martes, 25 de marzo de 2014

Sin violencia


Policías y manifestantes de la Marcha por la Dignidad, continúan enfrentados dos días después de los sucesos del pasado Sábado, los primeros quejándose de indefensión ante los ataques que se saldaron con más de cincuenta heridos y los segundos, reclamando la libertad de los detenidos, a pesar de haber sido liberados ya varios de ellos.
La Delegada del Gobierno de Madrid, pone su granito de arena y se querella contra los organizadores de la concentración reclamándoles el montante de los daños materiales producidos, a pesar de haber reconocido en múltiples entrevistas que los que provocaron violencia fueron un grupo reducido y que el acto transcurrió con total normalidad, de no haber sido por estos incontrolados que actuaron a última hora de la tarde.
Quién tiene la razón en este asunto, resulta difícil de dirimir, si se tiene en cuenta que las quejas de unos y de otros, podrían considerarse totalmente legítimas y si como se presume los que provocaron los enfrentamientos nada tenían que ver con quienes participaban pacíficamente en la manifestación, la resolución del dilema parece imposible.
Verdad es que este grupo numeroso de provocadores parecían traer aprendida la lección y que la policía se vio al final, absolutamente acorralada por unas tácticas que podrían ser consideradas de guerrillas, quizá porque los superiores encargados de cursar las órdenes no podían, en ningún caso, prever los derroteros que iba a tomar la clausura de la protesta.
Pero también es cierto que si cargas de mayor contundencia hubieran sido autorizadas por los mandos, algunos inocentes que nada habían tenido que ver con el ataque, hubieran terminado sufriendo en carne propia toda la fuerza de una represión absolutamente inmerecida, por el mero hecho de encontrarse en el lugar equivocado, en determinado momento.
Dónde está la frontera a la hora de decidir con qué dureza deben actuar las fuerzas del orden, parece ser el quid de esta cuestión que hoy a todos preocupa, aunque lo natural y lógico en actos como este, sería que la labor policial se limitase a la mera vigilancia, tratando de investigar a la vez, si dentro de las manifestaciones van infiltrados que acuden a ellas con fines distintos de quienes las organizan.
Es por esto que no puede ni debe cargarse el peso de la Ley sobre personas ajenas a los actos de violencia y sí tratar de conocer la identidad de los que los protagonizaron, para que  paguen los autores de los delitos y no los que convocaban la protesta, ejerciendo un legítimo derecho.
Igual que otras veces hemos denunciado los abusos policiales, apoyando a los ciudadanos atacados con virulencia por una represión desmedida, toca hoy, en justicia, entender que la radicalidad nunca tiene sentido y menos aún, cuando se hiere a personas, sea cual fuere su profesión, sin móvil aparente.

Mientras Madrid despide con honores al fallecido Presidente Suárez, todos esperamos que este otro asunto se aclare a la mayor brevedad, acercando posturas y siempre en contra de cualquier tipo de violencia.

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