jueves, 16 de noviembre de 2017

Afán de dominio


Creyendo firmemente en un triunfo electoral que aún no se ha producido y convencidos de que son la representación más palpable de la nueva derecha en Catalunya, los Ciudadanos de Albert Rivera han dado comienzo a su particular Campaña electoral, un poquito subidos de soberbia y confiando en que a  Inés Arrimadas le basta y sobra con su verborrea, para conseguir situarse en la Presidencia de la Generalitat, contando de antemano, con los votos de los Partidos constitucionalistas.
El comportamiento de Rivera y los suyos durante la crisis catalana y la inflexibilidad demostrada en todo momento, contra las tesis separatistas, ha logrado atraer a su terreno a una buena cantidad de antiguos votantes del PP, que desencantados con el comportamiento del Gobierno central, se han sumado gustosos al patrioterismo de banderitas españolas y pasodobles callejeros y  apoyando sin paliativos, la aplicación del artículo 155, incluso antes de que se produjeran las votaciones del primero de Octubre, evidenciando un afán de dominio, que provoca en otra mucha gente, cierto miedo.
Se podría decir que la señora Arrimadas ha ido siempre dos o tres pasos por delante de las decisiones después adoptadas por Mariano Rajoy y que de haber estado en su mano, el Parlament se hubiera cerrado inmediatamente después de las sesiones celebradas en Septiembre, por lo que se podría asegurar que sus políticas se encontrarían situadas a la derecha de las del PP y que su contundencia al aplicarlas se convertiría en una absoluta prioridad, si verdaderamente llegara  ser Presidenta.
Haría falta recordar, algunos ni siquiera lo saben, que Ciudadanos nació, en un primer momento como un Partido meramente catalán y que aquel Ciutadans de entonces, buscó la complacencia de los españolistas convencidos que residían en aquel territorio, sin conseguir, por cierto, ningún apoyo popular digno de ser mencionado y que sólo cuando Rivera se atrevió a dar el salto a la política nacional y engañó a los ciudadanos con ese aire de renovación y frescura que irradiaba en todas sus apariciones televisivas, su Partido logró hacerse un hueco en el parlamento español y posteriormente en el Parlament catalán, en el que ahora tienen cierto peso.
Fue la suya una maniobra de distracción perfectamente trazada que presentaba a un líder de una escrupulosa pulcritud, anclado a una centralidad que nadie se había atrevido a ocupar desde los tiempos en que Adolfo Suárez accediera a la Presidencia y dispuesto a ofrecer a los españoles una alternativa de modernidad que chocaba frontalmente con el programa presentado por Podemos, al que siempre tacharon de utópico y cercano  a la extrema izquierda.
Con esas armas, Ciudadanos logró situarse en una posición de poder que lo convirtió en la llave necesaria para que cualquiera de las Fuerzas tradicionales pudiera formar Gobierno y aquella defensa a ultranza de su honestidad, frente a la descarada corrupción que invadía un país agobiado por la dureza de la crisis, pronto empezó a ser desplazada por una especie de fidelidad incuestionable a cualquiera de las tesis elaboradas por el PP, que puso en claro cuáles eran las verdaderas intenciones que les movían y el auténtico lugar que ocupaban en el arco político del Parlamento.
Se podría decir que el conflicto catalán le ha venido de perlas a los de Rivera, para ir un poco más allá en sus aspiraciones y que su ambición por crecer, se ha visto claramente recompensada por un público que se encontraba huérfano de representación real en Catalunya, aupándoles, nuevamente a través del fracaso de los demás, a una posición que de otro modo, no hubieran podido conseguir jamás, por la propia idiosincrasia de sus ideas.
Para que quede claro, si Ciudadanos consiguiese la Presidencia de la Generalitat con Arrimadas a la cabeza, las presiones que ha venido sufriendo Rajoy y las críticas vertidas hasta ahora sobre PSOE y Podemos, podrían multiplicarse por mil, pues la hazaña de haber podido derrotar a los separatistas, supondría ya, en sí misma, un argumento recurrente con el que acercarse cada vez más a la Moncloa, que es, como ya habrán podido intuir, el objetivo que se ha marcado Rivera, desde el mismo momento en que decidiera entrar en política.
Si ya ahora resulta evidente su desprecio por los Partidos de Izquierda y muy especialmente por el de Pablo Iglesias, imagínense el giro que podrían tomar los acontecimientos, si además se situara por encima de los nacionalistas catalanes, en su propio terreno.
No quiero, ni pensar en la situación en la que podrían llegar a encontrarse los catalanes bajo el mando de este Partido, ni qué clase de medidas podrían adoptar, si contaran con la mayoría absoluta en el Parlament, sin oposición a sus argumentos.
Es por ello, que habría que pensárselo mucho, antes de elegir esta opción, en las elecciones del 21 de Diciembre  y que quizá convendría a los constitucionalistas moderados aproximarse un poco más a las propuestas presentadas, por ejemplo, por Iceta, que al menos, ha luchado hasta el último instante por arbitrar un clima de diálogo y negociación, aunque después haya cometido la torpeza de apoyar, junto a su Partido, la aplicación del 155.
Cualquier cosa, antes de permitir que Ciudadanos se haga con el poder en Catalunya y aunque ya sé que muchos desean que este problema se resuelva a la mayor brevedad posible y que pueda recuperarse la normalidad en esta bendita tierra, no todas las soluciones son igualmente válidas y ésta, no parece la más indicada para que los catalanes puedan conservar intactas sus peculiaridades esenciales, como ha quedado de manifiesto, en los discursos emitidos por Arrimadas, en los medios.
La precaución, que suele ser buena consejera, deja de serlo si aplicada en demasía, transforma a los hombres en cobardes.



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