jueves, 20 de marzo de 2014

Una plaga incurable


Cerca de setecientas mujeres asesinadas en los últimos diez años, constituyen la vergonzosa cifra que acredita que la  violencia de género y el machismo fanático que la protagoniza, constituyen una plaga incurable que no ha conseguido aliviar, ni las múltiples medidas que han adoptado los diferentes gobiernos que hemos tenido en este tiempo, ni la abundante información ofrecida a través de los medios de comunicación, ni las sentencias contra los maltratadores que continúan viviendo después de perpetrar su crimen, ni una legislación que por lo ocurrido resulta ser, necesariamente insuficiente.
Puede que si en vez de dirigir todas las miradas hacia la sufrimiento de unas mujeres que viviendo en permanente estado de shock, ni siquiera son capaces de discernir la necesidad de alejarse de sus verdugos, se incidiese de manera más contundente en profundizar las razones que mueven a los hombres a seguir cometiendo esta serie de crímenes, para tratar de reeducarlos con medidas  disuasorias y coactivas que les dejaran claro lo imperdonable de su delito y se agilizaran los protocolos para apartar de su radio de acción a las mujeres que con ellos conviven, ofreciendo ayudas reales para su reinserción real en la sociedad, el fenómeno pudiera ser dirigido, por fin, hacia otra parte y se consiguiera frenar esta especie de locura a la que, desgraciadamente, nos estamos acostumbrando, como si fuera normal que la prepotencia masculina siguiera vigente, a pesar de que vivimos en pleno siglo veintiuno.
Quizá si se nos enseñara desde niños, en casa y en la escuela que el amor se acaba y que nadie se encuentra obligado a querer eternamente a otro, soportando una convivencia en pareja a modo de cadena perpetua, de la que no se puede escapar de otra manera distinta a la muerte, la percepción de posesión que ahora mueve a estos machos recalcitrantes que han sido incapaces de evolucionar, prácticamente desde el periodo de las cavernas, podría cambiar considerablemente, trayendo a sus mentes que las rupturas sentimentales son algo perfectamente aceptable de lo que se puede salir, si se aceptan con naturalidad y no acaban por convertirse en un supuesto ataque al ego que poseen todos estos controladores enfermizos, que conviven en una sociedad que hasta ahora los acepta, al considerar que los problemas domésticos son de exclusiva competencia de cada casa.
Nunca me cansaré de culpar a los padres de los maltratadores de haber educado rematadamente mal a sus hijos y de haber aplaudido un modo de concebir la vida que no se corresponde para nada con la realidad actual.
Las conductas machistas han de guardar, como no podía ser de otra manera, un cierto mimetismo con las conductas familiares observadas durante la infancia y han de deberse a una influencia proveniente de los progenitores, a los que por cierto, nadie alude, cada vez que se produce uno de estos crímenes violentos.
También resulta difícil creer que  quienes por proximidad familiar, conviven en mayor o menor medida con estas parejas, ignoren del todo las conductas de los maltratadores y el sufrimiento que en muchos casos durante años, provocan en sus víctimas. Y si callan y consienten o simplemente dirigen la mirada hacia otro lado, en espera de que el asunto se resuelva por arte de magia, como si esto fuera posible, su colaboración en los delitos, quizá debiera contemplarse como complicidad de facto y quedar reflejado así en un código penal, bastante escaso de este tipo de medidas, en relación con estos temas.
Esta última oleada de asesinatos, que probablemente puedan también estar estrechamente relacionados con la situación de desempleo que se vive en el país, no puede por menos que poner en alerta a las autoridades competentes para que lleguen a comprender que cuando fracasa todo lo que se está haciendo para terminar con la violencia de género, ha llegado el momento de estudiar nuevas vías de actuación y que todo el tiempo y los recursos empleados en ello son pocos, a juzgar por el número de víctimas que se están produciendo y que parecen ir creciendo, a medida que va avanzando el año.
Que los recortes del gobierno Rajoy también han llegado a este asunto y que han disminuido considerablemente los recursos que se destinaban a ayudar a las maltratadas, no es ningún secreto.
Pues ahí tienen los resultados de su gestión. Las cifras hablan por sí mismas.


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