domingo, 5 de noviembre de 2017

El caso más difícil


A las nueve y cuarto de esta misma mañana, Puigdemont y los cuatro Consellers que le acompañaron en su huida del país, se han entregado a la justicia belga, como respuesta a la orden de busca y captura que se ha cursado desde España y han quedado, a la espera de la respuesta que tendrá que dar el juez elegido para tal fin, detenidos en una Comisaría de Bruselas en la que permanecen a la hora en que escribo este artículo.
Acompañados de sus abogados y procurando en todo momento ,no ser captados por la multitud de profesionales de la información que tratan de cumplir con su cometido desde que comenzara esta aventura escapista, los cinco han declarado ponerse a disposición de la decisión de este juez, que habrá de producirse antes de que se cumplan las veinticuatro horas de su entrega y que será, sin ningún género de dudas, una de las más difíciles que hay tenido que tomar dicha persona en toda su carrera, dadas las circunstancias que concurren alrededor  de este rocambolesco episodio relacionado con el problema de Catalunya.
Pueden ocurrir, como todos sabrán, varias cosas  que dependiendo de cuáles sean, podrían definir el panorama que se nos presenta en los próximos días y aunque todo el independentismo catalán tiene puestas  sus esperanzas en que únicamente se imponga a estos ilustres detenidos ciertas medidas cautelares que les obligue a presentarse periódicamente ante la policía, lo cierto y verdad es que la decisión podría radicar en la firma de una orden de extradición, que obligara a Puigdemont  y los suyos a volver, para ponerse a disposición de las autoridades españolas.
A pesar de las múltiples manifestaciones de apoyo que están recibiendo los que ya son considerados en Catalunya como presos políticos y del ambiente de crispación que mantiene en la calle a una ciudadanía, absolutamente contraria al auto firmado por la Juez Lamela, el hecho de que Puigdemont y sus consellers hayan optado por la vía de instalarse en una capital que representa el mismísimo corazón europeo, parece que está empezando a crear un conflicto que desagrada notablemente a la Comunidad y que pone en peligro las buenas relaciones existentes, no ya sólo entre España y Bélgica, sino también, las de Bélgica con el resto de socios, que ya se posicionaron, desde el principio, a favor de las medidas tomadas por el Presidente Rajoy, a este respecto.
Nunca antes se había hablado tanto de Catalunya en el mundo y el conflicto, que había sido hasta ahora considerado como de régimen interno, empieza a alcanzar dimensiones que incomodan profundamente a los grandes países de Europa, por lo que la decisión de este juez, habrá de ser, indiscutiblemente, meditada en profundidad, sobre todo para evitar las consecuencias que de ella se deriven, si fallara a favor de estos ilustres encausados.
Porque la medida, no sólo pondría en entredicho la orden de busca y captura emitida que a estas horas pesa sobre ellos, sino que en cierto modo, pondría en duda la independencia real de la justicia española, colocando en un gravísimo aprieto al Presidente de la nación y a todos aquellos que le han apoyado en la aplicación del 155 y respaldado en  las querellas impuestas por los fiscales, contra el Govern en pleno.
Mientras Oriol Junqueras, los demás Consellers y los representantes de las sociedades civiles catalanistas permanecen en prisión,  el relato de los hechos que están ocurriendo en Bruselas va adquiriendo, a medida que pasa el tiempo, una importancia trascendental y nos mantiene a todos, anclados a un nivel de preocupación que empieza a exceder de los límites que nos habíamos marcado, cuando nos enteramos de la estrategia por la que había optado el President, en su precipitada marcha hacia el “exilio”
Ahora sabemos que su acción y la de los suyos debieron ser cuidadosamente estudiadas para lograr estar precisamente en el lugar que nos encontramos y que quizá debido a eso, ha sido fielmente respaldada por una multitud de seguidores en todo el territorio catalán, aunque a muchos continúe pareciéndonos un ejercicio de pura cobardía, quizá porque nuestra mentalidad, nada tiene que ver con la que habita en las cabezas de los políticos, ya que somos seres humanos y no máquinas de urdir tragicómicas tramas que nada tienen que ver con la propia conciencia.
Lo vivido y lo que nos queda por vivir, seguramente lo afrontaremos de manera bien diferente y de lo que nos ha ocurrido hasta ahora, hemos aprendido la impagable lección, de que no se puede juzgar a la ligera la deriva que toman los acontecimientos, sin antes intentar escudriñar minuciosamente los mecanismos del poder, que desgraciadamente, se encuentran a disposición de quiénes lo poseen, permitiéndoles adoptar posturas camaleónicas, para mimetizarse con el ambiente que les rodea y no ser descubiertos.
Aguardando la decisión judicial, debe estar también el Gobierno en pleno, rogando a Dios para que la pelota caiga en su tejado. Tampoco conocemos, evidentemente, qué jugada podría tener preparada Rajoy, si el fallo judicial no le satisface plenamente.

Para alcanzar tal grado de perversión, supongo que hacen falta grandes dosis de entrenamiento.  

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