Muchos españoles esperábamos impacientes la entrevista de
Jordi Évole a Pedro J. Ramírez (Salvados, la sexta, el pasado Sábado), con la
esperanza de que el recientemente cesado director de El Mundo, abriera la caja
de los truenos de toda la información que con toda probabilidad, ha ido
acumulando durante sus años de acercamiento al PP, para poner al corriente a la opinión pública
de aquello que guardó en un cajón, a
pesar de saber que podía constituir una
bomba de relojería, para los principios en que han cimentado su
ascensión al poder, precisamente quiénes hoy lo detentan.
Pero como dice el refrán, más sabe el diablo por viejo que
por diablo y la pericia adquirida durante tantos años de oficio, ha debido
enseñar a Ramírez que en determinados asuntos, uno vale más por lo que calla
que por lo que dice.
Enrocado en un falso pundonor y escudándose en un secreto
profesional que nunca resulta imperativo cuando se trata de conversaciones
personales, el ex director ni siquiera se permitió demostrar el innegable
disgusto que ha debido provocarle su fulminante cese y no atacó, más que en
asuntos nimios y sin ninguna importancia, ni a los miembros del gobierno que
todo el mundo intuye como presuntamente culpable de su marcha, ni a ninguno de
los políticos actualmente en ejercicio, ni de un signo, ni de otro, a pesar de reconocer
tácitamente le enorme desilusión que se había llevado con el poder, llegando
incluso a poner en duda si su voto en las próximas elecciones europeas, podría
cambiar radicalmente de signo.
Solo la vieja cruzada personal que mantiene con Felipe González,
afloró, como siempre, dejando claro que sus diferencias a raíz del caso de los
Gal, no han quedado resueltas y
evidenciando que desde entonces hasta hoy, no han dejado de ser enemigos, a
pesar del acercamiento que Padro J. protagonizó después con Zapatero, según él,
siempre en contra de la opinión del otro ex Presidente Socialista.
De nada sirvió la mordacidad natural de Évole, al que la enorme experiencia del ex director de El
Mundo, le hizo parecer en todo momento, un principiante asustado ante el elemento
de poder que tenía enfrente y que no le dejó oportunidad de abrir ni un pequeño
resquicio por el que entrar en las profundidades oscuras del ambiente en que se
ha movido el periodista, durante sus años de apoyo a los conservadores.
Saber y callar, es la baza que guarda celosamente Pedro J.
debajo de su manga, seguramente a la espera del momento oportuno para negociar
el destino de toda la información comprometida que posee, en la esperanza de
poder volver a trabajar en cualquier otro medio, cuestión que no tiene fácil,
al haberse implicado tanto con una determinada ideología, que ahora le ha
dejado, en el más absoluto abandono.
Ni las partidas de
padle con Áznar,ni sostener durante tantísimo tiempo la teoría de que ETA
estuvo detrás del atentado del 11M ( cosa que puso en duda ahora, en la
entrevista), han servido absolutamente para nada a Ramírez, en cuanto se ha
atrevido a elegir otra facción del PP, distinta a la que ahora gobierna este
país y que no entiende de lealtades.
Solo, al menos en apariencia, frente a la maquinaria del
poder, la conveniencia de guardar silencio parece necesaria para que otras
fuerzas no decidan que debe ser condenado a un ostracismo aún mayor que al que
ahora le condenan Rajoy y los suyos, claramente indignados por el apoyo demostrado
por el periodista, al sector que encabeza Esperanza Aguirre.
Como a todos los que adoptan esta postura, los españoles le
pedimos, que hable. No encaja la concepción de periodismo libre que dice
defender durante la entrevista, con el inexpugnable silencio que vierte después
sobre todos aquellos temas que tienen que ver, probablemente, más con la
corrupción que con la política y que todos tenemos derecho, como ciudadanos, a
conocer.

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