jueves, 13 de marzo de 2014

Sombra de sospecha


La juez Alaya impone una fianza de casi treinta millones de euros a Magdalena Álvarez, la que fuera Consejera con Chaves y  Ministra con Zapatero, insinuando que fue la cabeza pensante que ideó el plan de los ERE de Andalucía y le da sólo un día para reunir el dinero, antes de empezar a embargarle los bienes, hasta cubrir exactamente la cantidad que se le exige.
Este imperdonable caso de corrupción, que amenaza con ser eterno, a juzgar por el número de personas que la juez se decide a imputar casi a diario, se convierte con la cuantía de esta elevadísima fianza, en uno de los más relevantes de los muchos acaecidos en los últimos tiempos y acarrea a quien lo instruye, un rosario de durísimas críticas por parte de la izquierda andaluza, que considera absolutamente desmesurada la actuación judicial y sugiere tácitamente la existencia de una implicación personal de la Juez, sin aclarar cuál pudiera ser el motivo de su empeño en hacer daño a la formación socialista.
Ya dijimos en su momento que la justicia había de ser especialmente implacable en este caso, pues no se puede perdonar que los ciudadanos sean estafados precisamente, por personas vinculadas a las formaciones sindicales que deberían defenderlos y que no debían escatimarse medios en la investigación, cayese quién cayese y llamárase como se llamase.
Pero la envergadura que está adquiriendo este asunto, sin que de momento pueda adivinarse siquiera en qué momento podrá llegar a cerrarse, ahora que la juez acaba de abrir una nueva vía que sugiere que se indague específicamente en la actuación de todo el Parlamento andaluz, hace suponer que la trama era mucho más importante de lo que en principio se pensaba y que aún tendremos que esperar largamente, hasta conocer el desenlace y los nombres de todos los que por fin serán acusados y llevados ante la justicia por ello.
Si  Magdalena Álvarez conocía y participaba del delito, pronto lo sabremos, aunque siempre fue considerada por sus compañeros por una persona intachable, a quién en todos los años que duró su carrera política no se le conoció nada por lo que pudiera achacársele la más mínima sospecha.
De momento, su preocupación más inmediata ha de ser necesariamente la de reunir contra reloj los treinta millones de euros que se le reclaman y todo hace pensar que su Partido no está dispuesto a dejarla sola ante el peligro, a juzgar por la premura que han demostrado líderes de la Talla de Chávez o Griñán, en defender su inocencia.
De nada le ha servido a Álvarez su predisposición a colaborar con la justicia, ante la que se presentó a declarar de manera voluntaria, ni las larguísimas conversaciones que mantuvo con la juez y que no parecen haberla convencido, en absoluto.
El revuelo organizado entre los medios de comunicación y la oportunidad que ha visto el Partido Popular de aprovechar en su favor, la fianza impuesta a la ex Ministra, siguen ahora mismo marcando la pauta de la inmediatez informativa, en un caso porque interesa aclarar la auténtica verdad del asunto y en el otro, porque viene estupendamente poder utilizar el argumento en los mítines de la próxima campaña electoral, alejando de sí los fantasmas de corrupción que implican a los propios compañeros.
Aquí, nadie da puntada sin hilo.




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