martes, 7 de noviembre de 2017

Como en casa


Ahora que Puigdemont y sus Consellers han sido bendecidos con cierto grado de tranquilidad, por las medidas cautelares   firmadas por el juez belga, han comenzado la conquista de un territorio en el que podrían residir durante un largo periodo de tiempo, lanzando libremente mensajes a través de los medios que les entrevistan a todas horas, a  veces, como el de hoy, durísimos contra el Presidente español, como si estuvieran estableciendo un reducto de su amada Catalunya en plena corazón de la capital de la Comunidad, aprovechando la momentánea inmunidad que les ofrecen quiénes les acogen de tan buen grado, en su fantástico exilio.
Y como debían sentirse un poco solos, lejos de las multitudes que les han venido arropando durante el tiempo que ha durado su cruzada por la independencia, en el día de hoy, han llegado a Bruselas doscientos alcaldes secesionistas, que armados con sus correspondientes bastones de mando, han llenado las calles belgas de una especie de folklorismo trasnochado que raya en la chabacanería y el catetismo.
Perdónenme, pero si de lo que se trata es de exhibir la fuerza con la que cuentan en su territorio, a nivel internacional, no me parece que sea ésta la mejor manera de hacerlo, pues dudo mucho que en Europa se entienda esta pantomima lúdico festiva, que resta cualquier ápice de seriedad a las legitimas reivindicaciones de una buena parte del pueblo catalán, mostrando una imagen como sacada de “Bienvenido Mr Marshall”, que pone en duda la capacidad de evolución de una gente que parecía, en las fotos, como venida de los años cuarenta.
Flaco favor hacen esta clase de manifestaciones a la causa, sobre todo porque si se analizan con cierta perspectiva, lejos de influencias, surgen ciertas incógnitas que nadie parece estar dispuesto a resolver, pero que preocupan y mucho, a esa parte de la población que no se halla inmersa en la vorágine secesionista que se cuece en las ciudades y pueblos catalanes o que viviendo allí, no son partidarios de la separación de España, por motivos igualmente aceptables.
Un buen ejemplo de lo que digo podría ser el costo, en dinero, de esta excursión masiva de Alcaldes hasta Bruselas, que no se sabe muy bien quién ha pagado, aunque a estas alturas de la historia, podamos tener la sospecha de que las arcas de los independentistas se encuentran más que preparadas, para hacer frente a esta serie de gastos generados por el President, sus Consellers y todo aquel que quiera sumarse a su estancia y manutención en Bélgica.
En nada parece haber influido la intervención de las cuentas de la Generalitat, por parte del Estado español, por la aplicación del 155, por lo cual, resulta fácil deducir que el montante que se maneja y que paga, entre otras cosas, las minutas de los abogados de Puigdemont y sus compañeros, ha de proceder necesariamente, de otra parte.
Así que por lo que estamos viendo, parece que tendremos que ir acostumbrándonos a la idea de que empieza a existir en Bruselas lo que podría denominarse como Pequeña Catalunya, que igual que  la Pequeña Cuba en Miami, será en lo sucesivo, un lugar dónde los disidentes más ilustres podrán hacer proselitismo sin descanso, cosa que debe incomodar en modo superlativo a los socios de la Comunidad, posicionados al lado del estado español, desde el primer momento.
Algunas voces, como la de Manuel Valls, ya han denunciado desde Francia la extrañeza que produce este plácido exilio belga, afirmando que la justicia no puede ponerse del lado de quienes pretenden practicar la sedición, en clara alusión al fallo del juez, que según su criterio, debiera haber habilitado de inmediato la extradición de Puigdemont y sus Consellers, a España.
Entretanto, los primeros síntomas de campaña electoral, han empezado a hacer su aparición en todos los medios y los posicionamientos de los Partidos que piensan concurrir a los comicios van tomando forma, en medio de un clima de confusión, que no da muchas opciones para poder decidir a qué carta quedarse, a los sufridos ciudadanos de Catalunya.
El culebrón, que empieza a cansar a la población hasta límites insospechados, está sin embargo servido, aunque aún queda mucho para que se termine de perfilar el argumento.
Pero la presunta seriedad que asistía, en principio, a los nacionalistas catalanes, comienza a parecerse más a la España Cañí, que a una pretendida nación europea, partidaria de la modernidad y el progreso.


No hay comentarios:

Publicar un comentario