miércoles, 1 de noviembre de 2017

Miércoles de difuntos


En este primero de Noviembre, que muchos dedican a la veneración y el recuerdo de sus ausentes y que este año divide la semana en dos, como poniendo un punto y aparte en la actualidad que nos circunda y que nos tiene alucinados ante los absurdos acontecimientos que estamos presenciando, escapar del tema de Catalunya, como ha hecho su propio Presidente y dedicar unas horas a la vida familiar, o simplemente a la reflexión personal, para el propio enriquecimiento, se convierte en una tentación  a la que deseamos sucumbir sin resistencia, para ofrecernos a nosotros mismos, un respiro imprescindible para tomar el aire que necesitaremos, de nuevo a partir de mañana, ahora que tenemos por delante la comparecencia de los miembros de la mesa del Parlament, ante el Supremo.
Dicen los meteorólogos que se acercan las lluvias,  que aunque no serán excesivas, servirán para purificar el ambiente, imponiendo un cambio de estación que pudiera representar un punto de inflexión, también en el panorama político,  aún bastante revuelto por lo ocurrido en los últimos meses y sobre todo, en esta última semana en la que hemos vivido, desde la proclamación de una República, hasta la  rocambolesca huida del que hipotéticamente  sería su President, que ha optado por dejar a sus leales seguidores, en una intolerable soledad y aún envueltos en las banderas, por las calles de Catalunya.
Así que hoy decidimos unilateralmente hacer un llamamiento a la convivencia familiar y a contemplar los cielos aún azules que cubren la mayoría de las ciudades en las que vivimos y hasta recurrir a la gastronomía para lograr posturas de consenso, pues de todos es sabido que alrededor de una buena mesa , los problemas suelen minimizarse por sistema y hasta terminan desapareciendo, sobre todo si lo que se sirve agrada a las mayorías y va generosamente acompañado por unos buenos caldos , sin que importe demasiado la procedencia.
Otra opción podría ser la de pasear por el campo contemplando los intensos colores con que tiñe el Otoño las hojas de miles de árboles y hasta arriesgar en algún deporte de aventura, que no tenga, por favor, ninguna connotación política o incluso, simplemente, hablar, que cuando se reúnen  los amigos, resulta ser el mejor bálsamo para curar las viejas y nuevas heridas, a base de comprensión y cariño.
Tampoco está mal quedarse en casa sin quitarse el pijama, abandonándose al dolce far niente, manteniendo apagada la televisión y renunciando al enganche del móvil o los ordenadores, para centrar nuestra atención en un buen libro, cosa que si todos practicáramos con mayor asiduidad, bien podría solucionar muchos de los enfrentamientos que surgen en la vida, más que nada, porque aporta conocimientos.
Si a  esto añadiéramos el placer de mirar por la ventana, poniendo en práctica la diversión de inventar historias de cada una de las personas que  vemos transitar por las aceras, el tiempo, que podría considerarse perdido, no sería tal, pues hasta podría surgir de estas invenciones una jugosa novela, de esas urbanas que tanto gustan a determinados grupos de intelectuales, porque desnudan a los personajes hasta exprimir su esencia por completo.

Hagan, en fin, lo que mejor les plazca y háganlo, como buenamente quieran. Procuren deshacerse de sus cargas emocionales, de sus preocupaciones y sus miedos y alégrense de ser capaces, sólo de vez en cuando, de mandar la mierda las penurias que nos ofrece la vida, como si el mundo fuera de color de rosa y ustedes y yo, libres como el viento, para hacer lo que se nos venga en ganas, placenteramente.

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