lunes, 3 de marzo de 2014

Saber y callar


Muchos españoles esperábamos impacientes la entrevista de Jordi Évole a Pedro J. Ramírez (Salvados, la sexta, el pasado Sábado), con la esperanza de que el recientemente cesado director de El Mundo, abriera la caja de los truenos de toda la información que con toda probabilidad, ha ido acumulando durante sus años de acercamiento al PP,  para poner al corriente a la opinión pública de  aquello que guardó en un cajón, a pesar de saber que podía constituir una  bomba de relojería, para los principios en que han cimentado su ascensión al poder, precisamente quiénes hoy lo detentan.
Pero como dice el refrán, más sabe el diablo por viejo que por diablo y la pericia adquirida durante tantos años de oficio, ha debido enseñar a Ramírez que en determinados asuntos, uno vale más por lo que calla que por lo que dice.
Enrocado en un falso pundonor y escudándose en un secreto profesional que nunca resulta imperativo cuando se trata de conversaciones personales, el ex director ni siquiera se permitió demostrar el innegable disgusto que ha debido provocarle su fulminante cese y no atacó, más que en asuntos nimios y sin ninguna importancia, ni a los miembros del gobierno que todo el mundo intuye como presuntamente culpable de su marcha, ni a ninguno de los políticos actualmente en ejercicio, ni de un signo, ni de otro, a pesar de reconocer tácitamente le enorme desilusión que se había llevado con el poder, llegando incluso a poner en duda si su voto en las próximas elecciones europeas, podría cambiar radicalmente de signo.
Solo la vieja cruzada personal que mantiene con Felipe González, afloró, como siempre, dejando claro que sus diferencias a raíz del caso de los Gal, no han quedado resueltas  y evidenciando que desde entonces hasta hoy, no han dejado de ser enemigos, a pesar del acercamiento que Padro J. protagonizó después con Zapatero, según él, siempre en contra de la opinión del otro ex Presidente Socialista.
De nada sirvió la mordacidad natural de Évole, al que  la enorme experiencia del ex director de El Mundo, le hizo parecer en todo momento, un principiante asustado ante el elemento de poder que tenía enfrente y que no le dejó oportunidad de abrir ni un pequeño resquicio por el que entrar en las profundidades oscuras del ambiente en que se ha movido el periodista, durante sus años de apoyo a los conservadores.
Saber y callar, es la baza que guarda celosamente Pedro J. debajo de su manga, seguramente a la espera del momento oportuno para negociar el destino de toda la información comprometida que posee, en la esperanza de poder volver a trabajar en cualquier otro medio, cuestión que no tiene fácil, al haberse implicado tanto con una determinada ideología, que ahora le ha dejado, en el más absoluto abandono.
 Ni las partidas de padle con Áznar,ni sostener durante tantísimo tiempo la teoría de que ETA estuvo detrás del atentado del 11M ( cosa que puso en duda ahora, en la entrevista), han servido absolutamente para nada a Ramírez, en cuanto se ha atrevido a elegir otra facción del PP, distinta a la que ahora gobierna este país y que no entiende de lealtades.
Solo, al menos en apariencia, frente a la maquinaria del poder, la conveniencia de guardar silencio parece necesaria para que otras fuerzas no decidan que debe ser condenado a un ostracismo aún mayor que al que ahora le condenan Rajoy y los suyos, claramente indignados por el apoyo demostrado por el periodista, al sector que encabeza Esperanza Aguirre.
Como a todos los que adoptan esta postura, los españoles le pedimos, que hable. No encaja la concepción de periodismo libre que dice defender durante la entrevista, con el inexpugnable silencio que vierte después sobre todos aquellos temas que tienen que ver, probablemente, más con la corrupción que con la política y que todos tenemos derecho, como ciudadanos, a conocer.

  


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