lunes, 31 de marzo de 2014

Aviso para Hollande


Todas las esperanzas que los europeos tuvimos una vez en Hollande hace ya tiempo que se frustraron, cuando sus promesas socialistas se transformaron, por arte de las exigencias de mercado, en socialdemócratas conservadoras y también él dio la espalda a los trabajadores, consintiendo que las políticas de recortes nos siguieran llevando a los niveles más bajos que se conocen, desde hace por lo menos cincuenta años.
Los electores franceses le responden ahora en las urnas, unos absteniéndose de manera contundente, demostrando que ya no les interesa la política y otros, como pasó antes en España, creyendo incautamente que a la derecha siempre le va mejor en los temas relacionados con la Economía, llegando a dar incluso, una oportunidad excesivamente arriesgada a la extrema derecha de Le Pen, que aparece, como no podía ser de otra manera, como salvadora de la patria.
La lección no puede ser más clara y convendría a Hollande aprenderla con toda la urgencia posible, evitando que el giro conservador de su política acabe por tragarse a su partido en una vorágine de la que resultará imposible salir, como ya le pasó en España a un PSOE, que todavía intenta recuperarse de la debacle sufrida, cuando el Partido Popular le arrebató la Presidencia de la Nación.
Es acuciante que la izquierda europea se convenza de que habrá de elegir entre los intereses de la Banca y los de los electores, entre la vuelta a los principios que siempre rigieron su ideología y los que rigen los de este capitalismo feroz que se está tragando con auténtica voracidad, los derechos de los ciudadanos, con la intención de no devolverlos nunca.
La lucha por llegar al poder ha de ser ahora, para la izquierda, todo lo encarnizada que permitan los límites de la ética, pues sólo desde ese apetecido poder se puede controlar lo que está ocurriendo en este Viejo Continente y combatirlo con un coraje, que parece haberse perdido desde hace ya demasiado tiempo.
Las concesiones hechas al capital por los gobiernos europeos, han agotado claramente la paciencia de los ciudadanos y los actos de extrema violencia que sacuden nuestros territorios y que cada vez son más habituales, lo demuestran, hasta tal punto, que no está quedando otro remedio a la ciudadanía, que el de apostar por Partidos políticos mucho más radicales en sus planteamientos, a la vista de que aquellos en los que una vez confió ,no hacen más que plegarse a las exigencias de las grandes fortunas, sin atreverse a decir no al retraso que supone para las clases trabajadoras, esta pérdida casi absoluta de prestaciones sociales y derechos.
Hoy le ha tocado a Hollande probar el amargo sabor de la derrota y  probablemente mañana, tocará a cualquier otro que siga empeñado en no abandonar el redil por el que le conducen quienes establecen las severas normas que se nos obliga a cumplir, en contra de la voluntad de los pueblos y mientras no se convenzan de que hay que dar un primer paso de auténtico valor para negarse a un sometimiento paulatino a los designios de los más poderosos, así seguirá siendo en cada sitio donde se celebren elecciones, aunque muchos de los votos emitidos vayan a grupúsculos absolutamente indeseables, que están sacando frutos de este rio revuelto en el que nadie se atreve a navegar, por temor a unas represalias que no pueden ser peores de lo que es la realidad en que todos vivimos.




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