domingo, 28 de junio de 2015

Página en negro


No le están poniendo fácil a Túnez salir del pozo negro del que huyó cuando se convirtió en protagonista de la Revolución de los jazmines, ni alcanzar aquello que soñó cuando hastiada de tiranía, alzó la voz para reclamar esa libertad necesaria por la que luchan todos los pueblos.
No le están permitiendo evolucionar ni construir su propio camino, aún siendo como ha sido ejemplar, en el tránsito necesario para cualquier cambio, por leve que sea, quizá porque no fue la suya una rebelión sustentada en un frente común, sino una alianza provisional de fuerzas de distintos pensamientos, reunidas puntualmente para derribar a un enemigo, pero con ideas diametralmente opuestas de cómo debía ser aquel futuro que ahora se ha convertido en presente.
Ya dijimos entonces que había un enorme riesgo de caer o en una Occidentalización o en un radicalismo islámico y que sería bueno para los países implicados en aquella revolución mantener por encima de todas las cosas una identidad propia, capaz de rechazar desde el principio la influencia de los unos y los otros.
Los atentados ocurridos en Túnez, corroboran nuestros temores de entonces y colocan a esta nación, que empezaba a emerger de las tinieblas, en una cuerda floja de la que podría caer en cualquier momento, sin haber conseguido el objetivo de ser libre para tomar las riendas de su propio destino.
La sinrazón acaba tiñendo de sangre los sueños y ha de ser la cordura, la templanza y la cooperación desinteresada de los demás, las que ayuden a mantener un equilibrio que de perderse, podría representar un grave retroceso en las aspiraciones de unos ciudadanos, que nada tienen que ver en su mayoría, con la lucha de intereses que mantienen Oriente y Occidente, de manera cuasi sempiterna.
Lo peor, es que los inocentes  pierden la vida en estos atentados cruentos, en todas las ocasiones sin formar parte de los conflictos generados en las esferas del poder, siempre por diferencias ancestrales que los hombres no han sido aún capaces de superar y que suelen ocultar asuntos relacionados con el dinero.
Estas víctimas, de las que tanto sabemos los españoles , a raíz de aquel 11 de marzo de infausto recuerdo y que pueden incluso ser consideradas como enemigos por los que han hecho del terror la razón de sus vidas, no eran, sin embargo, más que gente de a pie, con toda probabilidad tolerante con los credos y las tendencias, insignificante para los que manejan el poder, aunque, azarosamente colocadas en uno de los lados del conflicto, pero cuya pérdida constituye, eso sí, la excusa perfecta para que las hostilidades se enquisten y  se amplíen las distancias entre dos mundos que podrían, no obstante, convivir en paz, cada uno, con sus diferencias.
Las páginas negras que se escriben en la historia sin otro argumento que el enaltecimiento de cualquier tipo de violencia, no son, sino una muestra descarnada del terrible fracaso de los hombres, por muchos siglos que hayan pasado y por muchos avances que, supuestamente, se hayan hecho para mejorar nuestra existencia.

El dolor, necesariamente, llama al dolor y nada puede hacerse para evitarlo, si no hay voluntad de solucionar pacíficamente los problemas, por medio del mutuo respeto. 

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