Se paraliza la vida política del País con la muerte del
Presidente Suárez y los actos de sus honras fúnebres acaparan todos los
espacios informativos de todas las televisiones, ofreciéndonos imágenes tan
poco habituales como la de los ex Presidentes González, Aznar y Zapatero compartiendo un espacio común,
olvidando ante un acontecimiento como éste, aunque sea por un solo momento, sus
diferencias ideológicas, para rendir homenaje a quién fuera el padre de la transición
española.
Miles de ciudadanos ofreciendo su último adiós al político
son la demostración de que la memoria de los españoles, aunque frágil, es capaz
de guardar el recuerdo de quienes les gobernaron, respondiendo en su justa
medida a lo que merecieron, incluso después de muchos años.
También los políticos de todas las formaciones, incluido el
nacionalista Mas, por ejemplo, parecen haberse puesto de acuerdo, sin que sirva
de precedente, en reconocer la importancia del que se va y presentan sus
respetos a una familia de impecable conducta, que resiste con admirable
entereza el golpe que le acaba de dar la vida, recibiendo con la misma
amabilidad a amigos verdaderos y a otros que nunca lo fueron, pero que
aprovechan con astucia lo mediático del momento.
Choca primordialmente la imagen del ejército custodiando el
féretro en el Congreso, sobre todo si se recuerda la espantosa relación que
caracterizó el periodo en que gobernó Suárez con esta Institución,
afortunadamente totalmente curada de sus ínfulas de golpismo y también la de
todos aquellos que se suben al carro de la información para contar, aunque sea,
un único encuentro con el entonces Presidente.
Y aunque la vida sigue y los problemas que nos acucian
continúan siendo igual de graves que anteayer, todo parece haberse detenido
momentáneamente para honrar la memoria de un político, cosa que parece
increíble en los tiempos que corren, dado el enorme desprestigio que sufre hoy
esta profesión, a causa de los gravísimos errores cometidos por una gran
mayoría de quienes la practican.
No hay como abandonar la vida para que te conviertan en santo y aunque el mérito de Adolfo Suárez, ya
lo decíamos ayer, es innegable para todos nosotros, resulta curioso que ni uno
solo de los entrevistados haya hecho alusión en estas horas a los errores que
de seguro cometió y que todos, sin excepción, se hayan limitado a ensalzar su
labor, convirtiéndole cuando ya no está, en el más grande.
Es por esto que los que escribimos, hoy no podemos hablar de
otra cosa y no nos queda más remedio que seguir el hilo de la noticia, aunque
en el fondo, nos preocupa por el ejemplo, la situación de los detenidos en la
manifestación de anteayer y otras muchas cuestiones que no arreglarán, lo
sabemos, los fastos de la despedida de este hombre a quién también nosotros
apreciamos y valoramos.

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