martes, 21 de noviembre de 2017

Del todo inaceptable


El renacimiento de la extrema derecha española, a causa del problema catalán y el recrudecimiento de un discurso que creíamos residual, desde hacía muchos años, queda palpablemente demostrado con la aparición de los mensajes intercambiados en un grupo de Whatsapp, formado por más de un centenar de policías locales del Ayuntamiento de Madrid, que han salido a la luz dejándonos absolutamente indignados, por los gravísimos contenidos que manifiestan los que deben velar por la seguridad de los ciudadanos, o al menos, eso creíamos hasta ahora.
Dando muestras de una marcada ideología claramente fascista y jactándose de ser una especie de vengadores de todas aquellas situaciones que ellos consideran injustas, no sólo amenazan de muerte a la Alcaldesa Manuela Carmena, a la que califican como “vejestorio despreciable” , mientras se duelen de que no estuviera presente en el despacho de abogados de Atocha, el día  que se perpetró la matanza de los abogados laboralistas, sino también a periodistas e informadores, en particular de La Sexta, entre los que se encuentran Ana pastor y Antonio Ferreras y a líderes políticos como Pablo iglesias y Rufian, a los que desean que mueran en una  explosión provocada, para terminar con esta Cadena televisiva.
Su discurso, que además añade una flagrante xenofobia, cuando hablan de la necesidad de reavivar la técnica de los hornos crematorios utilizados por las SS, en los campos de concentración nazis, para incinerar en ellos a todos los extranjeros que llegan a España en condiciones francamente inhumanas, mientras ensalzan sin pudor la propia figura de Hitler, supone en sí mismo, un atentado sin paliativos contra la totalidad de los ciudadanos, cuya seguridad depende directamente de estos individuos incalificables, que además portan armas, como corresponde a su oficio.
Qué clase de objetividad se puede esperar de estos fascistas de uniforme que recorren las calles de Madrid, a diario, paseando su odio manifiesto hacia todos aquellos que no coinciden con su deleznable pensamiento, es una incógnita que debe ser inmediatamente resuelta por el Ministerio de Interior, que debiera suspenderles para siempre de sus funciones, devolviéndoles a esas manadas perfectamente estructuradas para sembrar el pánico entre la gente de a pie, a las que pertenecen y actuar después contra ellos, por la terrible naturaleza de sus delitos.
Ahora que tanto se habla sobre la legalidad de los comentarios vertidos a través de las redes y que se acaba de implantar una medida por la que retwitear frases a favor del terrorismo, será considerado delito, parece impensable admitir que esta rebaño faccioso continúe, a día de hoy, en pleno cumplimiento de sus funciones, como si sus manifestaciones no fueran en sí mismas, motivo suficiente para que los fiscales abrieran, con carácter de urgencia, una investigación sobre las actividades que desarrollan en su vida personal y que no deben ser precisamente legales, en honor a lo que escriben en las redes.
Y no bastaría con una inhabilitación temporal que les separara de sus funciones durante unos meses, sino que habrían de ser expulsados del cuerpo, sin posibilidad de retorno, pues de sus mensajes se desprende la posibilidad de que constituyan  un peligro para la Sociedad, si se tiene en cuenta la orientación de su ideología y las intenciones expresadas en ellos.
No vendría mal, visto lo visto, mantener una observación permanente de estos grupos, que aprovechando el conflicto catalán, parecen haber renacido de sus propias cenizas y a los que quizá no se ha prestado en nuestro país suficiente atención, por considerar que no resultaban representativos en el conjunto de una sociedad, que huía como de la pólvora de todo aquello que pudiera recordarle, los amargos años de la pasada dictadura   franquista.
Ayer mismo, pudimos ver por el centro de Madrid, manifestaciones que sin embargo, celebraban el aniversario de la muerte del dictador, haciendo gala de símbolos pre  constitucionales y amedrentando, con su actitud provocadora e insolente, a cualquiera que pasara a su lado, desfilando a paso militar, sin ser siquiera molestados por los agentes que contemplaban esta escena, como sacada de otros tiempos.
Las palizas de Valencia y los enfrentamientos en los bares de la Capital, ocurridos hace apenas unas semanas, se han saldado con tan pocas detenciones, que el propio juez que lleva el caso ha reclamado una investigación más profunda, para tratar de dar con la mayoría de los protagonistas de estos actos de violencia y también para tratar de entender la tibieza de la policía, a la hora de haberlos controlado en las calles
Tras la aparición de los mensajes a los que hemos hecho referencia al comienzo de este artículo, una sombra de sospecha se cierne sobre este cuerpo de la policía local de la Capital, inevitablemente y sólo deseamos que la presencia de estos individuos, quede reducida a la centena que participa en este grupo de whasapp y que su actitud no constituya la tónica general en que se mueve la mayoría de estos agentes.
Ahora, depende de los  jueces que estas escenas tan terribles no puedan volver a repetirse, amparadas en la impunidad de un uniforme.

No olvidemos que entre todos pagamos los salarios de estos individuos y que evidentemente, queremos tener la certeza de que nuestra seguridad queda en manos de funcionarios verdaderamente profesionales, que salen a las calles, sin prejuicios sobre los ciudadanos y Cargos políticos, a los que teóricamente, protegen. 

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