A punto de concluir el juicio que se lleva a cabo contra los
cinco jóvenes pertenecientes a un grupo
denominado “la manada” , a los que se
acusa de haber violado a una chica, en un portal de Pamplona, durante las
fiestas de San Fermín, una buena parte de las mujeres del país, aguardamos que
toda la contundencia de la Ley, caiga sobre estos casos ignominiosos e
inaceptables, que se convierten en uno de los peores ejemplos de violencia de
género, al atentar directamente y sin paliativos, contra la intimidad y la
voluntad de las víctimas.
En esta historia, en particular, de la que todos hemos oído
hablar a través de los medios y en la que concurren una serie de circunstancias
espantosas, que no desearíamos repetir,
por no ahondar en la gravísima herida personal que debe haber sufrido esta joven,
caben, presuntamente, una serie de ignominiosos delitos, que podrían decir mucho sobre la personalidad de estos
carpetovetónicos atacantes, que refugiándose en la noche y actuando en grupo,
se permiten, no sólo abusar de manera despreciable
de una chica a la que acaban de conocer, sino además, grabar, con alevosía, la
perversidad de sus acciones y compartir el vídeo, a través del móvil, con una
serie de personajes que deben pertenecer también, a este submundo en el que se
mueven los acusados, como jactándose de
haber llevado a cabo una hazaña, que demuestra su exacerbado machismo.
“Follándonos a una entre cinco”, reza el mensaje con el que
coronan el envío a través de Whassapp, que después intentan borrar, una vez que
comprenden que la joven podría denunciar la agresión y que la policía recupera,
con manos artesanas y que seguramente, resonará para siempre en los oídos de esta víctima, a la que además, someten a la
vigilancia de un detective privado, tras haber sido detenidos, para intentar
demostrar ante el juez que sus esfuerzos por recuperar una vida normal, después
de la brutal tragedia, podrían ser una prueba que creara una duda razonable,
sobre la veracidad de los hechos.
La reacción de cientos de miles de mujeres del país, no se ha
hecho esperar y el mensaje de “Yo te creo”, ha empezado a circular por las redes
de manera galopante, hasta conseguir que el juez retire esta prueba presentad a
por las defensas y que incide directamente, sobre la intimidad de la víctima.
Pronto conoceremos la sentencia que se dicte sobre estos
acusados y que de demostrarse finalmente su culpabilidad, podría sentar un precedente
capaz de transformar la manera de enfocar las miles de historias parecidas a
ésta que ocurren a diario en este país, sin que los agresores hayan pagado, en
la mayoría de las veces, todo lo que les correspondería, por la terrible
naturaleza de sus delitos.
Las mujeres en general, que nos sentimos dueñas de nuestros cuerpos y sobre todo de nuestra
capacidad a la hora de poder decidir con quién o quiénes deseamos mantener
relaciones, libremente, no podemos ni queremos tolerar que este tipo de
situaciones se conviertan en simples sucesos anecdóticos, que son tratados por
quiénes corresponde, con un exceso de benevolencia.
No hay olvido ni perdón para quiénes aprovechándose de su
fuerza, violentan la intimidad de otras personas, anulando su voluntad por un
mero instinto animal que les convierte en meros entes irracionales, incapaces
de entender los sentimientos que albergan los seres humanos, por derecho y que
se atreven a compartir con los demás, los deleznables actos que cometen, como
simbolizando una forma de hombría que habría que desterrar para siempre de nuestra
Sociedad, por la podredumbre que representa su recalcitrante pensamiento.
Yo, también creo a esta víctima, de cuya inocencia se duda
con tal ligereza y me solidarizo con su dolor, que podría haber sido el de cualquier
mujer que hubiera tenido la mala fortuna de tropezar con estos tipos, aquella
noche.
Esperanzadas en que esta solidaridad pueda cambiar en algo,
el modo de entender las relaciones entre hombres y mujeres, sólo esperamos que
la justicia cumpla estrictamente con lo que de ella se espera y este terrible caso
se salde con sentencias contundentes, que envíen a estos individuos a la cárcel
por una buena temporada y a ser posible, sin ningún tipo de privilegio.

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