jueves, 6 de marzo de 2014

La teoría de Blesa


Declara por fin Blesa ante el Juez, tras haber conseguido mandar al anterior a su casa y lo hace, con la curiosa teoría de que los clientes a quienes se les endosaron las preferentes no eran tontos, como si cada persona que entra a un Banco como ahorrador, tuviese          que haber hecho antes un Máster en Economía, si quiere entender el producto que se le ofrece y no correr el riesgo de que le pase lo que ocurre ahora mismo a más de un millón de españoles, a quienes se ha estafado y vilipendiado hasta la saciedad, haciéndoles perder todo lo que tenían.
Por supuesto que los que confiaron en lo que los directores de las sucursales bancarias les ofrecían no eran en su totalidad minusválidos psíquicos, aunque alguno también hay entre ellos, ni se consideraban analfabetos de solemnidad que necesitaban que otro les leyera lo que estaban firmando. Pero hasta entonces, se contaba con la seguridad de que quienes custodiaban tu dinero, aunque aprovechándose también de su renta, no podían legítimamente embaucar a la clientela, narrándole las ventajas de lo que se ofreció como un plazo fijo, para que después descubriera con estupefacción que había depositado su capital, a perpetuidad, en un producto de los considerados de alto riesgo.
Y sin embargo, la totalidad de las versiones que ofrecen los afectados por el fraude de las preferentes, no pueden ser más coincidentes e inciden en que fueron captados e incluso perseguidos por las entidades bancarias, para que colocaran lo que tenían en éste y no en otros productos, lo que hace pensar  que la estrategia adoptada por quienes lo ponían sobre la mesa era tratar de conseguir liquidez en un momento en que la estabilidad de los Bancos españoles y en particular de Bankia, estaba a punto de estallar en mil pedazos, llegando a provocar la necesidad de pedir el famoso rescate que ahora estamos pagando.
Para mayor INRI y en respuesta a las palabras de Blesa, los “preferentistas” no solo perdieron su capital a causa de la estafa, sino que como todos los demás, también se han visto en la obligación de contribuir al pago del mencionado rescate, como si lo que han perdido, no hubiera sido suficiente para tapar el enorme agujero que nos ha dejado la inenarrable avaricia de la Banca.
Evidentemente, si Blesa perdiera cuánto posee, víctima en su caso de lo que sería una justicia equitativa, no tendría la osadía de manifestar lo que ayer se atrevió a decir a ante el Juez, ya que la desprotección en que quedaría, le impediría pensar en otra cosa, que en buscar la manera de salir adelante.
Pero es que además, lo enrevesado del producto, la letra pequeña y el hecho de haber sido vendido puerta a puerta, en casa de clientes de toda la vida y siempre ofertado por empleados a los que se conocía y de cuya honradez no había duda hasta entonces, crea unos agravantes para quienes son responsables de este delito, imperdonables si se aplicara la justicia  que el caso merece y no se tratara la estafa, como hasta ahora se está haciendo, como si fuera una anécdota a la que el gobierno Rajoy no concede mayor importancia, por la manera que ha tenido, de desligarse de ella.
Incomprensiblemente, el único condenado por este caso es el juez Silva, cuyo pecado consistió en exigir prisión inmediata para el mismo individuo que jugó con los ahorros de los españoles, obviando sus historias personales y sus sentimientos, con el único propósito de esconder bajo la alfombra sus propios pecados y los de todos aquellos que llevaron a Bankia a la situación en que se encuentra, sin que ninguno de ellos haya siquiera pedido perdón, ni por las preferentes, ni por su manera de gestionar la entidad, hasta llegar a hundirla en la más pura de las quiebras.
¿En qué clase de País vivimos?  


No hay comentarios:

Publicar un comentario