No pasa un solo día, sin que las noticias económicas aumenten
la inestabilidad psicológica de los españoles y justo ahora que el Gobierno,
con clara intención electoral, no para de presumir de que hemos superado la
crisis, llega el fantasma de la deflación y nos amenaza con nuevas inquietudes
que deben preocuparnos, en tanto que ocurra lo que ocurra, somos los ciudadanos
los que siempre acabamos perdiendo.
Por lo visto, todo tiene que ver con el consumo, que no para
de descender desde que a Mariano Rajoy se le ocurrió la “feliz” idea de aprobar
su Reforma Laboral y la clase empresarial española decidió aprovechar las
ventajas legales que se le ofrecían, poniendo en la calle sin coste alguno a
miles de padres y madres de familia, colocándoles directamente en las colas de
las oficinas de empleo, junto a los millones de parados que ya esperaban ante
ellas, la oportunidad de poder encontrar algún medio con el que salir del negro
pozo en que les ha hundido esta crisis y la espantosa gestión de éste y el
anterior gobierno.
Cómo pretenden Rajoy y los suyos que pueda aumentar el
consumo en la situación que padecemos, es una de las incógnitas de peor
resolución, de cuántas han afectado a la sociedad española, sin que a nadie le
parezca siquiera medianamente razonable que se pueda comprar sin dinero y
sabiendo como todos sabemos, que sin trabajar, no existe manera de ganarlo.
Puede que el gobierno tenga razón cuando afirma que algún
empleo se está creando, pero es que la calidad del mismo y los salarios que
generan las ocupaciones a que pueden acceder los españoles en este momento, no
da precisamente para hacer un recorrido por los establecimientos del centro de
cualquiera de nuestras ciudades y volver a casa cargados de ropa, enseres e
incluso alimentación, como sería lo deseable para que el consumo aumentase y
pudiéramos avanzar en la vida, un poco mejor de lo que lo estamos haciendo en
el presente.
¿En qué cabeza cabe que con menos de mil euros al mes, puede
una familia española pensar siquiera en dedicar una mínima cantidad a otra cosa
que no sea el pago de su manutención, la energía y la eterna hipoteca que
contrajeron, gracias a la “generosidad”
de la ahora implacable Banca, cuando nos hizo creer que todos podíamos llevar
una vida de ricos y disfrutar de cuántos
lujos pudiéramos haber ansiado en el mejor de nuestros sueños?
Sea cual fuere el discurso de los populares, las cuentas no
cuadran y menos aún, si se elevan los precios, ni cuadrarán, quieran o no
admitirlo, mientras que los salarios no alcancen la dignidad necesaria para
cubrir con creces las necesidades de los trabajadores y podamos volver a
encauzar nuestras vidas por un camino de normalidad, que es lo que todos
deseamos y queremos, a pesar de las trabas que para ello nos ponen nuestros
sesudos políticos.
No hay modo de consumir sin trabajar y las cifras avalan la contundencia de este
argumento y si los negocios no quieren unirse a las filas de todos los que han
tenido que echar el cierre, no queda otro remedio que bajar precios…y aguantar
el tirón, rogando cada uno a su Dios, que le permita subsistir hasta que
lleguen tiempos mejores.
Así que si caemos en deflación, no será porque no hayamos
advertido a Rajoy de que estaba equivocando el camino, ni porque andemos
especulando con los “productivos” ahorros que nos permiten nuestros
elevadísimos sueldos, sino más bien porque las leyes aprobadas por este
gobierno, más parecen ideadas por el
peor de los enemigos de España, que por alguien que se supone está luchando por
garantizar nuestro bienestar, como representante nuestro.
Hemos dicho muchas veces que uno tiene que ser responsable de
sus actos. Rajoy también, como no podía ser de otra manera.

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