domingo, 12 de junio de 2016

Abducidos


Los Países se paralizan por el comienzo de la Copa de Europa de Fútbol y una ola de violencia recorre las calles de Marsella, donde se producen graves  enfrentamientos entre aficionadoss, protagonizadas por auténticos radicales inmersos en su propia ineptitud para generar otra cosa que no sea violencia.
Ya hemos hablado muchas veces del negocio del fútbol, que consigue adormecer a las masas como una droga dura destructora de las conciencias y que a pesar de generar jugosos beneficios económicos, despilfarra, con lo que se mueve a su alrededor, una buena parte de los recursos públicos, pues es imprescindible una estrecha vigilancia policial, para que los energúmenos no se desmanden, dando rienda suelta a sus más oscuros deseos.
Francia, la anfitriona, que actualmente atraviesa un momento social de dificultad extrema, a causa de la Reforma Laboral que Hollande pretende aprobar y que se parece ostensiblemente a la que nos impuso Rajoy, al principio de su mandato, se hace sin embargo, un poco más tolerante con el problema, para colocarse enfrente del televisor, a la hora en que se juegan los partidos y muy fundamentalmente, cuando es su Selección la que protagoniza los eventos.
Como era de esperar, España no es la excepción que confirma la regla y se podría afirmar, sin temor a equivocarse, que el lunes habrá muchísimos más espectadores cuando nos toque jugar, que durante el Debate entre los cuatro candidatos a Presidente del Gobierno, que ofrecerán muchas Cadenas, esa misma noche.
Los líderes, continúan de ciudad en ciudad, ofreciendo su mejor cara a quienes quieren acudir a escucharles y como siempre que estamos en Campaña electoral, ofertando una serie de promesas que después se verá si se pueden cumplir, cuando uno de ellos llegue al poder y se tope de bruces, con la herencia que deja Mariano Rajoy y que no puede ser nada buena.
Con la celebración de la Copa, es probable que muchos de esos indecisos a los que va dirigida especialmente esta Campaña, ni siquiera se dignen a reparar en lo que les cuentan los cuatro candidatos principales y que sus votos, de los que dependen categóricamente que los resultados se decanten hacia uno u otro lado, vayan finalmente hacia cualquiera o simplemente, se pierdan en el pozo sin fondo de la abstención, por falta de la información suficiente que se requiere para acudir a las urnas, con cierto convencimiento.
Pero nada puede competir con el balompié, ni con la capacidad de convocatoria que este negocio tiene y el cansancio de tener que repetir las Elecciones, por falta de acuerdos, desmotiva bastante a los que en el fondo piensan que la política no se hace para ellos, a pesar de que gobierna, les guste o no, sus vidas.
Así que aún sabiendo que el fútbol no resolverá sus desgracias ni ayudará, ni siquiera mínimamente, a mitigar la crudeza de sus problemas, el abstraerse de la realidad, aunque sea durante un par de horas y el hecho de poder sacar el monstruo dormido que todos llevamos dentro, en el campo o ante la pantalla de la televisión, sin censuras ni represiones, se convierte en un impagable placer, que no puede compararse al que proporciona estudiar las posibilidades que ofrecen los candidatos, sobre cualquier tema que nos recuerde nuestra espantosa realidad, de la que cada cual huye, como puede.
A partir del día veintiséis, algunos, probablemente lamenten no haber  pensado mejor a quién votaron y los resultados de los Comicios, harán que todo vuelva a empezar a girar, en una u otra dirección, según quién logre, al fin, presidir el futuro Gobierno.
Para entonces, la Copa de Europa será ya, un recuerdo y el nuevo Presidente, alguien cuya manera de actuar tendremos que soportar durante los próximos cuatro años, con sus luces y sus sombras, como ocurre siempre.




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