Aunque parecía que la Gurtel había sido fagocitada por el
problema de Catalunya y que todo estaba saliendo para el PP de manera muy
favorable a causa de este inexplicable
silencio, la verdad es que los acontecimientos han ido siguiendo su curso y ayer, veíamos al Comisario Jefe de
la UDEF compareciendo ante una comisión en el Parlamento y respondiendo todas
las preguntas que tuvieron a bien hacerle sus Señorías, sobre este caso de
corrupción, cuyos hilos se extienden por todo el territorio nacional y del que
tanto hemos hablado, a lo largo del tiempo.
La intervención alcanzó su punto álgido cuando Carolina
Bescansa, aludiendo al tema de los sobres de dinero negro que presuntamente
habían estado cobrando, un buen número de figuras relevantes del PP y consiguió
que Morocho le fuera respondiendo una a una, la mención de una serie de
personajes entre los que figuraban Francisco Álvarez Cascos, Javier Arenas y el
propio mariano Rajoy, a los que el Inspector consideraba indiciariamente como
receptores de ciertas cantidades, tal como reflejaban los conocidos papeles de Bárcenas.
Admitiendo también que todos los que habían ocupado el cargo
de Secretarios Generales del Partido Conservador se encontrarían en esa lista
del mismo modo que los anteriores, Morocho daba la razón a lo que los medios
han venido publicando por activa y por pasiva, durante muchos años y que siempre
ha sido desmentido tajantemente por los
populares, que esperaban quizá que los indicios fueran desapareciendo, con el
paso del tiempo.
Lo que pudo escucharse ayer en el Parlamento, aunque
coincidió en hora, con la foto de los Alcaldes separatistas en Bruselas y el
durísimo alegato de Puigdemont, vino a demostrar que la otra actualidad, esa
que parece haber pasado a un segundo plano, con el asunto catalán, está muy
viva y que sólo la magnitud de los casos de corrupción que se encuentran en
manos de los jueces, impide que hayamos tenido la oportunidad de que los juicios
terminen y finalmente, conozcamos las sentencias.
Ahora que las cosas parecían haberse encarrilado para Rajoy y
los suyos, que se han auto declarado formalmente vencedores en el conflicto
catalán y habiendo conseguido el apoyo de Ciudadanos y PSOE, para la aplicación
del 155, las impertinentes declaraciones de Morocho, vienen a recordar a los
ciudadanos que la corrupción en el Partido Popular no ha sido un mal sueño y
que el asunto de la financiación ilegal y el cobro de sobresueldos continúan
estando muy presentes entre nosotros, que no descansaremos hasta que se
esclarezca del todo la verdad de lo ocurrido con el dinero oculto y la
identidad de los protagonistas de esta rocambolesca historia de extorsiones y
despilfarro.
La veracidad que otorga la policía a los llamados papeles de
Bárcenas, no puede ser más evidente y si finalmente llegara a demostrarse que
todo ocurrió como el ex tesorero refleja en sus anotaciones, estaríamos ante la
tesitura de tener un Presidente que se habría beneficiado de cantidades
importantes, procedentes de una caja B y que tiene la desvergüenza de
permanecer en su cargo, como si tal delito fuera algo perfectamente natural, en
todas las sedes de los Partidos políticos.
No crea Rajoy que su guerra particular con Catalunya conseguirá
tapar sus vergüenzas, ni que podrá manejar a la opinión pública con la misma facilidad
que lo ha venido haciendo, en muchas ocasiones, porque para bien o para mal, la
composición actual del Parlamento no es ya, ni por asomo, la que era y existen
determinadas Fuerzas empeñadas en destapar lo que se ha venido cociendo en las
trastiendas de las sedes nacionales conservadoras, con la aquiescencia tácita
de los líderes más significativos, señalados en su mayoría, en los mencionados
papeles.
Tampoco algunos medios dejarán pasar por alto estos hechos,
que sumados a otros anteriormente conocidos, van dando forma al intrincado puzle
de corrupción política con la que llevamos tanto tiempo conviviendo y que con
toda probabilidad, nunca terminaremos de conocer del todo, al existir tantos
impedimentos, pero que los profesionales de la información no dejarán caer en
el olvido, si quieren conservar el prestigio y la integridad que les
caracteriza.
Igual que ocurriera con los papeles de Panamá o con los
recientemente publicados, papeles del paraíso, la colaboración entre
periodistas de investigación de probada seriedad, resulta ser absolutamente
necesaria, para que estos asuntos también puedan tener el final feliz que todos
deseamos que tengan.
Puede que la cuestión catalana nos haya estado alejando un
poco de todo lo demás y hasta que ustedes creyeran que habíamos aparcado, sine
die, asuntos de la trascendencia del que nos ocupa y otros igualmente
importantes. Nada más lejos de nuestra voluntad. Aquí seguimos, pendientes de
la realidad más latente, pero guardando, como un tesoro, toda la información
que almacenamos durante largos años de trabajo y que como ven, solemos sacar en
cuanto las circunstancias así lo permiten, pudiendo dejar en un segundo plano a
Puigdemont en Bruselas y hasta sin preguntarnos qué puede pasar con la mesa del
Parlament, cuando sus miembros comparezcan en el Supremo.

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