Como si las cosas no estuvieran ya bastante complicadas,
parece que el PP se encuentra dispuesto a llevar a cabo la aplicación del 155,
en Catalunya, aún en el caso de que Puigdemont decidiera
finalmente dar marcha atrás y convoca elecciones autonómicas esta tarde,
volviendo a la legalidad que abandonó, en un pleno de infausto recuerdo.
Esta medida, que en principio no parece complacer a todo el
Gobierno popular, no se ha visto con buenos ojos desde las filas del PSOE, que
amenaza con retirar su apoyo al Presidente, alegando que en el caso de los
acontecimientos tomasen esa deriva, ya no sería necesario seguir adelante con
la intervención y sólo habría que centrarse en preparar una campaña electoral
que por cierto, sería difícil.
Pero el ala más conservadora de los populares no está de
acuerdo en dejar pasar lo ocurrido en Catalunya en los últimos tiempos y reclama,
en pos de ese patrioterismo feroz que suele caracterizarla, una especie de venganza
ejemplarizante que haga desistir para siempre a los separatistas de cualquier
nuevo intento de declaración de independencia, convenciéndoles de la fuerza de
un Estado, dispuesto a llegar dónde se necesario, para preservar la unidad del
país.
Llegados a este punto
y tras la intervención que protagonizó ayer por la tarde el ex President
Montilla en el Senado, todos aguardamos con impaciencia la decisión final de
Puigdemont, un poco ya, sin conservar esa esperanza de que las cosas puedan
solucionarse en el último momento y temiéndonos que pueda pasar lo peor, que
sería en este caso, que Puigdemont cediera a la convocatoria de elecciones
autonómicas y que aún así el PP comenzara la intervención en Catalunya,
inmediatamente.
Pero si el PSOE rompiera entonces el acuerdo al que llegaron
Sánchez y Rajoy, el nexo que parecía unir a los constitucionalistas saltaría
por los aires provocando una situación ciertamente incómoda y extraña, incluso
para el propio Presidente, que seguramente había imaginado que los socialistas
le apoyarían incondicionalmente, hiciera lo que hiciera y que se va a encontrar
con que esa incondicionalidad no era
tal, si oyendo a los dirigentes del PSC, Sánchez no se pliega a las nuevas
exigencias de los conservadores.
Ya recalcaba Montila ayer que la situación que se está
viviendo en Catalunya, nada tiene que ver con la que se imagina desde Madrid y
se quejaba, veladamente, de la dificultad de conocer realmente el corazón del
conflicto desde la distancia, llegando casi a rogar, con la preocupación
reflejada en el rostro, que se evitara por todos los medios la intervención,
sobre todo si se entendía que había buena voluntad por parte del President de
la Generalitat , en el caso de que convocara elecciones.
Mucho nos temíamos nosotros que una vez que se pusiera en
marcha la maquinaria del 155, iba a resultar casi imposible que Rajoy diera
marcha atrás, pues al ataque que ha sufrido su ego, teniendo que ver cómo se
votaba en un Referendum prohibido por el Constitucional, habría que sumar la
división interna que siempre le acompañó en su Partido y el deseo irrefrenable
de poder pasar a la historia como el único vencedor de la contienda, aunque
para ello hubiera que humillar a todos los catalanes.
Quiere el PP, en una palabra, derrotar. Sentar las bases de
una política distinta en un territorio que nunca le fue favorable en el terreno
electoral y hacer patente que la autoridad del Estado, en este caso
representado por Rajoy, no solo resulta ser incuestionable, sino que ni le
duelen ni le dolerían prendas en utilizar todos los medios a su alcance, con
tal de sesgar, de raíz, cualquier posibilidad de que el independentismo catalán
vuelva a levantarse.
Pero no es lo mismo contar para esta intervención sólo con el
apoyo de Ciudadanos, que hacerlo con la del principal Partido de la oposición,
sobre todo, porque la retirada del pacto de los socialistas, bien podría
levantar la liebre en Europa, a la que tal vez convendría mucho más que la
solución del problema viniera por la vía del entendimiento y la concordia, que
por la aplicación de medidas de fuerza.
De manera que mientras esperamos que los acontecimientos sigan
ese curso incierto que nos tiene a todos in albis, a Rajoy y también a Puigdemont, les quedan unas horas
para poder reflexionar hondamente y de nuevo, están solos los dos. Medir sus fuerzas y
limpiar las armas con que se enfrentarán a este duelo, debe ser la rutina que
están siguiendo, cada cual en su sitio y no puede ser fácil para ninguno, la
dureza de este enfrentamiento.
Por el bien de todos, se aconseja cordura y sobre todo, buena
voluntad y limpieza de sentimientos. En este caso, ambos han cometido
gravísimos errores que sin embargo, se pueden y se deben perdonar, si es en pos
de un entendimiento.
Ojalá y así suceda.

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