jueves, 23 de junio de 2016

Goodbye, England


Los peores sueños de los líderes de la Unión Europea acaban de materializarse esta noche, cuando los ciudadanos del Reino Unido han dado un paso adelante, aprobando con más medio millón de votos de diferencia, un brexit que venía copando la atención de los medios desde hace tiempo y que podría suponer, a todos los efectos, el principio de la desintegración de una Comunidad, que ha tensado la cuerda con las medidas impuestas a sus socios, de tal manera, que por alguna parte tenía que romperse.
Pero nadie esperaba que esa ruptura la protagonizara un país que resulta ser, a todos los efectos, un referente histórico en el concepto que se tiene de Europa y que por su peso en la economía y la política mundiales, se ha considerado, en muchas ocasiones,como un ejemplo a seguir, por otros muchos que ahora mismo se están preguntando, si debieran seguir sus pasos.
A punto estuvo Grecia de atreverse, cuando Tsipras llegó al poder, pero las deudas millonarias que la esclavizaban y el miedo a terminar perdiendo lo poco que aún le quedaba, paralizó cualquier intento de salida, aunque puede que haya llegado la ocasión de reconsiderar aquella decisión, que no ha hecho otra cosa que acarrear a su sociedad, una serie de insoportables penurias, que empañan peligrosamente todas sus perspectivas de futuro.
Esta puerta que se abre hoy, dejando ante nosotros un panorama que aún se nos antoja desconocido, pero que demuestra que si se consultara a los ciudadanos de la Unión y muy fundamentalmente a los de los países del sur, el resultado del Referendum inglés podría, sin duda alguna, repetirse, pone en auténticos apuros a todos aquellos que como Merkel, se han empeñado en defender un sentido ficticio de unidad, que no ha hecho otra cosa que ahondar en las diferencias entre países de primera y de segunda, haciendo infinitamente más ricos a los que ya lo eran desde el principio, mientras los más desfavorecidos, como España, eran, literalmente, asfixiados hasta límites intolerables, por la dureza de las medidas impuestas.
Así que a nadie extraña que aunque Inglaterra nunca perdiera su propia moneda y permaneciera en el marco  la Unión, de una manera bien distinta al resto de las naciones que la forman, a sus ciudadanos también les hayan superado los acontecimientos que se han venido sucediendo a su alrededor, hasta provocarles el mismo hartazgo que todos nosotros padecemos, pero teniendo al menos, la oportunidad de opinar, en este Referendum democráticamente convocado, que hoy aprueba una marcha, que sin duda traerá consecuencias.
Todos esperamos con ansiedad la reacción de la Unión, que por muy grave que sea, poco o nada puede hacer ya por mantener a Inglaterra en sus filas y aunque estamos seguros de que se producirá un intento a la desesperada de convencer a los ingleses de que han cometido un grave error, las cosas terminarán por volver a su cauce y esta marcha, perjudicará mucho más a la imagen de unidad de la Comunidad que hasta ahora se tenía, que a quienes se liberan de su yugo y que acabarán, de seguro, sobreviviendo.
Un atisbo de esperanza, recorre la médula espinal de una Europa, que a partir de ahora habrá de plantearse  cuánto se ha equivocado en su manera de escribir la historia de estos últimos años y que se empieza a quedar huérfana de esos mismos socios que se sumaron a la Unidad, con el sueño de conseguir unas expectativas, que han fracasado estrepitosamente.
La incógnita que se abre para todos nosotros es de dimensiones inimaginables y creemos sinceramente que este relato, solo ha empezado a escribirse.
Ahora es el momento preciso de renegociarlo todo, porque esta noche se ha demostrado, que es posible escapar de esta pesadilla, sin que el mundo se derrumbe a nuestro alrededor, como decían los agoreros.




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