domingo, 16 de marzo de 2014

Un domingo de marzo


Apaciblemente arropados por un sol que preludia la primavera y que propicia una tendencia a una despreocupación impropia de quienes padecen tan graves problemas en su entorno diario, los españoles aprovechan el descanso semanal para asomarse a las calles y confraternizar con sus conciudadanos, queriendo permanecer al margen, al menos durante unas horas, de todo cuanto pueda recordarles la angustia vital que les proporcionan las noticias económicas que se han convertido en habituales, para su desgracia y todo aquello que les cause algún tipo de infelicidad, limitándose, simplemente, a intentar disfrutar de la compañía de amigos y familia.
Entretanto, la situación en Crimea se pone al rojo vivo y se agrandan las diferencias entre pro rusos y ucranianos que amenazan la supuesta estabilidad de la vieja Europa con ecos de posibles batallas, recordando a los habitantes del Continente y del Mundo en general, que en cualquier momento puede saltar una chispa que acabe por incendiar toda la violencia contenida que hemos ido acumulando a consecuencia de esta larga crisis.
Por fin, en plena noche, Rafa Zouhier, el de los atentados del 11M es devuelto a Túnez, para tranquilidad de los familiares de las víctimas y aunque no se descarta que pudiera volver a España en un futuro, al menos se consigue alejar el fantasma de tener que soportar su presencia en algún programa del corazón, sin que se aclare si se hace por decisión gubernativa, o porque la presión de las asociaciones relacionadas con los atentados se ha ejercido suficientemente para no tener que recurrir a sonoras protestas en la calle, con las que recordar al Ejecutivo en el poder, que su dolor es igualmente grande que el de otros a los que se presta, desgraciadamente, mucha más atención.
Absolutamente estupefactos, también descubrimos este fin de Semana que lo de estafar dinero público supuestamente destinados a impartir cursos a desempleados, no era únicamente un delito de la UGT de Andalucía y que ciertos cargos empresariales madrileños habían descubierto en ellos un filón para triplicar su riqueza, con el mismo descaro que tanto critica el PP en todas sus intervenciones públicas y aún con el agravante de no haber tenido un  solo alumno en ninguna de las disciplinas ofertadas, aunque de los fondos recibidos no queda otro rastro que no sea el que encuentra la policía, en las cuentas particulares de algún “listo”, profundamente ligado a Instituciones a las que ya pertenecieron individuos como Díaz Ferrán, actualmente en prisión, por haber sido pillado en flagrante delito.
Tampoco se nos escapan las declaraciones de Gallardón, defendiendo la falacia de que el PP nunca ha concedido el indulto a ningún condenado por corrupción, que tanta polvareda ha levantado en otras formaciones políticas, aunque curiosamente algunas de ellas, se hayan beneficiado, precisamente, de indultos promovidos por los populares y carezcan por tanto de derecho a rasgarse las vestiduras, por la mentira del Ministro.
Y para rematar, Artur Mas, que vuelve a las andadas de la amenaza independentista, seguramente inquieto por haber quedado relegado a un segundo plano en noticieros televisivos y periódicos y tal vez temiendo que su propuesta de referéndum se diluya, si de vez en cuando no nos recuerda que sigue ahí y que está dispuesto a lo que sea, con tal de no tener que dar explicaciones a sus conciudadanos de lo mal que lo está haciendo en la Generalitat y de los recortes que está aplicando en políticas sociales y laborales, que son de su exclusiva competencia.
Pero este domingo de marzo nada de esto va a conseguir recluirnos y como si la Primavera que viene inyectara una savia nueva también en nuestros corazones, todos estamos decididos a hacer un ejercicio de desafección y a desembarazarnos de malas noticias, por lo menos hasta mañana.
La libertad de descansar y de emplear el tiempo de ocio en aquello que se nos de la real gana, es también un interesante derecho.
Por eso dejo de escribir y me marcho a la calle con los míos.




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