Los peores sueños de los líderes de la Unión Europea acaban de
materializarse esta noche, cuando los ciudadanos del Reino Unido han dado un paso
adelante, aprobando con más medio millón de votos de diferencia, un brexit que
venía copando la atención de los medios desde hace tiempo y que podría suponer,
a todos los efectos, el principio de la desintegración de una Comunidad, que ha
tensado la cuerda con las medidas impuestas a sus socios, de tal manera, que
por alguna parte tenía que romperse.
Pero nadie esperaba que esa ruptura la protagonizara un país
que resulta ser, a todos los efectos, un referente histórico en el concepto que
se tiene de Europa y que por su peso en la economía y la política mundiales, se
ha considerado, en muchas ocasiones,como un ejemplo a seguir, por otros muchos
que ahora mismo se están preguntando, si debieran seguir sus pasos.
A punto estuvo Grecia de atreverse, cuando Tsipras llegó al
poder, pero las deudas millonarias que la esclavizaban y el miedo a terminar
perdiendo lo poco que aún le quedaba, paralizó cualquier intento de salida,
aunque puede que haya llegado la ocasión de reconsiderar aquella decisión, que
no ha hecho otra cosa que acarrear a su sociedad, una serie de insoportables
penurias, que empañan peligrosamente todas sus perspectivas de futuro.
Esta puerta que se abre hoy, dejando ante nosotros un
panorama que aún se nos antoja desconocido, pero que demuestra que si se
consultara a los ciudadanos de la Unión y muy fundamentalmente a los de los
países del sur, el resultado del Referendum inglés podría, sin duda alguna,
repetirse, pone en auténticos apuros a todos aquellos que como Merkel, se han
empeñado en defender un sentido ficticio de unidad, que no ha hecho otra cosa
que ahondar en las diferencias entre países de primera y de segunda, haciendo
infinitamente más ricos a los que ya lo eran desde el principio, mientras los
más desfavorecidos, como España, eran, literalmente, asfixiados hasta límites
intolerables, por la dureza de las medidas impuestas.
Así que a nadie extraña que aunque Inglaterra nunca perdiera
su propia moneda y permaneciera en el marco la Unión, de una manera bien distinta al resto
de las naciones que la forman, a sus ciudadanos también les hayan superado los
acontecimientos que se han venido sucediendo a su alrededor, hasta provocarles
el mismo hartazgo que todos nosotros padecemos, pero teniendo al menos, la
oportunidad de opinar, en este Referendum democráticamente convocado, que hoy
aprueba una marcha, que sin duda traerá consecuencias.
Todos esperamos con ansiedad la reacción de la Unión, que por
muy grave que sea, poco o nada puede hacer ya por mantener a Inglaterra en sus
filas y aunque estamos seguros de que se producirá un intento a la desesperada
de convencer a los ingleses de que han cometido un grave error, las cosas
terminarán por volver a su cauce y esta marcha, perjudicará mucho más a la
imagen de unidad de la Comunidad que hasta ahora se tenía, que a quienes se
liberan de su yugo y que acabarán, de seguro, sobreviviendo.
Un atisbo de esperanza, recorre la médula espinal de una
Europa, que a partir de ahora habrá de plantearse cuánto se ha equivocado en su manera de
escribir la historia de estos últimos años y que se empieza a quedar huérfana
de esos mismos socios que se sumaron a la Unidad, con el sueño de conseguir
unas expectativas, que han fracasado estrepitosamente.
La incógnita que se abre para todos nosotros es de dimensiones
inimaginables y creemos sinceramente que este relato, solo ha empezado a
escribirse.
Ahora es el momento preciso de renegociarlo todo, porque esta
noche se ha demostrado, que es posible escapar de esta pesadilla, sin que el
mundo se derrumbe a nuestro alrededor, como decían los agoreros.

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