En esto de los Paraísos Fiscales, que existen para beneficiar
en exclusiva a las clases privilegiadas y que la gente normal casi no conocía,
hasta que empezaron a destaparse escándalos como el de los Papeles de Panamá y
ahora, los del Paraíso, suele darse la curiosa coincidencia de que quiénes
decidieron transportar allí el grueso de sus bienes más preciados, son en su
mayoría, fogosos patriotas de banderita y golpe de pecho, aunque poco parece
importarles, a juzgar por lo que vamos
conociendo, beneficiar con el pago riguroso de sus correspondientes impuestos,
a ese país que tanto dicen amar, a través de los exacerbados discursos que
exhiben y en los que muestran ese orgullo nacional, que a otros menos ricos nos
parece, perdónenme, pelín hortera.
Tanta pulsera roja y
gualda, tanta chaqueta verde acolchada, tanta gomina y tanto brillo en los
zapatos de piel, encabezando las manifestaciones de moda sobre la unidad del
suelo patrio y coreando el “Viva España” a voz en grito, en medio del ambiente
pijotero en el que se mueven como pez en el agua, para que después nos
enteremos que detrás de esa fachada de impecable pulcritud, se esconden
delincuentes expertos en evadir capitales a islas de arenas blancas, repletas de edificios coloniales y hoteles de
lujo, en los que pernoctar, mientras se ponen de acuerdo con cualquiera de las
múltiples entidades bancarias del lugar,
para ocultar al fisco, en este caso español, la verdadera naturaleza de su
riqueza.
Son éstos, esos llamados ciudadanos ilustres que miran con
recelo y odian a muerte a cualquiera que simpatice con Partidos como Podemos y
que se encargan de poner en circulación rocambolescas historias sobre la
financiación de los mismos, creyéndose en su fuero interno, como de una raza
superior a la de la gente como nosotros, honrados trabajadores, que cada año
les ofrecemos una lección de ética y pundonor, respondiendo religiosamente a la
llamada de la hacienda pública, para compartir con todos los demás, incluidos
ellos, lo poco o lo mucho que tenemos.
Entretanto, los maletines de dinero, las obras de arte, las
joyas e incluso los bienes inmuebles, son gestionados a través de esas extrañas
sociedades off shore, que sólo a veces se regularizan a medias, cuando llega a
la cartera de Hacienda un Ministro del corte de Montoro, que pone en marcha una
amnistía fiscal, para que las llamadas “buenas familias” puedan volver al redil
de la legalidad, a un costo, que ya quisiéramos para nosotros cuando tenemos la
necesidad de solicitar algún préstamo.
Este curioso patriotismo, al que dicen servir una buena parte
de estos personajes de renombre, en cuyas trastiendas se esconden quizá
demasiados secretos, es sin embargo, aceptado por el Gobierno actual con
entusiasmo y hasta me atrevería a decir que como un derecho reservado, en
exclusividad, a esa élite de españoles, es sin embargo, una mera pantalla de
ilusión, tras la que se guardan los trapos sucios de una clase preferente,
acostumbrada durante años a delinquir de manera continuada y reincidente, sin
que jamás se la haya presentado ante la justicia, exigiéndole el pago
correspondiente, a la naturaleza de sus delitos.
La lista, que por ser interminable, sería estúpido repetir,
incluye a igualmente a nobles, empresarios, banqueros, galeristas, cosnstructores,
actores y cantantes, herederos sin oficio conocido y hasta algún que otro
Ministro o Cargo político de relevancia, pero eso sí, todos declarados
ardientes defensores de los colores patrios y en general, devotos católicos de
misa diaria, quizá porque en el fondo tienen mucho que hacerse perdonar y los
confesores no cobran por ello.
Efectivamente, su patriotismo termina en cuanto aparece el
primer euro de sus cuantiosas fortunas, ya que deben considerar que el dinero
es apátrida, al carecer como bien material que es, de esos sentimientos
reservados en exclusividad a los seres humanos, aunque muchos carezcan de ellos, cuando se habla de
solidarizarse con los más desfavorecidos, seguramente porque nunca
pertenecieron, ni pertenecerán, a las élites dominantes de las altas esferas.
Así que habría que deducir que además de pobres, somos tontos
y que esa seriedad que demostramos cada vez que pagamos el montante
correspondiente a nuestros impuestos y que permite, mal que bien, el
funcionamiento de las Instituciones de nuestro país, sólo se nos está exigiendo
rigurosamente a nosotros, mientras a estos patriotas de pacotilla, se les exime
año tras año del deber de colaborar con sus impuestos, al desarrollo y el
progreso de esa nación, en la que viven de puta madre.
A esto, nada parecen tener que objetar los Ministros del
señor Rajoy, mientras los evasores continúen ofreciéndoles sin reservas el
grueso de sus votos y mientras se pueda contar con ellos, cada vez que se
organice un acto dónde ondeen las banderas de España, cada vez más grandes, por
cierto.
Nosotros, somos, otra clase de patriotas, que sin hacer
ostentación de símbolos representativos,
ni participar en algaradas festivas en apoyo a las causas propuestas por el
Gobierno, sustentamos con nuestra contribución, ese país que ellos disfrutan mucho más que
nosotros, pues la diferencia entre niveles adquisitivos no se podría comparar,
aunque eso sí, al menos podemos decir, que dormimos con la conciencia tranquila
y podemos levantar la cabeza, con honor, cuando decimos que somos españoles.

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