El renacimiento de la extrema derecha española, a causa del
problema catalán y el recrudecimiento de un discurso que creíamos residual,
desde hacía muchos años, queda palpablemente demostrado con la aparición de los
mensajes intercambiados en un grupo de Whatsapp, formado por más de un centenar
de policías locales del Ayuntamiento de Madrid, que han salido a la luz
dejándonos absolutamente indignados, por los gravísimos contenidos que
manifiestan los que deben velar por la seguridad de los ciudadanos, o al menos,
eso creíamos hasta ahora.
Dando muestras de una marcada ideología claramente fascista y
jactándose de ser una especie de vengadores de todas aquellas situaciones que
ellos consideran injustas, no sólo amenazan de muerte a la Alcaldesa Manuela Carmena,
a la que califican como “vejestorio despreciable” , mientras se duelen de que
no estuviera presente en el despacho de abogados de Atocha, el día que se perpetró la matanza de los abogados
laboralistas, sino también a periodistas e informadores, en particular de La
Sexta, entre los que se encuentran Ana pastor y Antonio Ferreras y a líderes
políticos como Pablo iglesias y Rufian, a los que desean que mueran en una explosión provocada, para terminar con esta Cadena
televisiva.
Su discurso, que además añade una flagrante xenofobia, cuando
hablan de la necesidad de reavivar la técnica de los hornos crematorios
utilizados por las SS, en los campos de concentración nazis, para incinerar en
ellos a todos los extranjeros que llegan a España en condiciones francamente
inhumanas, mientras ensalzan sin pudor la propia figura de Hitler, supone en sí
mismo, un atentado sin paliativos contra la totalidad de los ciudadanos, cuya
seguridad depende directamente de estos individuos incalificables, que además
portan armas, como corresponde a su oficio.
Qué clase de objetividad se puede esperar de estos fascistas
de uniforme que recorren las calles de Madrid, a diario, paseando su odio
manifiesto hacia todos aquellos que no coinciden con su deleznable pensamiento,
es una incógnita que debe ser inmediatamente resuelta por el Ministerio de Interior,
que debiera suspenderles para siempre de sus funciones, devolviéndoles a esas
manadas perfectamente estructuradas para sembrar el pánico entre la gente de a
pie, a las que pertenecen y actuar después contra ellos, por la terrible
naturaleza de sus delitos.
Ahora que tanto se habla sobre la legalidad de los
comentarios vertidos a través de las redes y que se acaba de implantar una
medida por la que retwitear frases a favor del terrorismo, será considerado delito, parece
impensable admitir que esta rebaño faccioso continúe, a día de hoy, en pleno
cumplimiento de sus funciones, como si sus manifestaciones no fueran en sí
mismas, motivo suficiente para que los fiscales abrieran, con carácter de urgencia,
una investigación sobre las actividades que desarrollan en su vida personal y
que no deben ser precisamente legales, en honor a lo que escriben en las redes.
Y no bastaría con una inhabilitación temporal que les
separara de sus funciones durante unos meses, sino que habrían de ser
expulsados del cuerpo, sin posibilidad de retorno, pues de sus mensajes se
desprende la posibilidad de que constituyan un peligro para la Sociedad, si se tiene en
cuenta la orientación de su ideología y las intenciones expresadas en ellos.
No vendría mal, visto lo visto, mantener una observación
permanente de estos grupos, que aprovechando el conflicto catalán, parecen
haber renacido de sus propias cenizas y a los que quizá no se ha prestado en
nuestro país suficiente atención, por considerar que no resultaban
representativos en el conjunto de una sociedad, que huía como de la pólvora de
todo aquello que pudiera recordarle, los amargos años de la pasada
dictadura franquista.
Ayer mismo, pudimos ver por el centro de Madrid,
manifestaciones que sin embargo, celebraban el aniversario de la muerte del
dictador, haciendo gala de símbolos pre
constitucionales y amedrentando, con su actitud provocadora e insolente,
a cualquiera que pasara a su lado, desfilando a paso militar, sin ser siquiera
molestados por los agentes que contemplaban esta escena, como sacada de otros
tiempos.
Las palizas de Valencia y los enfrentamientos en los bares de
la Capital, ocurridos hace apenas unas semanas, se han saldado con tan pocas
detenciones, que el propio juez que lleva el caso ha reclamado una
investigación más profunda, para tratar de dar con la mayoría de los
protagonistas de estos actos de violencia y también para tratar de entender la
tibieza de la policía, a la hora de haberlos controlado en las calles
Tras la aparición de los mensajes a los que hemos hecho
referencia al comienzo de este artículo, una sombra de sospecha se cierne sobre
este cuerpo de la policía local de la Capital, inevitablemente y sólo deseamos
que la presencia de estos individuos, quede reducida a la centena que participa
en este grupo de whasapp y que su actitud no constituya la tónica general en
que se mueve la mayoría de estos agentes.
Ahora, depende de los
jueces que estas escenas tan terribles no puedan volver a repetirse, amparadas
en la impunidad de un uniforme.
No olvidemos que entre todos pagamos los salarios de estos
individuos y que evidentemente, queremos tener la certeza de que nuestra
seguridad queda en manos de funcionarios verdaderamente profesionales, que
salen a las calles, sin prejuicios sobre los ciudadanos y Cargos políticos, a
los que teóricamente, protegen.

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