Es una pena que el éxito de la Marcha por la Dignidad, se
haya visto empañado por los sucesos violentos que terminaron con un saldo de
más de cien heridos, entre ellos sesenta y ocho policías, hace siete días, en
Madrid.
Sin que se haya conseguido aclarar quiénes son estos
encapuchados que se dedican a provocar disturbios en todas las
manifestaciones en las que el pueblo llano reclama sus derechos, izquierda y
derecha continúan perdiéndose en interminables discusiones y cruces de
acusaciones mutuas, que no hacen otra cosa que conseguir ensombrecer las justas
reclamaciones de los ciudadanos y el prestigio de cualquier organización
convocante, en todos y cada uno de los actos que se llevan a cabo.
La izquierda, que asegura que hay policías infiltrados en las
protestas y que les atribuyen un deseo de provocación para que todas ellas
terminen en fracaso, acusa además, y con razón, a las fuerzas del orden, de
haber actuado demasiadas veces con excesiva contundencia y en muchos casos, comete
el error de no condenar el intrusismo de los grupos violentos, pareciendo con
ello que prestan apoyo a una forma de concebir el derecho a la manifestación,
que nada tiene que ver con lo que piensa el grueso de la ciudadanía que las
protagoniza.
Y la derecha, en su afán de ocultar los gravísimos problemas
que acucian al país y haciendo gala de un trasnochado patriotismo que considera
a los policías como semidioses infalibles, incapaces de actuar más allá de los
límites que marca la legalidad, se niega a ver que la represión llevada a
límites extremos, no hace más que aumentar los niveles de indignación de la
Sociedad, haciendo que crezca una semilla de rencor que posibilita que se
encienda la mecha que hace prender la llama de la irracionalidad, convirtiendo
a los hombres en meras bestias sin conciencia de sus actos.
Por eso sería importante establecer quiénes son estos grupos
dispuestos siempre a provocar disturbios y aclarar de una vez a qué
organizaciones extremistas pertenecen, sobre todo por intentar que cuando los
ciudadanos deciden salir a la calle para manifestar su oposición a lo que está
ocurriendo, no tengan que volver a toparse ni con la saña represiva de una
policía en estado permanente de alerta, ni con la incomprensión de quienes
hacen tabla rasa, metiendo en el mismo saco a los violentos y a los cientos de
miles de personas de bien que participan en un determinado acto, con el único
deseo de reclamar el bienestar de todos, incluidos aquellos que nada hacen por
cambiar lo que les está ocurriendo.
Si los grupos como dicen algunos, son de extrema derecha, que
podrían ser, dada la similitud de sus métodos, con los empleados por los nazis
durante los años anteriores a la segunda guerra mundial, quizá su deseo sea el
de provocar en los ciudadanos un deseo incontrolable de encontrar a uno de esos
salvadores de la patria que tan malos resultados han dado, cada vez que se han
hecho cargo de una Nación, a lo largo de toda la historia.
Y si son de extrema izquierda, quizá debieran recordar que la
feroz división de la izquierda fue precisamente, una de las causantes de que se
perdiera la guerra civil en España, lo que nos costó tener que soportar una
Dictadura de más de cuarenta años.
La búsqueda de la identidad de estos violentos, resulta pues,
crucial, para determinar los fines que persiguen y dicha identificación, no se
consigue precisamente, embarcándose en interminables discusiones partidistas
que solo perjudican, aún más, la
terrible imagen que ya tienen los españoles de los políticos.
Porque al final,
vengan de donde vengan y sean quienes sean, está claro que siempre acaban
triunfando sobre todos los demás y sólo se habla de ellos durante demasiado
tiempo, en todos los medios de comunicación, de uno u otro signo.
Y mientras tanto, las reivindicaciones de los ciudadanos
quedan definitivamente aparcadas sin que el gobierno del PP, les preste la
menor atención, argumentando que lo más importante en este preciso momento es
que actos como los de esta última marcha, no vuelvan a repetirse.
De verdad, que entran ganas de tirar la toalla. Menuda
pandilla de necios.

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