Cerca de setecientas mujeres asesinadas en los últimos diez
años, constituyen la vergonzosa cifra que acredita que la violencia de género y el machismo fanático
que la protagoniza, constituyen una plaga incurable que no ha conseguido
aliviar, ni las múltiples medidas que han adoptado los diferentes gobiernos que
hemos tenido en este tiempo, ni la abundante información ofrecida a través de
los medios de comunicación, ni las sentencias contra los maltratadores que
continúan viviendo después de perpetrar su crimen, ni una legislación que por
lo ocurrido resulta ser, necesariamente insuficiente.
Puede que si en vez de dirigir todas las miradas hacia la
sufrimiento de unas mujeres que viviendo en permanente estado de shock, ni
siquiera son capaces de discernir la necesidad de alejarse de sus verdugos, se
incidiese de manera más contundente en profundizar las razones que mueven a los
hombres a seguir cometiendo esta serie de crímenes, para tratar de reeducarlos
con medidas disuasorias y coactivas que
les dejaran claro lo imperdonable de su delito y se agilizaran los protocolos
para apartar de su radio de acción a las mujeres que con ellos conviven,
ofreciendo ayudas reales para su reinserción real en la sociedad, el fenómeno
pudiera ser dirigido, por fin, hacia otra parte y se consiguiera frenar esta
especie de locura a la que, desgraciadamente, nos estamos acostumbrando, como
si fuera normal que la prepotencia masculina siguiera vigente, a pesar de que
vivimos en pleno siglo veintiuno.
Quizá si se nos enseñara desde niños, en casa y en la escuela
que el amor se acaba y que nadie se encuentra obligado a querer eternamente a
otro, soportando una convivencia en pareja a modo de cadena perpetua, de la que
no se puede escapar de otra manera distinta a la muerte, la percepción de
posesión que ahora mueve a estos machos recalcitrantes que han sido incapaces
de evolucionar, prácticamente desde el periodo de las cavernas, podría cambiar
considerablemente, trayendo a sus mentes que las rupturas sentimentales son
algo perfectamente aceptable de lo que se puede salir, si se aceptan con
naturalidad y no acaban por convertirse en un supuesto ataque al ego que poseen
todos estos controladores enfermizos, que conviven en una sociedad que hasta
ahora los acepta, al considerar que los problemas domésticos son de exclusiva
competencia de cada casa.
Nunca me cansaré de culpar a los padres de los maltratadores
de haber educado rematadamente mal a sus hijos y de haber aplaudido un modo de
concebir la vida que no se corresponde para nada con la realidad actual.
Las conductas machistas han de guardar, como no podía ser de
otra manera, un cierto mimetismo con las conductas familiares observadas
durante la infancia y han de deberse a una influencia proveniente de los progenitores,
a los que por cierto, nadie alude, cada vez que se produce uno de estos
crímenes violentos.
También resulta difícil creer que quienes por proximidad familiar, conviven en
mayor o menor medida con estas parejas, ignoren del todo las conductas de los
maltratadores y el sufrimiento que en muchos casos durante años, provocan en
sus víctimas. Y si callan y consienten o simplemente dirigen la mirada hacia
otro lado, en espera de que el asunto se resuelva por arte de magia, como si
esto fuera posible, su colaboración en los delitos, quizá debiera contemplarse
como complicidad de facto y quedar reflejado así en un código penal, bastante
escaso de este tipo de medidas, en relación con estos temas.
Esta última oleada de asesinatos, que probablemente puedan también
estar estrechamente relacionados con la situación de desempleo que se vive en
el país, no puede por menos que poner en alerta a las autoridades competentes
para que lleguen a comprender que cuando fracasa todo lo que se está haciendo
para terminar con la violencia de género, ha llegado el momento de estudiar
nuevas vías de actuación y que todo el tiempo y los recursos empleados en ello
son pocos, a juzgar por el número de víctimas que se están produciendo y que
parecen ir creciendo, a medida que va avanzando el año.
Que los recortes del gobierno Rajoy también han llegado a
este asunto y que han disminuido considerablemente los recursos que se
destinaban a ayudar a las maltratadas, no es ningún secreto.
Pues ahí tienen los resultados de su gestión. Las cifras
hablan por sí mismas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario