lunes, 20 de junio de 2016

El descaro de la banca


Faltaban por entrar en la Campaña electoral, los principales iconos de nuestra economía y en vista de lo que pronostican las últimas encuestas, publicadas hoy, los grandes bancos se han apresurado a predecir lo que podría pasar, si por un casual vence Podemos, acudiendo, como no podía ser de otra manera, a la manida teoría catastrofista que suele emplear el PP, que tan bien se ha portado con estas entidades, pidiendo un rescate millonario, para su salvación, cuyo montante estamos pagando, todos los españoles.
Las líneas que durante los años del gobierno Rajoy han traspasado los bancos de manera continuada, condenado a miles de familias españolas a ser desahuciadas, por el impago de unas hipotecas absolutamente incompatibles con la falta de empleo, la negación sistemática a conceder créditos a multitud de pequeños y medianos empresarios, que ha potenciado el cierre de infinidad de negocios o el montaje de una de las mayores estafas llevadas a cabo contra sus propios clientes, como es el caso de las Preferentes,  no parecen haber bastado para saciar la avidez que caracteriza a estos fieles servidores de la doctrina del más puro capitalismo y ahora temen, que si alguien se atreve a reclamar un poco de justicia social, puedan ellos salir perjudicados, perdiendo una buena parte de todos esos innumerables privilegios que se les ha permitido conservar, con la quiescencia de quienes ostentaban la mayoría absoluta, en nuestro Parlamento.
Deben pensar los señores banqueros, en su mentalidad de hombres inmensamente ricos, que las tropelías cometidas contra los ciudadanos pueden borrarse de un plumazo, debido a la dependencia real que nos encadena a este tipo de entidades y que las desgracias que han generado, con su intransigencia, en millones de españoles, han sido asumidas y comprendidas, sin dejar una huella indeleble en la psicología de los afectados.
Deben creer, que facilitar la fuga de capitales a los corruptos, apoyar a los fondos buitres en sus ejecuciones, negarse sistemáticamente a los alquileres sociales o mantener la dación en pago, en los casos de desahucio, manipular las cuentas para evitar la bancarrota y la pérdida de los capitales depositados en bancos situados a todo lo largo y ancho de nuestra geografía e imponer sin piedad los designios de su voluntad, sobre las necesidades efectivas de la gente, ha de verse como algo habitual, con lo que forzosamente habremos de convivir durante toda la vida, sin que se nos permita siquiera intentar solventar de manera eficiente, todas estas irregularidades que tanto perjudican al bienestar general, como si el dinero hubiera de estar, forzosamente, por encima de las personas,  con todas las terribles connotaciones, que conlleva la frase.
Claro que Podemos ha de ser necesariamente rechazado por quienes gobiernan en la sombra los destinos de los pueblos y hasta resulta natural que ese rechazo se convierta en miedo y desazón cuando las encuestas auguran que sigue muy de cerca a un Partido Popular, inmensamente deteriorado en su imagen por el aluvión de casos de corrupción que afectan de manera directa a cargos que militan en sus filas, pero el espíritu intervencionista que retrata a la banca cuando se atreve a sugerir a los españoles cuál debe ser su voto en las próximas elecciones y el descaro de amenazar a los ciudadanos, con la única intención de generar en ellos el pánico necesario que les disuada de su intención de voto a las fuerzas de progreso, no puede, sino resultar absolutamente imperdonable y mucho más, cuando viene de parte de aquellos a los que debemos, en gran medida, la grave situación que padecemos.
Merecen pues sus sugerencias, exactamente la misma respuesta que ellos han dado a los ciudadanos, cuando han suplicado inútilmente, una vía de solución para sus problemas financieros, es decir, mirar hacia otro lado, desoír sus consejos, evitar ser influidos anímicamente por sus sugerencias y votar, en plena libertad, por aquella opción que cada cual piense, en conciencia, que pueda ser la mejor, para beneficiar a la mayoría.

Ya les garantizo yo que aunque Podemos llegara a gobernar en España, los bancos no se retirarían del territorio, por la cuenta que les trae y que no les quedaría otro remedio, que adaptarse a las nuevas circunstancias, aunque no les fueran favorables, exactamente igual que lo hemos tenido que hacer nosotros, cuando ellos nos han abandonado, a nuestra triste suerte.

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