Muy mal debe pensar el
PSOE que le va a ir en las próximas elecciones, cuando decide presentarse a los
mítines de Campaña con toda la artillería, sacando incluso de su retiro a
viejas glorias como Alfonso Guerra y poniéndole a criticar duramente a Podemos,
cuando el enemigo a vencer es, o era, al menos hasta ahora, un Partido
Popular al que se puede y se debe atacar como nunca, si no se quiere
que pueda volver a gobernar, para desgracia de todos los ciudadanos.
Ver a estos personajes, que fueron en su día políticos de
auténtico peso y que tuvieron una importancia incalculable en la evolución que
se generó en el país, los años que siguieron a la transición, dejarse llevar de
aquí para allá, como marionetas y tener que adaptar su discurso, que en el caso
de Guerra siempre fue mordaz y brillante, a la dificultad de los tiempos,
resulta, para los que miramos como meros
espectadores, como mínimo, fuertemente patético y desprestigia, más si cabe, la
imagen que guardábamos, de aquel Partido Socialista, solidario y valiente.
Verdad es, que desde que el tándem Guerra-González se rompió,
por razones que todos conocemos, no han vuelto nunca a surgir personas de
parecido carisma, en las filas del socialismo y que aquel ideario, que bebía de
las fuentes del marxismo y que defendía los derechos de las clases
trabajadoras, se ha ido desdibujando hasta convertirse en lo que hoy es y que no se parece en nada, ni en el fondo
ni en las formas, a una doctrina por la que miles de personas han luchado
denodadamente, en todo el mundo.
Bastaría tirar de hemeroteca para poder comprobar cuántas
similitudes existen entre los mensajes
que lanzaban los líderes del socialismo, en los años que siguieron a la
dictadura y los que transmiten ahora los principales cargos de Podemos, por lo
que resulta verdaderamente penoso que aquellos en los que entonces creímos, de
todo corazón, hayan podido evolucionar tan desfavorablemente hacia posiciones
tan extremadamente cercanas a la derecha.
Esto, que está sucediendo a nuestro alrededor y que genera
dudas sobre cuáles son las verdaderas intenciones de este PSOE que se mueve en
una ambigüedad extrema, no puede, sino mermar simpatizantes a esta Formación,
que como todos sabemos, ha venido cayendo en picado desde que Zapatero, en su
última etapa, se alineara con las políticas de recortes exigidas por Europa,
sin que desde entonces, nadie haya conseguido que levante cabeza, a tenor de
los resultados que viene obteniendo y que ahora le acercan peligrosamente, a un
tercer puesto inimaginable, hace sólo unos años.
Quizá si las viejas glorias, en lugar de atacar a otros, se
preocuparan de reflexionar sobre cuáles han sido los errores cometidos por el PSOE, a lo largo del tiempo, les
podría quedar claro que cuando se deja de luchar por los demás, cuando uno se
acomoda a los placeres del poder itinerante y a cruzar las puertas giratorias
cuando se retira de la vida política, a que le lleguen periódicamente los
triunfos en las elecciones, simplemente porque las pierden los demás y a
codearse con las élites económicas de las grandes potencias europeas, en lugar
de hacerlo con el pueblo llano, se acaba por perder cualquier atisbo de lo que
fue una identidad y se corre el riesgo de ser confundido con los que desde
siempre fueron los peores enemigos, quizá, por el enorme parecido que existe
entre ambos planteamientos políticos.
Naturalmente, debe agobiar bastante que alguien venga a
enmendarte la plana del modo en que lo intenta, desde su aparición, Podemos,
pero la verdad es que determinados comportamientos, exigen por sí mismos,
respuestas y que las propuestas que hace el Partido morado no deben ser, en el
fondo, tan malas, cuando las apoyan más de cinco millones de electores, que
siguen creciendo.
A día de hoy, poco o nada diferencia al PSOE de Ciudadanos o
el PP y ya les digo yo, que nada de esto puede cambiar porque se suban
precipitadamente a los escenarios de campaña, González o Guerra.
El PSOE, ya lo dijimos hace mucho tiempo, más que una regeneración,
necesita una Revolución en toda regla o
al menos, decidir a la mayor urgencia posible, en qué lado del arco político
quieren estar, aunque habría que rogarles que si se colocan del lado de Rajoy y
Rivera, tuvieran la decencia de retirar de sus siglas la S que les identifica
con una corriente que ya no es la suya y también la O, porque no les queda nada
de obreros.

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