de las acciones de mayor gravedad con las que
se haya enfrentado la Sociedad desde la muerte del Dictador y abre un periodo
en el que cualquier cosa pudiera ocurrir, si la Generalitat se negara a cumplir
las órdenes del Gobierno español y una buena parte de la Sociedad catalana
optara por la desobediencia civil, haciendo frente a la aplicación del 155,
aunque fuera de manera pacífica.
¿Cuenta el Estado español con los instrumentos necesarios
para la aplicación de estas medidas propuestas? La verdad es que al no existir
precedentes que puedan ofrecernos la seguridad de que todo el entramado que
conlleva la aplicación del 155, puede llevarse a cabo de manera eficiente, sólo
el paso de los días nos irá relatando lo que pueda ocurrir en Catalunya, en un
futuro que se presenta ciertamente incierto.
Verdad es, que el hecho de que la República no haya sido reconocida
por ningún país del mundo, al menos hasta el momento y que las más grandes
potencias se hayan posicionado abiertamente al lado de Rajoy, no facilita para
nada el comienzo de una nueva nación, pero la realidad es que a los partidarios
de la secesión, poco o nada parece importar, si no es la idea de continuar
adelante con sus sueños.
Muchos catalanes, empezaban anoche a romper sus carnets de
identidad y sus pasaportes, como gesto simbólico de la ruptura con el país que
han venido considerando como su represor, sin querer creer que la llegada de la República que celebraban,
consistía en una mera utopía, carente de cualquier reconocimiento.
Era, como si una ceguera colectiva se hubiera apoderado de la
gente, impidiéndoles distinguir cualquier viso de realidad que pudiera
alejarles, ni una micra, de los argumentos que se han ido grabando a fuego en
sus mentes, durante los últimos tiempos.
Cómo gestionarían su amada República quiénes les han traído
hasta aquí, aislados del mundo, sin medios, sin recursos, sin empresas, sin
empleos y por tanto, sin sueldos, no cupo nunca de sus planteamientos.
El despertar, será seguramente amargo de asimilar y es
probable que muchos de ellos se
pregunten cómo consintieron en ser arrastrados hasta aquí, sin que nadie les
advirtiera de los peligros que conllevaba construir este sueño.
Nada hay peor, que tener que ver cómo las ilusiones se hacen
añicos, cuando las cosas se hicieron con buena voluntad, aunque sin contar de
antemano con que el Poder, con mayúsculas, casi nunca pierde.
Bueno, quizá haya algo peor: tener que abordar la reconstrucción de
todos los apegos que se rompieron durante la elaboración de este proceso.
Algunas de estas heridas, abiertas en su mayoría por la intolerancia de los
unos contra los otros, quizá hayan matado para siempre los valores que
propiciaban una convivencia pacífica entre ciudadanos, amigos e incluso familias, que no fueron capaces de
separar la ideología de los afectos.
Lo que haya de pasar, pasará, pero este tiempo de utopía, ha
dejado sin embargo, en muchos de nosotros, un amargo recuerdo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario