Por segunda vez, Jordi Évole reúne en su programa a Pablo
Iglesias y Albert Rivera, en el que podría considerarse como el primer debate
serio de la Campaña electoral, entre los principales líderes de los Partidos de
nuevo cuño.
El enfrentamiento, al que faltó una gran parte de la frescura
que caracterizó al primer encuentro ,mostró a los espectadores lo mucho que han
servido estos cuatro meses de impass político, que ha curtido a estos dos
recién llegados al Parlamento de la nación, añadiendo a sus respectivas
personalidades, la astucia necesaria para bregar en el ring, estudiando
previamente los puntos débiles del adversario y también, para preparar
milimétricamente, el alcance posterior, de cada una de sus respuestas.
La imparable verborrea de Rivera no pudo, esta vez, hacer
callar al líder de Podemos, que escarmentado por las pocas oportunidades que le
dejó su adversario en el debate anterior, se atrevió a continuar hablando, a
pesar de ser interrumpido de manera permanente por el cabeza de Ciudadanos,
dejando para otra ocasión, la educación exquisita que en estos asuntos, le
caracteriza.
La dureza de un argumentario perfectamente planificado para
atacar, confirió al encuentro un interés añadido, fundamentalmente cuando se
trataron los múltiples tópicos que circulan por las redes y también por algunos
sectores de la prensa, aunque eso costara que quedaran en el tintero, muchos
asuntos de cierta gravedad que acontecen a diario en el país y que para
algunos, parecen no tener importancia, cuando se comparan con lo que está
ocurriendo en Venezuela.
Un Pablo iglesias, como siempre sereno, escuchó impávido las
acusaciones reiteradas que le lanzaba un oponente sudoroso, que presumió, quizá
indebidamente, de haber abrazado a los venezolanos y a los refugiados, como si
las muestras de cariño fueran la única solución que es capaz de ofrecer, para
los conflictos que se dirimen en estos escenarios esperpénticos, mientras
Iglesias, a la par que le acusaba de demagogo, intentaba, casi siempre infructuosamente,
reconducir la conversación hacia el ámbito de los problemas nacionales, que son
en realidad, los que deben preocupar a los ciudadanos, a punto de acudir a las
urnas.
Hubo, por ambas partes, insultos velados, sin llegar a
faltarse gravemente y eso sí, quedaron meridianamente claras, las enormes
diferencias que separan a ambas Formaciones, en sus planteamientos, aunque
haciendo honor a la verdad, estuvo Pablo Iglesias mucho más conciliador y
convincente que Rivera, quien continuamente trató de eludir responder a las
preguntas concretas que se le hacían, por ejemplo, sobre los días
correspondientes a los despidos o la atención generalizada en la Seguridad Social,
a los sin papeles.
Tampoco convenció el líder de Ciudadanos, cuando trató de criminalizar a Podemos por la falta
de acuerdo para formar gobierno, pues los espectadores pudieron advertir con
total nitidez, que lo que se había pretendido en las reuniones celebradas tras
el veinte de Diciembre, era que Iglesias firmara un folio en blanco, a favor de
PSOE y Ciudadanos, a pesar de haber obtenido un número de votos muy similar, al
de los socialistas.
Mucha más congruencia demostró Iglesias, que fiel a sus
postulados de siempre, volvió, por enésima vez a defender los postulados de su
programa y que supo zafarse de las pretensiones fallidas de su oponente, de que
se declarara abiertamente comunista, como si serlo fuera, a día de hoy, un
pecado imperdonable, para un político de cierta solvencia.
Magnífico, como siempre Évole, que esta vez se empeñó en repartir
con mucha más ecuanimidad los tiempos de intervención y que ahondó, donde tuvo
que ahondar, sin perder la compostura que le caracteriza, a pesar de ser uno de
los periodistas más caústicos, de cuantos ejercen el oficio, en la actualidad.
El éxito del debate, garantizado desde varios días antes de
celebrarse, fue indiscutible y permitió a Iglesias sacarse la espina de su
intervención en el anterior, en el que todos le vimos apabullado por el
discurso torrencial de un Rivera, al que a fuerza de conocer, pudo frenar con
cierta facilidad y sobre todo, con la contundencia de los argumentos.
Las críticas que hemos visto esta mañana, por parte de otros
Partidos, no han lugar. Ninguno de ellos quiso estar allí y por tanto, harían
bien en no criticar desde fuera, lo que bien podrían haber enmendado, de no
haber declinado acudir a estos encuentros.

No hay comentarios:
Publicar un comentario