lunes, 27 de junio de 2016

Pactos in extremis


Los resultados electorales, aunque magníficos para el PP, no dejan un escenario claro en el que alguien pueda gobernar  por sí mismo y vuelven a poner a los políticos de este país en la difícil tesitura de tener que lanzarse a dialogar,  para alcanzar cuanto antes, un camino que facilite la investidura de alguno de los candidatos que se postulan, como futuro Presidente de Gobierno.
Se repite una historia similar a la ocurrida el pasado 20 de diciembre, pero con el agravante de que el PP ha conseguido, casi de manera milagrosa y gracias al  voto del miedo, más apoyos que en la pasadas elecciones y tiene, por tanto, más posibilidades de ser él, quién finalmente se alce con la victoria.
Pero para esto necesita convencer en primer lugar a Ciudadanos de que le preste, al precio que sea, su apoyo, cosa que en principio podría resultar fácil, si no fuera porque sus líderes han repetido hasta la saciedad, antes y durante toda la campaña, que no respaldarían al PP, si Rajoy continuaba siendo el aspirante a la presidencia.
Sin embargo, no bastaría para conseguir un triunfo, únicamente con estas expectativas, sino que además habría de darse una de estas dos posibilidades para que Rajoy fuera nombrado Presidente: o el apoyo de un PNV, que sueña con lograr de algún modo la convocatoria de un Referendum sobre la independencia o la abstención de un PSOE, que a pesar de haber mantenido el tipo en la noche de ayer, estaría cavando su propia tumba, si accediera a prestarse a la petición de los populares, como en el fondo desean, algunos barones de la casa.
Porque además, Pedro Sánchez ha ganado claramente el pulso que venía manteniendo con una Susana Díaz, que acaba de sufrir la peor humillación electoral que se ha infringido a ningún Presidente del PSOE en Andalucía y cuyas ínfulas presidencialistas se han visto, por esta causa, repentinamente desinfladas, también a causa de no haberse producido, el temible sorpasso.
Pero las cosas son, como son y abrir otras vías de diálogo, esta vez por la izquierda, todavía presenta una dificultad mayor, pues aunque el PSOE se mostrara dispuesto a aceptar la ayuda que le brinda Unidos Podemos, aún necesitaría del apoyo de los nacionalistas vascos y catalanes, para que Sánchez consiguiera la Presidencia.
Visto así, el panorama que se abre ante nuestros ojos, no puede ser menos esperanzador y sólo se podría lograr un pacto que fuera útil al país, en uno u otro sentido, si se hacen concesiones de un calado impensable en cualquier otra ocasión, pero que en ésta, podrían ser consideradas como un sacrificio necesario que facilitara  la posibilidad de tener un gobierno, a la mayor brevedad posible.
Cometer los mismos errores que en el pasado, enrocarse en posiciones inamovibles,  en las que claramente importa más la erótica del poder, que trabajar para conseguir mejorar la calidad de las vidas de los ciudadanos, podría desembocar en la convocatoria de unas terceras elecciones, demostrando una vez más a los electores, la poca valía profesional que tienen nuestros políticos, cuando las situaciones se complican.
La voz del pueblo ha vuelto a exigir, a través de las urnas, que como sea, se llegue a un entendimiento y a veces, en política, también hay que aceptar, con la cabeza alta, que se ha perdido. Asumir los errores y enmendarlos, estar dispuesto a dar un paso atrás cuando uno se equivoca y entender, por encima de todas las cosas, que los políticos están obligados a obedecer los mandatos de la sociedad, puesto que son empleados por ella, ha de ser inexcusablemente, una prioridad.
Quizá por eso, el rumor de la calle, es hoy un  clamor general que pide, a todos los implicados en el asunto, que hagan lo que tengan que hacer, para ponerse de acuerdo.


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