lunes, 1 de junio de 2015

Las cifras invisibles


El vuelco que ha dado el rumbo de la política española no consigue, de momento, frenar los asuntos de corrupción y los ciudadanos continuamos levantándonos todos los días con noticias de nuevas detenciones, por lo que casi nos parece un milagro haber podido sobrevivir en la crisis, habiendo como hay tantos políticos dedicados al saqueo permanente de las arcas públicas.
Todas las explicaciones que nos han venido ofreciendo los Partidos tradicionales sobre las causas que provocaron la crisis empiezan a parecernos meras excusas que nada tienen que ver con la realidad de nuestra ruina, teniendo en cuenta que nadie analiza en profundidad las exorbitantes cifras que se han movido desde hace años en estos casos de corrupción y hasta nos suenan a mentiras premeditadas las razones que se nos dieron desde el principio para acabar paulatinamente con nuestro estado de bienestar, pues ni siquiera los medios se atreven a calcular la cifra exacta del dinero público que se han apropiado los corruptos, seguramente porque provocarían un estallido social de incalculables consecuencias.
Se tiene incluso, la desvergüenza de acusar a los españoles de haber vivido por encima de sus posibilidades, culpabilizándoles abiertamente del derrumbe de la economía, pero nadie mira, ni corrige, ni afea la vergonzosa labor delictiva llevada a cabo reiteradamente por un sinfín de cargos pertenecientes a los Partidos más importantes, como si fuera un mal menor apropiarse de los fondos públicos y todos estuviéramos de acuerdo en que los políticos que elegimos se enriquezcan de esta manera, privándonos a los demás de multitud de servicios comunes, imprescindibles para la supervivencia, que ahora o han desaparecido, o han degenerado hasta tal punto, que suponen un rosario de penalidades para quienes necesitan usarlos.
Tampoco la justicia ha resultado ser todo lo contundente que debiera, al juzgar ciertos casos de corrupción, ya que aquellos en los que se ha llegado hasta el fondo de la cuestión, sin importar la procedencia de los imputados, podrían contarse con los dedos de la mano, relegando a un segundo plano el verdadero meollo de la cuestión, que no es otro que una multitud de asuntos sucios que han venido sucediendo en un número incalculable de Instituciones y que son apenas mencionados en las páginas de la prensa.
Resulta curioso que tras conocerse los efectos electorales, se esté dando una destrucción masiva de documentos en los Ayuntamientos y uno no puede por menos que preguntarse qué se trata tan aceleradamente de ocultar a los que ahora ocuparán los cargos de los que otros cesan.
¿Cuánta podredumbre queda por descubrir? ¿Hasta dónde llega este desfalco generalizado que han venido obrando estos delincuentes de chaqueta y corbata, pero de corazón negro? ¿Cuánto dinero han robado entre todos a este sufrido pueblo español, al que han condenado a una pobreza de la que no resultará fácil salir? ¿Cuánto tendremos que esperar para que paguen penal y crematísticamente, la magnitud de sus sucios delitos?
Uno confía en que la savia nueva de los Partidos recién llegados, enfoque este gravísimo problema con otras perspectivas y que esa tolerancia que ha sido norma en todos los gobiernos que hasta ahora hemos tenido, se convierta en un azote implacable que persiga y castigue a los ladrones con toda la contundencia de una ley, que habría primero que reformar, para añadirle una elevada dosis de dureza.
Quizá porque al menos lo prometieron en sus programas durante la campaña electoral, han generado en los líderes de los grandes Partidos, toda una marea de terror que no pueden disimular siquiera, delante de los medios. Tienen mucho que temer y a más de uno, además, se le ha terminado para siempre la costumbre de manejar el dinero de todos como si fuera suyo, sin tener que ofrecer explicaciones, por aquello de haber gozado de una amplia mayoría.
Ojalá y seamos capaces de cerrar este negro capítulo de nuestra historia y tengamos derecho, por fin, a ver a nuestros representantes, como parte real de este pueblo.


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