Declara por fin Blesa ante el Juez, tras haber conseguido
mandar al anterior a su casa y lo hace, con la curiosa teoría de que los
clientes a quienes se les endosaron las preferentes no eran tontos, como si
cada persona que entra a un Banco como ahorrador, tuviese que haber hecho antes un Máster en
Economía, si quiere entender el producto que se le ofrece y no correr el riesgo
de que le pase lo que ocurre ahora mismo a más de un millón de españoles, a
quienes se ha estafado y vilipendiado hasta la saciedad, haciéndoles perder
todo lo que tenían.
Por supuesto que los que confiaron en lo que los directores
de las sucursales bancarias les ofrecían no eran en su totalidad minusválidos
psíquicos, aunque alguno también hay entre ellos, ni se consideraban
analfabetos de solemnidad que necesitaban que otro les leyera lo que estaban
firmando. Pero hasta entonces, se contaba con la seguridad de que quienes
custodiaban tu dinero, aunque aprovechándose también de su renta, no podían
legítimamente embaucar a la clientela, narrándole las ventajas de lo que se
ofreció como un plazo fijo, para que después descubriera con estupefacción que
había depositado su capital, a perpetuidad, en un producto de los considerados
de alto riesgo.
Y sin embargo, la totalidad de las versiones que ofrecen los
afectados por el fraude de las preferentes, no pueden ser más coincidentes e
inciden en que fueron captados e incluso perseguidos por las entidades
bancarias, para que colocaran lo que tenían en éste y no en otros productos, lo
que hace pensar que la estrategia
adoptada por quienes lo ponían sobre la mesa era tratar de conseguir liquidez
en un momento en que la estabilidad de los Bancos españoles y en particular de
Bankia, estaba a punto de estallar en mil pedazos, llegando a provocar la
necesidad de pedir el famoso rescate que ahora estamos pagando.
Para mayor INRI y en respuesta a las palabras de Blesa, los
“preferentistas” no solo perdieron su capital a causa de la estafa, sino que
como todos los demás, también se han visto en la obligación de contribuir al
pago del mencionado rescate, como si lo que han perdido, no hubiera sido
suficiente para tapar el enorme agujero que nos ha dejado la inenarrable
avaricia de la Banca.
Evidentemente, si Blesa perdiera cuánto posee, víctima en su
caso de lo que sería una justicia equitativa, no tendría la osadía de
manifestar lo que ayer se atrevió a decir a ante el Juez, ya que la
desprotección en que quedaría, le impediría pensar en otra cosa, que en buscar
la manera de salir adelante.
Pero es que además, lo enrevesado del producto, la letra
pequeña y el hecho de haber sido vendido puerta a puerta, en casa de clientes
de toda la vida y siempre ofertado por empleados a los que se conocía y de cuya
honradez no había duda hasta entonces, crea unos agravantes para quienes son
responsables de este delito, imperdonables si se aplicara la justicia que el caso merece y no se tratara la estafa,
como hasta ahora se está haciendo, como si fuera una anécdota a la que el
gobierno Rajoy no concede mayor importancia, por la manera que ha tenido, de
desligarse de ella.
Incomprensiblemente, el único condenado por este caso es el
juez Silva, cuyo pecado consistió en exigir prisión inmediata para el mismo
individuo que jugó con los ahorros de los españoles, obviando sus historias
personales y sus sentimientos, con el único propósito de esconder bajo la
alfombra sus propios pecados y los de todos aquellos que llevaron a Bankia a la
situación en que se encuentra, sin que ninguno de ellos haya siquiera pedido
perdón, ni por las preferentes, ni por su manera de gestionar la entidad, hasta
llegar a hundirla en la más pura de las quiebras.
¿En qué clase de País vivimos?

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