miércoles, 12 de marzo de 2014

Una nueva inquietud


No pasa un solo día, sin que las noticias económicas aumenten la inestabilidad psicológica de los españoles y justo ahora que el Gobierno, con clara intención electoral, no para de presumir de que hemos superado la crisis, llega el fantasma de la deflación y nos amenaza con nuevas inquietudes que deben preocuparnos, en tanto que ocurra lo que ocurra, somos los ciudadanos los que siempre acabamos perdiendo.
Por lo visto, todo tiene que ver con el consumo, que no para de descender desde que a Mariano Rajoy se le ocurrió la “feliz” idea de aprobar su Reforma Laboral y la clase empresarial española decidió aprovechar las ventajas legales que se le ofrecían, poniendo en la calle sin coste alguno a miles de padres y madres de familia, colocándoles directamente en las colas de las oficinas de empleo, junto a los millones de parados que ya esperaban ante ellas, la oportunidad de poder encontrar algún medio con el que salir del negro pozo en que les ha hundido esta crisis y la espantosa gestión de éste y el anterior gobierno.
Cómo pretenden Rajoy y los suyos que pueda aumentar el consumo en la situación que padecemos, es una de las incógnitas de peor resolución, de cuántas han afectado a la sociedad española, sin que a nadie le parezca siquiera medianamente razonable que se pueda comprar sin dinero y sabiendo como todos sabemos, que sin trabajar, no existe manera de ganarlo.
Puede que el gobierno tenga razón cuando afirma que algún empleo se está creando, pero es que la calidad del mismo y los salarios que generan las ocupaciones a que pueden acceder los españoles en este momento, no da precisamente para hacer un recorrido por los establecimientos del centro de cualquiera de nuestras ciudades y volver a casa cargados de ropa, enseres e incluso alimentación, como sería lo deseable para que el consumo aumentase y pudiéramos avanzar en la vida, un poco mejor de lo que lo estamos haciendo en el presente.
¿En qué cabeza cabe que con menos de mil euros al mes, puede una familia española pensar siquiera en dedicar una mínima cantidad a otra cosa que no sea el pago de su manutención, la energía y la eterna hipoteca que contrajeron, gracias a la  “generosidad” de la ahora implacable Banca, cuando nos hizo creer que todos podíamos llevar una vida de ricos  y disfrutar de cuántos lujos pudiéramos haber ansiado en el mejor de nuestros sueños?
Sea cual fuere el discurso de los populares, las cuentas no cuadran y menos aún, si se elevan los precios, ni cuadrarán, quieran o no admitirlo, mientras que los salarios no alcancen la dignidad necesaria para cubrir con creces las necesidades de los trabajadores y podamos volver a encauzar nuestras vidas por un camino de normalidad, que es lo que todos deseamos y queremos, a pesar de las trabas que para ello nos ponen nuestros sesudos políticos.
No hay modo de consumir sin trabajar y las  cifras avalan la contundencia de este argumento y si los negocios no quieren unirse a las filas de todos los que han tenido que echar el cierre, no queda otro remedio que bajar precios…y aguantar el tirón, rogando cada uno a su Dios, que le permita subsistir hasta que lleguen tiempos mejores.
Así que si caemos en deflación, no será porque no hayamos advertido a Rajoy de que estaba equivocando el camino, ni porque andemos especulando con los “productivos” ahorros que nos permiten nuestros elevadísimos sueldos, sino más bien porque las leyes aprobadas por este gobierno, más  parecen ideadas por el peor de los enemigos de España, que por alguien que se supone está luchando por garantizar nuestro bienestar, como representante nuestro.

Hemos dicho muchas veces que uno tiene que ser responsable de sus actos. Rajoy también, como no podía ser de otra manera. 

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