Quiera o no quiera Europa, le guste o no le guste a Obama y
diga lo que diga la derecha ucraniana del resultado del Referéndum en Crimea,
los números son los que son y desde ayer, Rusia se ha hecho con un lugar estratégico
para sus intereses económicos, aunque hubiera sido mucho mejor , sin la
presencia intimidante de tanques apostados en las calles, mientras los
ciudadanos votaban.
Que Putin tiene todas las cartas ganadoras en este conflicto
es un hecho, pues siendo como es el principal proveedor de gas para Alemania,
que como todos sabemos manda y mucho, en Europa, no parece que Merkel esté
dispuesta a enemistarse con un país con el que en repetidas ocasiones se ha
enfrentado históricamente sin vencerlo nunca y con el que en la actualidad
mantiene relaciones aparentemente amistosas, sobre todo por la conveniencia de
no echar a perder el abastecimiento energético de que la surte y algún que otro
interés económico más, que de momento no viene al caso.
Puede que las derechas más recalcitrantes europeas, como la
nuestra, deseen en su fuero interno que se castigue a Rusia con sanciones y
bloqueos que, con toda seguridad, nuca llegarán a producirse y puede que en el
caso particular del Gobierno español, el Referéndum de Crimea acarree
inevitablemente una comparación con el que Mas desea celebrar en Cataluña,
aunque habría que salvar ciertas distancias bastante relevantes, pues ni
Cataluña es Ucrania, ni por supuesto España es Rusia, ni la situación existente
en Cataluña hoy por hoy, tiene nada que ver con lo que ha venido ocurriendo a
los ucranianos, ni Rajoy, ni por asomo, cuenta con el infinito poder que
detenta Putin, aunque le gustaría que así fuera.
Si el referéndum ha sido o no legal, ya se encargarán los
organismos internacionales de aclararlo, aunque después del estallido social
que se encargó de derrocar al gobierno ucraniano, no resulta posible saber qué
tipo de sistema está rigiendo en estos momentos los destinos de Ucrania y puede
que a una mayoría de ciudadanos les parezca mucho mejor volver a la tutela
soviética, que tener que vivir un cierto periodo de tiempo en una especie de
anarquía asamblearia, encabezada por grupos de una extrema derecha pro europea,
cuyas intenciones estarían aún por establecer y que con toda probabilidad,
terminarían por convertir a Ucrania en uno más de los hermanos de segunda
clase, a los que asfixian a través de préstamos impagables, que traen consigo
políticas de recortes e insoportable austeridad, como bien sabemos nosotros.
Se abre pues un nuevo periodo de guerra fría, que vuelve a
enfrentar a Rusia con el capitalismo de occidente y que deja pendiente de un
hilo la buena armonía que venía reinando entre los dos bloques en los últimos
tiempos.
Pero al final será, lo que quiera Alemania que sea y ya verán
cómo ni siquiera habrá lugar a discusión, si Merkel acaba por decidir aceptar
la anexión, queramos o no queramos los demás, como viene ocurriendo en todos
los ámbitos de nuestras vidas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario