viernes, 10 de noviembre de 2017

Una resolución razonable


A primera hora de la noche de ayer, el Juez del Tribunal Supremo encargado del caso de los miembros de la mesa del Parlament catalán, dictaba para Carme Forcadell auto de prisión eludible, con fianza de 150.000 euros y multas de 25.000, para quiénes la acompañaban, a excepción del  parlamentario de Podemos, que salió absuelto,  tal como se esperaba al no haber participado, de facto, en la supuesta declaración de independencia.
La Presidenta, que  era trasladada a la prisión de Alcalá Meco en un coche camuflado y que en todo momento contó con el apoyo de un puñado de admiradores que aguardaron durante todo el día, ante las puertas del recinto, ha depositado, a través de sus abogados, el montante de la fianza a primeras horas de la mañana, por lo que se considera inminente su salida  e inmediato traslado a Barcelona, dónde no podemos precisar, qué recibimiento le aguarda.
Fue la de ayer, una jornada larga, en la que se produjeron una serie de incongruencias por parte de los declarantes, que abandonaron la hoja de ruta marcada por los líderes secesionistas, desde prisión y desde Bruselas y cuentan que las escenas que se produjeron en la sala, parecían estar encaminadas fundamentalmente a evitar por todos los medios la encarcelación y sobre todo, a convencer al Juez de que no existía el menor riesgo de reincidencia, llegando algunos a manifestar su intención de retirarse de la vida política y otros, la de reconducir por la vía de la legalidad, sus propias exigencias.
Así que contradiciendo ostensiblemente la decisión de la Juez Lamela, las medidas cautelares adoptadas por el Magistrado parecieron ser mucho más razonables, en relación con los delitos que se relataban, por lo que han sido aceptadas por la mayoría con un respiro de satisfacción, aunque Puigdemont se apresurara, desde su placentero retiro, a reiterar el argumento de que su gente estaba siendo juzgada por la naturaleza de su pensamiento.
Poco han tardado los Partidos de derechas en tachar de cobardes a Forcadell y a los otros implicados en el caso, a pesar de haber estado reclamando por activa y por pasiva, que el primer paso que debían dar los secesionistas era la vuelta a la legalidad, pero ya sabemos por experiencia de muchos años, que a los conservadores de este país nunca les ha bastado con ganar las batallas, sino que parece que les complace de manera especial mancillar el honor de  los vencidos y regocijarse sin medida, de la importancia  de su victoria.
Tampoco creo que haya sentado especialmente bien a los suyos, estos pasos atrás, que se han decidido a dar los miembros de la mesa del Parlament, con su Presidenta a la cabeza, pues el acatamiento del 155 y la aceptación de que la declaración unilateral de independencia consistió únicamente en un gesto simbólico, echa por tierra todos los argumentos que esgrimen los que reclaman en la calle la libertad de los presos, pues en cierto modo, los declarantes admitieron ayer que todos los implicados en la causa secesionista habrían traspasado los límites de la Ley y que se hallaban, al menos en su caso, dispuestos a volver a ella, independientemente de lo que pensaran el President  y los Consellers en el exilio y los que continúan encarcelados, que representan a la totalidad de un Govern, ahora relevado por Rajoy y sus Ministros.
Sin embargo, a los que nos hemos negado desde el principio a colocarnos al lado de ninguno de los contendientes que han participado en esta batalla, nos pareció que la postura adoptada por Forcadell y sus compañeros fue quizá la más coherente, o al menos, la  más encaminada a poder arbitrar un camino de entendimiento entre las partes, para que los catalanes puedan votar con cierta tranquilidad, el próximo 21 de diciembre.
Si hubo traición o no hacia los suyos, es  un problema que habrán de resolver entre ellos y entre ellos sabrán qué estrategia habrán de adoptar a partir de ahora para solventar el ruido ensordecedor que resuena a nivel interno en las filas del independentismo y que seguramente, terminará por colocar de nuevo a los miembros de los Partidos que iniciaron juntos esta aventura, nuevamente en el lugar que ocupaban antes de que decidieran unirse, forjando una amistad, que por motivos meramente ideológicos, estaba condenada a romperse.
Así, los de la antigua Convergencia, con Puigdemont a la cabeza, tendrán que responder ante sus seguidores por la huida hasta Bruselas y por la rendición de Forcadell, mientras que los de Esquerra podrán adjudicarse mayor gloria, por el hecho de haber permanecido firmes en su apuesta e incluso por la encarcelación de Junqueras, que siempre nos ha parecido que sería finalmente, el auténtico vencedor de esta historia.
Lo que aguarde a Forcadell en las calles, ya se verá, pero puede que muchos de los que hasta ayer mismo le gritaban su apoyo, envueltos en las esteladas y seguros de la firmeza de su pensamiento, hoy o le nieguen el saludo o la abucheen directamente tachándola de traidora y borrándola de su lista de héroes por la causa, por las afirmaciones que le han supuesto la libertad, pero que dañan sensiblemente la imagen que sus partidarios tenían hasta este momento, de su lealtad hacia el proceso.
Lo mismo ocurrirá con los otros miembros de la mesa, que la acompañaron en sus declaraciones, por lo que se podría afirmar que está empezando a producirse la primera fractura seria entre los partidarios del secesionismo y que todo lo que se había hecho hasta ahora, queda, como ensombrecido, por el paso atrás que se ha dado, aunque la intención haya sido, para quiénes no se encuentran implicados en el asunto, extraordinariamente buena.
Hace falta que las aguas vuelvan a su cauce, que la tensión se relaje y que mucha gente pueda reconciliarse con familiares y amigos a los que perdieron por razones que todos conocemos sobradamente.

Catalunya necesita recomponerse y dejar de mirar al pasado, para empezar a caminar de cara a un futuro que, en principio, ya se presenta complicado, pero que puede y debe resolverse.  

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