domingo, 19 de junio de 2016

Apelando a las vísceras


Si no fuera porque el corazón de los ciudadanos de este país se ha endurecido como una roca, a causa de las vicisitudes que hemos tenido que soportar durante estos últimos cuatro años y medio de gobierno, todos caeríamos rendidos a los pies de­ alguno de los candidatos a Presidente que se suben a las tribunas estos días, deseando despertar casi siempre un sentimiento de compasión, en quiénes les oyen, en un intento desesperado por conseguir el próximo domingo, el mayor número posible de votos.
 Pero a fuerza de poner todas las esperanzas en quiénes no las merecen, de apostar y perder, por quiénes han venido representando al bipartidismo, de ser sometidos a multitud de vejaciones, de las que probablemente no nos recuperemos jamás y de que haya quedado claro que resulta imposible alcanzar aquellos acuerdos que hubieran permitido realizar los cambios que deseaban las mayorías, el pueblo español, ha comprendido meridianamente los errores que ha cometido y no puede, ni debe, tropezar otra vez en la misma piedra, permitiendo que lleguen al poder, los mismos que fueron causantes de sus desgracias, ni algún otro, que por su actitud y su discurso, parece orientado a seguir los pasos de los que le antecedieron, aprovechando todas las ocasiones que se le presentan, para dinamitar cualquier atisbo de esperanza que pueda surgir, para que las cosas puedan transformarse de la manera que a los españoles nos conviene.
No vale ya, acudir al catastrofismo que auguran los que temen quedar relegados a una posición, casi testimonial, en el Parlamento, ni las presunciones ostentosas de los que habiendo gobernado hasta ahora, no han hecho otra cosa que aplicar políticas que lesionaron nuestras vidas, hasta extremos inaceptables, ni las promesas de un cambio, cuando el programa que se lleva, coincide plenamente con la ideología liberal, que reina desde hace unos años en Europa, y menos aún, cuando se está, desde el principio, a favor de una gran coalición con aquellos Partidos en cuyas filas militaron un elevado número de corruptos y que nada han hecho siquiera por haber limpiado sus siglas, con alguna que otra dimisión imprescindible, para ofrecer una imagen real de limpieza.
No sirven, las alusiones a determinado país iberoamericano, ni a la situación actual que padece, ni la comparación con una Grecia, que fue la primera en atreverse a plantar cara a la tiranía europea y que tuvo la mala suerte de estar sola, frente al gigante capitalista, sin otra protección que su propia ilusión por escapar, de las garras que  la oprimían.
Es inútil, intentar hacernos caer, otra vez, en los brazos de un espejismo, hábilmente reflejado en forma de múltiples promesas, que luego, como por arte de magia, se desvanecerán ante nuestros ojos, en cuanto se haya logrado alcanzar el poder, dejándonos atrapados sin solución, en una nueva e insoportable rutina, ignorando olímpicamente nuestra opinión, pues en cuanto terminan los periodos electorales, ya sabemos por experiencia, que las palabras se las lleva el viento e incurre en un gravísimo error, todo aquel que pueda pensar, a estas alturas, que los pueblos no son, más que una masa, a la que se puede manipular, atrayéndola primero y despreciándola después, ignorando que es su voluntad, y no otra, la que forma y tira gobiernos.
Así que llegados a este punto, resulta imposible para nadie, hacernos flaquear en nuestras propias convicciones y ya no queda otra, que atenerse a lo que finalmente dicte nuestro mandato soberano, a través de las urnas, el próximo día veintiséis.
Y aunque sólo sea por hacer una demostración de que a pesar de todo lo vivido, continuamos a duras penas, siendo libres, debiéramos votar, más que por lo que estamos oyendo estos días, por  deducción y fundamentalmente, pensando en dónde estaba cada Partido, mientras sufríamos la extrema dureza de esta maldita crisis, que en muchos casos, ha hecho que despertemos del letargo que padecíamos y que hayamos aprendido a reclamar, con toda la contundencia posible, nuestro sitio en el mundo, pero sobre todo, el derecho a tener dignidad.


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