A las nueve y cuarto de esta misma mañana, Puigdemont y los
cuatro Consellers que le acompañaron en su huida del país, se han entregado a
la justicia belga, como respuesta a la orden de busca y captura que se ha
cursado desde España y han quedado, a la espera de la respuesta que tendrá que
dar el juez elegido para tal fin, detenidos en una Comisaría de Bruselas en la que
permanecen a la hora en que escribo este artículo.
Acompañados de sus abogados y procurando en todo momento ,no
ser captados por la multitud de profesionales de la información que tratan de
cumplir con su cometido desde que comenzara esta aventura escapista, los cinco
han declarado ponerse a disposición de la decisión de este juez, que habrá de
producirse antes de que se cumplan las veinticuatro horas de su entrega y que
será, sin ningún género de dudas, una de las más difíciles que hay tenido que
tomar dicha persona en toda su carrera, dadas las circunstancias que concurren
alrededor de este rocambolesco episodio
relacionado con el problema de Catalunya.
Pueden ocurrir, como todos sabrán, varias cosas que dependiendo de cuáles sean, podrían
definir el panorama que se nos presenta en los próximos días y aunque todo el
independentismo catalán tiene puestas sus esperanzas en que únicamente se imponga a
estos ilustres detenidos ciertas medidas cautelares que les obligue a
presentarse periódicamente ante la policía, lo cierto y verdad es que la
decisión podría radicar en la firma de una orden de extradición, que obligara a
Puigdemont y los suyos a volver, para
ponerse a disposición de las autoridades españolas.
A pesar de las múltiples manifestaciones de apoyo que están
recibiendo los que ya son considerados en Catalunya como presos políticos y del
ambiente de crispación que mantiene en la calle a una ciudadanía, absolutamente
contraria al auto firmado por la Juez Lamela, el hecho de que Puigdemont y sus
consellers hayan optado por la vía de instalarse en una capital que representa
el mismísimo corazón europeo, parece que está empezando a crear un conflicto que
desagrada notablemente a la Comunidad y que pone en peligro las buenas
relaciones existentes, no ya sólo entre España y Bélgica, sino también, las de
Bélgica con el resto de socios, que ya se posicionaron, desde el principio, a
favor de las medidas tomadas por el Presidente Rajoy, a este respecto.
Nunca antes se había hablado tanto de Catalunya en el mundo y
el conflicto, que había sido hasta ahora considerado como de régimen interno,
empieza a alcanzar dimensiones que incomodan profundamente a los grandes países
de Europa, por lo que la decisión de este juez, habrá de ser,
indiscutiblemente, meditada en profundidad, sobre todo para evitar las
consecuencias que de ella se deriven, si fallara a favor de estos ilustres encausados.
Porque la medida, no sólo pondría en entredicho la orden de
busca y captura emitida que a estas horas pesa sobre ellos, sino que en cierto
modo, pondría en duda la independencia real de la justicia española, colocando
en un gravísimo aprieto al Presidente de la nación y a todos aquellos que le
han apoyado en la aplicación del 155 y respaldado en las querellas impuestas por los fiscales, contra
el Govern en pleno.
Mientras Oriol Junqueras, los demás Consellers y los representantes
de las sociedades civiles catalanistas permanecen en prisión, el relato de los hechos que están ocurriendo
en Bruselas va adquiriendo, a medida que pasa el tiempo, una importancia
trascendental y nos mantiene a todos, anclados a un nivel de preocupación que
empieza a exceder de los límites que nos habíamos marcado, cuando nos enteramos
de la estrategia por la que había optado el President, en su precipitada marcha
hacia el “exilio”
Ahora sabemos que su acción y la de los suyos debieron ser cuidadosamente
estudiadas para lograr estar precisamente en el lugar que nos encontramos y que
quizá debido a eso, ha sido fielmente respaldada por una multitud de seguidores
en todo el territorio catalán, aunque a muchos continúe pareciéndonos un
ejercicio de pura cobardía, quizá porque nuestra mentalidad, nada tiene que ver
con la que habita en las cabezas de los políticos, ya que somos seres humanos y
no máquinas de urdir tragicómicas tramas que nada tienen que ver con la propia
conciencia.
Lo vivido y lo que nos queda por vivir, seguramente lo
afrontaremos de manera bien diferente y de lo que nos ha ocurrido hasta ahora,
hemos aprendido la impagable lección, de que no se puede juzgar a la ligera la
deriva que toman los acontecimientos, sin antes intentar escudriñar
minuciosamente los mecanismos del poder, que desgraciadamente, se encuentran a
disposición de quiénes lo poseen, permitiéndoles adoptar posturas camaleónicas,
para mimetizarse con el ambiente que les rodea y no ser descubiertos.
Aguardando la decisión judicial, debe estar también el Gobierno
en pleno, rogando a Dios para que la pelota caiga en su tejado. Tampoco
conocemos, evidentemente, qué jugada podría tener preparada Rajoy, si el fallo
judicial no le satisface plenamente.
Para alcanzar tal grado de perversión, supongo que hacen
falta grandes dosis de entrenamiento.

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