Mientras los líderes del PSOE se embarcan en defender la
inocencia de Chaves y Griñan, tras su procesamiento de ayer, en un intento
desesperado por crear una duda razonable en el electorado,
fundamentalmente en el andaluz, antes de
que se celebren las próximas elecciones, la oposición no desaprovecha el
momento para incidir sobre la gravedad del asunto, sin dar un minuto de respiro
a un Pedro Sánchez, que parece haber sido tocado, en su carrera política, por
una inmensa mala suerte.
Poca o ninguna importancia habían dado hasta ahora los
socialistas, a este gravísimo caso de corrupción de los ERE, creyendo
inocentemente quizá, que nunca llegaría el momento en el que sus dos ex
Presidentes andaluces pudieran ser imputados o confiando en que con el paso del
tiempo y el fuerte liderazgo que Susana Díaz está protagonizando, a nivel
nacional, todo terminaría por diluirse, sin graves consecuencias para ninguno
de los altos cargos, que ahora van a sentarse en el banquillo de los acusados.
Pero el PSOE, que ha ido salvándose milagrosamente de casos
infinitamente graves, como el de Filesa o los Gal y que ha conseguido mantener
inexplicablemente, la lealtad de un buen número de electores, sobre todo en
Andalucía, se encuentra ahora con que se le ha torcido el camino, quizá por la
enorme dureza de los tiempos y no ha sabido gestionar con suficiente firmeza,
la larga estela de ilegalidades que ha ido dejando la gestión de los fondos de
los ERE y que salpica a toda una serie de cargos de titánica importancia en el
Partido, pero además, en un momento en el que parece un hecho que va a ser
superado en las urnas, por el avance imparable de Podemos.
Las cartas, descubiertas sobre la mesa por el empeño de unos
jueces que no han cedido a la multitud de presiones que han recibido, durante
los últimos cinco años, dejan pocas opciones, no solo a Pedro Sánchez, sino
también a Susana Díaz, para modificar un resultado que seguramente se saldará
con una sentencia inculpatoria y abren una brecha, probablemente irreparable, en
la solidez de la imagen de limpieza de que el PSOE presumía, en contraposición
con un PP, corroído por una corrupción de dimensiones mayestáticas.
El procesamiento de Cháves y Griñán, abunda en la idea de que
los Partidos tradicionales han caído irremediablemente en un pozo de indignidad
y que por tanto, no podrían, en ningún caso, liderar desde el poder, ninguno de
los cambios que el país necesita con urgencia, pues habrían primero de ocuparse
en organizar una regeneración interna obligatoria, porque se juegan su
supervivencia.
Todos los rostros que fueron un referente en la política
española de ayer, se están viendo, uno a uno, cuestionados por asuntos
relacionados con la corrupción y aunque ni PP, ni PSOE, hayan reconocido aún
sus evidentes responsabilidades políticas, la crudeza de la verdad, acabará por
imponerse, colocando a todos estos personajes de relevancia, en el lugar que
merecen, fundamentalmente, porque la gravedad de sus acciones no merece perdón
y mucho menos, la confianza para gestionar el país, por parte de los
ciudadanos.
Inexorablemente, la justicia acabará por alcanzarles a todos.
Los jueces, cuya labor se ha puesto en entredicho durante demasiado tiempo, no
pueden perder un minuto en lavar la sórdida imagen de la justicia, que tienen los
españoles y no hay mejor modo de hacerlo, que demostrando con hechos, que todos
somos iguales ante la ley, independientemente de cómo nos llamemos, o de los
cargos que hayamos ocupado.

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