Los resultados electorales, aunque magníficos para el PP, no
dejan un escenario claro en el que alguien pueda gobernar por sí mismo y vuelven a poner a los
políticos de este país en la difícil tesitura de tener que lanzarse a dialogar, para alcanzar cuanto antes, un camino que
facilite la investidura de alguno de los candidatos que se postulan, como
futuro Presidente de Gobierno.
Se repite una historia similar a la ocurrida el pasado 20 de
diciembre, pero con el agravante de que el PP ha conseguido, casi de manera milagrosa
y gracias al voto del miedo, más apoyos
que en la pasadas elecciones y tiene, por tanto, más posibilidades de ser él,
quién finalmente se alce con la victoria.
Pero para esto necesita convencer en primer lugar a
Ciudadanos de que le preste, al precio que sea, su apoyo, cosa que en principio
podría resultar fácil, si no fuera porque sus líderes han repetido hasta la
saciedad, antes y durante toda la campaña, que no respaldarían al PP, si Rajoy
continuaba siendo el aspirante a la presidencia.
Sin embargo, no bastaría para conseguir un triunfo,
únicamente con estas expectativas, sino que además habría de darse una de estas
dos posibilidades para que Rajoy fuera nombrado Presidente: o el apoyo de un
PNV, que sueña con lograr de algún modo la convocatoria de un Referendum sobre
la independencia o la abstención de un PSOE, que a pesar de haber mantenido el
tipo en la noche de ayer, estaría cavando su propia tumba, si accediera a
prestarse a la petición de los populares, como en el fondo desean, algunos
barones de la casa.
Porque además, Pedro Sánchez ha ganado claramente el pulso
que venía manteniendo con una Susana Díaz, que acaba de sufrir la peor
humillación electoral que se ha infringido a ningún Presidente del PSOE en Andalucía
y cuyas ínfulas presidencialistas se han visto, por esta causa, repentinamente
desinfladas, también a causa de no haberse producido, el temible sorpasso.
Pero las cosas son, como son y abrir otras vías de diálogo,
esta vez por la izquierda, todavía presenta una dificultad mayor, pues aunque
el PSOE se mostrara dispuesto a aceptar la ayuda que le brinda Unidos Podemos,
aún necesitaría del apoyo de los nacionalistas vascos y catalanes, para que
Sánchez consiguiera la Presidencia.
Visto así, el panorama que se abre ante nuestros ojos, no
puede ser menos esperanzador y sólo se podría lograr un pacto que fuera útil al
país, en uno u otro sentido, si se hacen concesiones de un calado impensable en
cualquier otra ocasión, pero que en ésta, podrían ser consideradas como un
sacrificio necesario que facilitara la
posibilidad de tener un gobierno, a la mayor brevedad posible.
Cometer los mismos errores que en el pasado, enrocarse en
posiciones inamovibles, en las que
claramente importa más la erótica del poder, que trabajar para conseguir
mejorar la calidad de las vidas de los ciudadanos, podría desembocar en la
convocatoria de unas terceras elecciones, demostrando una vez más a los
electores, la poca valía profesional que tienen nuestros políticos, cuando las
situaciones se complican.
La voz del pueblo ha vuelto a exigir, a través de las urnas,
que como sea, se llegue a un entendimiento y a veces, en política, también hay
que aceptar, con la cabeza alta, que se ha perdido. Asumir los errores y
enmendarlos, estar dispuesto a dar un paso atrás cuando uno se equivoca y
entender, por encima de todas las cosas, que los políticos están obligados a
obedecer los mandatos de la sociedad, puesto que son empleados por ella, ha de
ser inexcusablemente, una prioridad.
Quizá por eso, el rumor de la calle, es hoy un clamor general que pide, a todos los
implicados en el asunto, que hagan lo que tengan que hacer, para ponerse de
acuerdo.

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