Han sido tantas las cosas que hemos tenido que soportar en
este país, a causa de los casos de corrupción en los que se han visto
implicados miles de personajes de relevancia política, que hemos llegado a un punto
en que ya ni siquiera nos sorprenden las declaraciones vertidas en los juicios
que se están celebrando en la actualidad, aunque a veces se asemejan peligrosamente
a los que hemos podido ver en las películas de gánsteres y mafiosos que se
hicieron tan populares entre la gente y
que narraban situaciones imposibles de imaginar cómo cercanas, pero que se
parecen bastante a las que estamos sufriendo en carne propia, en estos precisos
momentos.
Basten como ejemplo, esas horas de conversaciones grabadas,
entre líderes conservadores, que no dejan lugar a dudas sobre el manejo
descarado de los fondos a repartir, ni del favoritismo insolente que se
practicaba a cambio de las millonarias donaciones recibidas, por medio de la
extorsión y que garantizaban también, en muchos casos, trabajos espléndidamente
remunerados, para familiares y amigos de los empresarios implicados en las
tramas, en unos momentos en los que el mercado laboral, se había convertido
para los ciudadanos, en un camino de espinas.
No es la primera vez que oíamos a Zaplana y González
conspirando a través del teléfono, sacando trapos sucios de sus propios
compañeros de Formación, pero nunca habíamos tenido la oportunidad de escuchar
una crítica tan feroz hacia el que fuera su propio Partido, como en las
grabaciones que conocíamos hace unos días y en las que además de calificar a
Esperanza Aguirre como una clasista sin corazón, se dolían del trato recibido por
parte del aparato de Génova, calificando al PP, literalmente, como una mierda.
Estas conversaciones, que veían la luz al mismo tiempo en que
un Inspector de la UNED se atrevía a identificar a Mariano Rajoy, indiciariamente, como uno de los
perceptores de los sobres de dinero negro que aparecen en los papeles de
Bárcenas, coincidían también con la
flagrante demostración de la destrucción de los ordenadores del ex tesorero y
con las confesiones del arrepentido Marjariza, que acusaba a Granados de
ordenarle la incineración de tres carros de papeles comprometedores, a ser
posible, en algún día de niebla.
Con este tipo de cosas convivimos a diario, en una aparente
normalidad, aunque preguntándonos abiertamente cómo pueden continuar en su
cargo los responsables políticos directos de estos hechos y qué más tendría que
pasar a partir de ahora, para que este Presidente de Gobierno, que tiene la
espada de Damocles oscilando sobre su cabeza, presente una dimisión que en
cualquier otro país del mundo se hubiera producido, por la mera sospecha.
Este paisaje yermo que se cierne a nuestro alrededor, sin
esperanza alguna de que esta tierra nuestra pueda llegar a jamás a ser un
vergel, continúa existiendo porque un amplia mayoría de españoles ha decidido,
con su pasividad y su silencio, convertirse en cómplice de los delitos
cometidos por aquellos a los que votan una y otra vez, pareciendo resignados a
una suerte negra que no permite progresar al país al que pertenecen, sin que
podamos entender la causa de esta extraña fidelidad, que no puede, sino
provocar una profunda desesperación, en los que creemos que las cosas pueden y deben
cambiarse, con carácter de urgencia.
Buscando un símil con el que poder comparar a estos leales
electores a los que nada parece importar ser saqueados por aquellos a los que
votan reiteradamente, se me ocurre que su enajenación debe ser, parecida a las
que sufren las mujeres maltratadas, a las que su opresor anula la voluntad para
continuar dominándolas de por vida y que se encuentran, en el fondo, tan
enganchadas al tirano, que no son capaces de escapar del calvario que sufren,
llegando a perder la vida, sin atreverse a dar el paso que las aleje de tan
deleznables compañeros.
Alguna esperanza nos queda en que cuando concluyan los
juicios en curso y la culpabilidad de estos personajes quede demostrada
fehacientemente, una buena parte de sus seguidores, pueda quizá cambiar de
opinión, propinándoles el durísimo castigo electoral, que sin duda merecen,
desde hace demasiado tiempo.
Y aunque en las encuestas continúan ganando a sus oponentes
políticos y el asunto de Catalunya les ha dado cierto respiro, como demuestran
las últimas declaraciones del señor Presidente, los hechos que son los que son
y que no pueden ser cambiados a voluntad, les perseguirán de manera tozuda,
durante el resto de sus carreras políticas.
Puede que el meollo de este asunto se encuentre estrechamente
relacionado con la poca talla que ofrecen determinados Partidos de la oposición
y que el único modo de sacar del Gobierno a los conservadores y terminar de
raíz con la plaga de corrupción que trajeron con ellos, a su llegada al poder,
sea ofrecer a los ciudadanos programas electorales de cierta seriedad y sobre
todo, asegurar desde el principio, que se cumplirán estrictamente.
Mientras esto no ocurra, mientras algunos continúen nadando a
dos aguas, por miedo a la venganza o simplemente por laxitud en su comportamiento, no les quepa duda de
que las cosas seguirán como están y la esperanza de que las condiciones de vida
de todos mejoren, continuará siendo una utopía que sólo se hará realidad,
cuando alguien se atreva a cambiar este Sistema, buscando una justicia real,
que nos compense de los sufrimientos vividos, en estos años de sometimiento.

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