Los españoles estamos tan acostumbrados a que cada vez que
las cosas van mal, a uno de nuestros partidos políticos, se recurra a una
teoría de conspiración que mitigue en cierta medida, los efectos de los propios
fracasos y hemos aprendido a tomarnos con sentido del humor esta suerte de
aciagas alucinaciones que algunos exponen con emoción trascendental, ante los
medios, cayendo en el error de infravalorar la inteligencia de nuestra
sociedad, que ha avanzado prodigiosamente, cuando se trata de interpretar los
mensajes.
Mucho estaban tardando en aparecer, tras el fracaso de las
negociaciones para la investidura, estas acusaciones entre rivales y ha tenido
que ser Albert Rivera, quién seguramente movido por el mal resultado que le
auguran todas las encuestas, se lance al vacío, asegurando que entre PP y
Unidos Podemos, se ha consumado un pacto de no agresión, basándose en lo que
ocurrió la otra noche, en el soporífero Debate.
La idea, lanzada con verdadera seriedad por el líder de
Ciudadanos y que resulta ser para el público en general, prácticamente
inasumible, socava sin embargo las malas relaciones que se vienen dando entre
Rivera e Iglesias en los últimos tiempos y se emite además, sin ofrecer más
pruebas que un supuesto viaje en coche de Irene Montero, en compañía de uno de
los responsables de organizar el debate del PP y en el hecho de que Iglesias no
mencionara a Bárcenas, durante la discusión del Domingo.
Poco o nada, ha tardado Moragas en desmentir tal teoría e
incluso en sentirse ligeramente enojado por la sola sugerencia de que su
Partido hubiera podido mezclarse, en algo, con los populistas de Podemos y ya
suponemos, que menos aún tardará Irene Montero, en ofrecer una explicación
concluyente sobre si ese viaje se realizó, aunque a uno se le ocurre que quizá,
ambos políticos habrían podido coincidir, simplemente, en su itinerario, como
nos podría haber pasado a cualquiera.
Esta inquina que demuestra Rivera por Iglesias, desde que las
encuestas empezaron a confirmar el posible sorpasso, que aunque afecta a su
Socio Sánchez, alejan a la vez a Ciudadanos de un futuro pacto con el PP, da la
impresión de haber transformado para peor al líder catalán, como si no pudiera
soportar, en su fuero interno, que su liderazgo sea desbancado, y de qué
manera, por alguien que ideológicamente nada tiene que ver con sus auténticos
pensamientos.
Porque resulta curioso que Rivera mantuviera una posición de
aparente simpatía, frente al líder de Podemos, mientras duraron los cantos de
sirena que le adulaban los oídos, pronosticando para él, un resultado
infinitamente mejor que el que obtuvo en las últimas elecciones y que después
de haberse dado de bruces con la realidad de lograr sólo cuarenta escaños,
frente a los setenta de Iglesias, dedique ahora todos sus esfuerzos a
desprestigiar del modo que sea, las posiciones del Partido morado, tratando de
convencer a los electores de que su ascenso o su triunfo, sumiría al país, en
un oscuro laberinto.
Y como ya le ha quedado claro en varias ocasiones que nunca
conseguirá vencer a Iglesias por medio del discurso o las propuestas, no le ha
quedado otra salida que recurrir a la manida teoría de la conspiración, que a
veces, le ha funcionado bastante bien a otros, en el pasado más reciente.
En nuestra mano está, creer o no, en las afirmaciones de
Rivera, en este preciso momento, pero indiscutiblemente, pensar que en una
campaña electoral no han de existir barreras que contengan los insultos, las
insinuaciones, la difamación o simplemente, la mala educación en sí misma,
sigue siendo, para cualquier persona medianamente inteligente, simplemente, un
gravísimo error y aún más que eso, cuando se trata de manipular sibilinamente
las conciencias de unos electores que tienen todo el derecho a elegir
libremente, por las razones que fueren, a aquellos en los que desean depositar
su confianza mayoritariamente, aunque muchos, todavía no hayan entendido, que
en eso consiste la esencia de la verdadera democracia.

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