El Juez Pedraz planta
cara a la aprobación de la Ley de Justicia Universal y decide seguir adelante
con uno de los casos más terribles que se recuerdan en España en los últimos
tiempos, como fue el de la muerte del cámara José Couso, en el hotel Palestina
de Irak, a manos de integrantes del ejército de Estados Unidos, que
participaban en la guerra que costó el derrocamiento de Sadán Hussein.
Como todos recordamos, el cámara se encontraba cubriendo
junto a Jon Sistiaga la información sobre la contienda, cuando fue atacado
prácticamente en directo, en la terraza de un edificio ocupado casi
exclusivamente por periodistas, por un ataque americano, que causó
posteriormente su muerte.
Qué vio José Couso en el momento en que fue descubierto por
los soldados, sigue siendo una incógnita que probablemente nunca será resuelta,
a juzgar por la serie de trabas que el gobierno norteamericano está poniendo a
una investigación que ya dura más de diez años y que no ha contado precisamente
con una colaboración exhaustiva de las autoridades españolas, quizá porque el
esclarecimiento de lo que pasó podría acarrear un conflicto internacional, si
como se intuye, Couso fue víctima de un ataque intencionado y sus heridas no se
debieron a una terrible casualidad, como han tratado de defender, primero Bush
y después Obama, en su pretensión de limpiar la imagen de su ejército.
La nueva Ley de
Justicia Universal que se ha encargado de aprobar con carácter de urgencia el
PP, deja éste y otros casos fuera de la
jurisdicción de los magistrados españoles, convirtiendo a partir de ahora
nuestro país en un lugar donde la impunidad de crímenes contra individuos o
colectivos, si se cometieran fuera de nuestras fronteras, no podrán ser
juzgados.
Sin embargo, parece que Pedraz ha encontrado una grieta por
donde volver a entrar en el caso de Couso, estableciendo una grave
incompatibilidad de la recién aprobada Ley con el espíritu establecido en la
Convención de Ginebra, que no ha lugar al abandono de investigaciones como la
que nos ocupa, al tratarse del asesinato de un inocente que no tenía ni había
tenido participación en la contienda.
Pero conociendo lo que viene ocurriendo en la justicia
española, la postura de Pedraz, oponiéndose contundentemente a los dictados de
Rajoy y su gobierno, probablemente puede acarrearle graves problemas, del estilo de los que
encontró Garzón, si los expertos que asesoran al ejecutivo pudieran hallar
algún punto débil en su alegato, con el que poder rebatir la fuerza de sus
argumentos.
Sin embargo, el malestar que entre los jueces ha causado la
aprobación de esta Ley, que deja a muchos de ellos sin posibilidad de continuar
trabajando en casos que se hallaban en plena fase de instrucción, podría traer
consigo una protesta colectiva que cambiara el curso de los acontecimientos,
sobre todo si la propuesta de Pedraz acaba prosperando y finalmente el caso de
Couso puede llegar a resolverse y los culpables pagan por la naturaleza de su
delito.
Para los ciudadanos, a los que la Ley del Derecho Universal
había escandalizado de manera notable, el valor de este juez, empeñado en
llegar hasta el final en el caso de Couso, repone un poco la poca credibilidad
en la justicia que nos está dejando la emisión de determinadas sentencias y permite creer que, al menos, en el caso de
determinados profesionales, la manipulación política es imposible, como debiera
ser lo habitual, si se quiere imponer la limpieza en las decisiones judiciales.
Nos congratula que las trabas que Pedraz ha encontrado desde
que empezara a instruir este caso, no hayan conseguido desanimarle y sobre
todo, que esté dispuesto a enfrentarse a escollos mucho más difíciles de
salvar, como el de esta absurda Ley, aunque se encuentre bastante solo ante el
peligro.
Su postura, pone un punto de cordura en esta locura colectiva
que parece haber afectado a la judicatura española y merece la admiración de
quienes pensamos que nada es posible, sin el buen funcionamiento de una
justicia libre e igualitaria.

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