Apaciblemente arropados por un sol que preludia la primavera
y que propicia una tendencia a una despreocupación impropia de quienes padecen
tan graves problemas en su entorno diario, los españoles aprovechan el descanso
semanal para asomarse a las calles y confraternizar con sus conciudadanos,
queriendo permanecer al margen, al menos durante unas horas, de todo cuanto
pueda recordarles la angustia vital que les proporcionan las noticias
económicas que se han convertido en habituales, para su desgracia y todo
aquello que les cause algún tipo de infelicidad, limitándose, simplemente, a
intentar disfrutar de la compañía de amigos y familia.
Entretanto, la situación en Crimea se pone al rojo vivo y se
agrandan las diferencias entre pro rusos y ucranianos que amenazan la supuesta
estabilidad de la vieja Europa con ecos de posibles batallas, recordando a los
habitantes del Continente y del Mundo en general, que en cualquier momento
puede saltar una chispa que acabe por incendiar toda la violencia contenida que
hemos ido acumulando a consecuencia de esta larga crisis.
Por fin, en plena noche, Rafa Zouhier, el de los atentados
del 11M es devuelto a Túnez, para tranquilidad de los familiares de las
víctimas y aunque no se descarta que pudiera volver a España en un futuro, al
menos se consigue alejar el fantasma de tener que soportar su presencia en
algún programa del corazón, sin que se aclare si se hace por decisión
gubernativa, o porque la presión de las asociaciones relacionadas con los atentados
se ha ejercido suficientemente para no tener que recurrir a sonoras protestas
en la calle, con las que recordar al Ejecutivo en el poder, que su dolor es
igualmente grande que el de otros a los que se presta, desgraciadamente, mucha
más atención.
Absolutamente estupefactos, también descubrimos este fin de
Semana que lo de estafar dinero público supuestamente destinados a impartir
cursos a desempleados, no era únicamente un delito de la UGT de Andalucía y que
ciertos cargos empresariales madrileños habían descubierto en ellos un filón
para triplicar su riqueza, con el mismo descaro que tanto critica el PP en
todas sus intervenciones públicas y aún con el agravante de no haber tenido
un solo alumno en ninguna de las disciplinas
ofertadas, aunque de los fondos recibidos no queda otro rastro que no sea el
que encuentra la policía, en las cuentas particulares de algún “listo”,
profundamente ligado a Instituciones a las que ya pertenecieron individuos como
Díaz Ferrán, actualmente en prisión, por haber sido pillado en flagrante
delito.
Tampoco se nos escapan las declaraciones de Gallardón,
defendiendo la falacia de que el PP nunca ha concedido el indulto a ningún
condenado por corrupción, que tanta polvareda ha levantado en otras formaciones
políticas, aunque curiosamente algunas de ellas, se hayan beneficiado,
precisamente, de indultos promovidos por los populares y carezcan por tanto de
derecho a rasgarse las vestiduras, por la mentira del Ministro.
Y para rematar, Artur Mas, que vuelve a las andadas de la
amenaza independentista, seguramente inquieto por haber quedado relegado a un
segundo plano en noticieros televisivos y periódicos y tal vez temiendo que su
propuesta de referéndum se diluya, si de vez en cuando no nos recuerda que
sigue ahí y que está dispuesto a lo que sea, con tal de no tener que dar
explicaciones a sus conciudadanos de lo mal que lo está haciendo en la
Generalitat y de los recortes que está aplicando en políticas sociales y
laborales, que son de su exclusiva competencia.
Pero este domingo de marzo nada de esto va a conseguir
recluirnos y como si la Primavera que viene inyectara una savia nueva también
en nuestros corazones, todos estamos decididos a hacer un ejercicio de
desafección y a desembarazarnos de malas noticias, por lo menos hasta mañana.
La libertad de descansar y de emplear el tiempo de ocio en
aquello que se nos de la real gana, es también un interesante derecho.
Por eso dejo de escribir y me marcho a la calle con los míos.

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