Hace ya tiempo que se vienen imponiendo en nuestro país, de una manera casi obligatoria, una serie de
costumbres típicas de los Estados Unidos de América, que los españoles parecemos
aceptar con un incomprensible alborozo, como si su práctica nos hiciera crecer a
nivel personal, trayéndonos una inmensa felicidad, por haber entrado a formar
parte de una Sociedad mucho más avanzada que la nuestra.
Olvidando que fuimos precisamente nosotros los que
descubrimos aquel continente y que nos respaldan siglos de tradición cultural propia
que avalan innumerables nombres de pintores
, literatos, escultores, arquitectos y otras muchas profesiones que sería
eterno enumerar, pensar en que podemos llegar a envidiar la naturaleza de
ciertos festejos definitivamente chabacanos y sumarnos a ellos, mientras se
desata una especie de locura colectiva a nuestro alrededor, no puede por menos,
que resultar absolutamente ridículo.
Primero empezaron implantando la figura de Papá Noel, en
medio de las celebraciones navideñas, convenciendo a nuestros niños de que su
intrusismo era fruto de una mera cuestión de fechas vacacionales y desterrando
a nuestros queridos Reyes Magos, que nos
habían acompañado durante toda la vida, a una especie de segundo lugar, que
aunque sólo fuera por su noble procedencia , resultaba del todo incomprensible.
Luego siguieron con el odioso Halloween, empujándonos a
disfrazarnos de terribles y monstruosos personajes que enseguida empezaron a
transformar la noche de difuntos en una especie de orgía colectiva, teñida de sangre
de pega y fantasmas borrachos que arrastraban sus cadenas haciendo eses, por
los efectos del alcohol, por las calles y plazas y que al grito de “truco o
regalo”, rompían la paz de los que deseábamos descansar tras un duro de día de
trabajo y que hemos tenido que tragar con que americanicen a nuestros hijos,
amén de con pagar los disfraces, que hacen tambalearse el presupuesto.
Y ahora, se han empeñado en instalar el Blakc Friday, en
todos los comercios de las ciudades y pueblos de la nación, intentando atraer
al personal con jugosos descuentos que más de una vez resultan ser un timo en
toda regla y borrando de nuestro diccionario la palabra Rebajas, que tanta
ilusión nos hacía pronunciar, a todos aquellos cuyos bolsillos no estában
precisamente llenos.
Estar en desacuerdo con estas imposiciones, nos está trayendo
a muchos algunos problemas, quizá porque nuestros políticos se han encargado
durante años de tratar de convencernos de que USA es una especie de país de
cuento dónde la riqueza mana de las alcantarillas y las hamburguesas gigantes
son gratis, olvidando mencionar, que además de las lindezas que describen y que
pretenden importar a nuestro territorio, aquella es una Nación, en la que se
dan tremendas desigualdades sociales y en la que la gente se muere por no poder
pagar un seguro médico que les garantice la salud o simplemente, la matrícula
universitaria que asegure a sus hijos una educación, que les brinde un futuro,
medianamente aceptable.
A los que nunca hemos entrado en un Mc Donalds, continuamos
creyendo en los Reyes Magos, no celebramos Halloween y nos negamos tajantemente
a comprar nada en el Blakc Friday, nos parece que estamos siendo invadidos por
una corriente asesina de nuestras propias tradiciones que ha llegado, para
quedarse entre nosotros, empujándonos a un modo de vida que no sólo no nos
corresponde, sino que anula nuestros recuerdos de infancia y nuestras raíces de
siempre.
Puede que muchos, alucinados por los oropeles que nos venden
perfectamente envueltos en un paquete de consumismo global, les parezca que son
superiores, al aceptar sumisamente las reglas impuestas por el país más
poderoso del mundo.
Pero otros, creemos firmemente que nuestra tierra ofrece por
sí misma, suficientes atractivos para no tener que desear lo ajeno y que sin ningún género de dudas, contrapone
la delicada fineza de sus tradiciones, al torrente de horteridad que invade
nuestros hogares, tiranizando nuestras
costumbres de toda la vida.

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