La actitud de los cargos salientes en los Ayuntamientos,
sobre todo las de algunas alcaldesas del PP, da para escribir una crónica y
evidencia que no todos son capaces de asumir la derrota con la suficiente
dignidad, como para dar paso a los que llegan, al menos, con una sonrisa.
Pero el Sábado fue un día muy feliz en la vida de muchísimos
españoles y estos malos gestos no lograron ensombrecer los actos de traspaso de
poderes en los Ayuntamientos, por más que un sector de la prensa muy afín al
Partido Conservador y esos vestigios de población ultraderechista que sólo se
manifiesta en las calles cuando ven peligrar su estatus, se hayan empeñado en
hacernos creer que la nueva etapa que comienza, es para todos, una tragedia.
Qué quieren que les diga? Ver a los nuevos alcaldes mezclados
con la gente de ciudades y pueblos, ofreciendo la vara de mando a la ciudadanía
y renunciando de motu propio a la parafernalia obsoleta de coches oficiales,
modelos de alta costura y ágapes millonarios, representa para los sufridos
españoles una salida a campo abierto, tras los negros años de oscuridad que
hemos sufrido bajo el mandato de un PP, condenado ahora a padecer el castigo por sus errores.
De nada han servido las amenazas, ni las teorías catastrofistas
que vaticinaban los más ultras en todos sus discursos, ni el empeño en difamar
a cualquiera que procediendo de las clases populares, haya decidido ahora hacer
algo por cambiar el sistema. De nada, el miedo que durante meses han insuflado
en vena a los ciudadanos, con comparaciones odiosas que en ningún caso se
producirán en este país, por el mero hecho de que los votos hayan cambiado de
tendencia.
De nada, el triunfalismo denodado esgrimido por Rajoy y los
suyos en cada una de sus apariciones, ni el intento continuado por conservar el
poder al precio que fuera, que han demostrado en los últimos tiempos.
España ha despertado del letargo en que la han sumido las
políticas de recortes y el robo de derechos sociales que nos han regalado
durante cuatro años quienes nos gobiernan y ha decidido volar hacia horizontes
más prometedores, de la mano de nuevos políticos, capaces de infundir ilusión y
que nada tienen que ver con la corriente de corruptelas que ha sacudido el
territorio nacional, mientras el PP ha ejercido su tiránico mandato.
No se puede afirmar que las cosas nos irán mejor, pero es que
peor no podían irnos y cuando ya no queda nada que perder, uno suele consolarse
únicamente con no perder la dignidad y conservar, al menos, una ración generosa
de alegría.
La llegada a los Ayuntamientos de esta savia nueva, sangre de
nuestra sangre, miembros de nuestra clase y tan común, que todos nos
reconocemos en ellos, no puede sino aportar alivio, bienestar y una cierta
estabilidad a todos los que durante estos años terribles no hemos tenido más
que una dosis de exagerada desesperanza.
Ver la luz, respirar la brisa fresca de las mareas humanas que
tanto han luchado, de verdad, por el pueblo, remedia ya el estado psicológico
de una gran parte de la Sociedad y ofrece una esperanza de futuro, que hasta
ayer mismo, no teníamos.
Estos primeros pasos que ahora damos, no pueden sino
conducirnos por un camino infinitamente mejor. Por ello hemos apostado y en
ello confiamos ciegamente.

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